Fortaleza adentro y pragmatismo afuera
Rolando Figueroa exhibió en Tucumán los hilos de su estrategia: mantener una relación institucional y madura con la Casa Rosada sin resignar las bases de un modelo provincial donde el Estado conserva un papel central en el desarrollo económico y social. La discusión de fondo ya no pasa por posicionarse a favor o en contra del Estado. El verdadero debate que plantea la realidad neuquina es qué funciones necesita la Argentina federal y quién debe hacerse cargo de financiar las obras esenciales. A contramano del retiro de fondos que impulsa Javier Milei, la Provincia absorbe obras y servicios sosteniéndose en la renta de Vaca Muerta. El pragmatismo político como herramienta clave para defender la autonomía regional sin romper puentes.
La fotografía del 9 de Julio en Tucumán dijo mucho más de lo que mostraba en la superficie.
Entre los trece gobernadores que acompañaron al presidente Javier Milei estuvo el mandatario neuquino, Rolando Figueroa, escoltado a pocos metros por el intendente Mariano Gaido. Ninguno de los dos comparte el ideario libertario sobre el achicamiento del Estado, pero tampoco eligieron transformarse en opositores permanentes de la gestión central. La política, después de todo, suele ser mucho menos dogmática que los discursos de campaña.
El Presidente insiste en que su misión principal consiste en reducir al mínimo la intervención estatal. Su diagnóstico es conocido por todos: durante décadas el Estado se convirtió en un fin en sí mismo y dejó de servir de manera eficiente a los ciudadanos. Esa es la matriz conceptual y doctrinaria desde la que ordena el rumbo de su gestión económica.
El modelo neuquino a contramano de la Nación
Neuquén, en cambio, parece recorrer decididamente el camino inverso al que propone el gobierno nacional. Mientras la Nación se retira de determinadas funciones esenciales, la Provincia las incorpora bajo su órbita de acción. Figueroa sostiene que su administración debió hacerse cargo de unas quinientas obras públicas que antes financiaba el Estado nacional.
Bajo esta premisa, la provincia mantiene la gestión de sus empresas públicas y preserva con firmeza las funciones sociales y económicas. Al mismo tiempo, utiliza parte de la renta petrolera para negociar infraestructura, capacitación, becas y servicios con las compañías que operan en Vaca Muerta. La electrificación del paraje Los Chihuidos mediante energía solar sintetiza a la perfección esa lógica de gestión.
En pleno corazón de la principal formación hidrocarburífera del país existía una comunidad rural sin electricidad. La solución definitiva a este histórico problema no llegó únicamente por las leyes del mercado ni por fondos enviados desde la Nación. El avance se concretó gracias a una articulación estratégica entre el Estado provincial y el sector privado.
Negociación en lugar de confrontación judicial
El intendente capitalino, Mariano Gaido, comparte plenamente esta misma lectura política y social. Reclama que el Gobierno nacional dejó miles de millones de pesos en obras sin pagar en la capital neuquina, aunque evita conscientemente judicializar el conflicto. También promete eliminar la polémica tasa vial cuando la Nación restituya plenamente los recursos provenientes del impuesto a los combustibles.
Para los líderes locales, la confrontación directa no parece ser el camino elegido; la negociación constructiva, sí. Esta posición dialoguista podría interpretarse superficialmente como una contradicción interna, pero no necesariamente reviste ese carácter. De hecho, encuentra un sólido respaldo en una discusión mucho más profunda sobre el verdadero federalismo argentino.
Hace más de veinte años, los investigadores de la CEPAL, Oscar Cetrángolo y Juan Pablo Jiménez, advertían que el problema macro del país no podía reducirse a redactar una nueva ley de coparticipación. En un trabajo académico sostuvieron que la Argentina necesitaba construir un “federalismo flexible”. Se trata de un esquema capaz de adaptarse a las realidades provinciales, coordinar responsabilidades de gobierno y preservar un papel activo del Estado nacional allí donde resulte indispensable.
El pragmatismo político de Vaca Muerta
La compleja actualidad económica parece darles la razón a aquellos analistas de la CEPAL. Neuquén cuestiona con firmeza una distribución federal de recursos que considera abiertamente desfavorable para sus intereses. La provincia argumenta que las regalías nunca compensaron completamente una coparticipación históricamente baja. Además, recuerda que tributos centrales de una provincia exportadora —como las retenciones al petróleo, el impuesto al cheque o el gravamen a los combustibles— permanecen fuera del reparto federal.
Sin embargo, Figueroa evita con cuidado convertir esa discusión estructural en una batalla política abierta con la Casa Rosada. El gobernador necesita imperiosamente mantener una buena relación con el gobierno central, que controla buena parte de las decisiones regulatorias y económicas que condicionan el desarrollo diario de Vaca Muerta. Esa necesaria dosis de pragmatismo explica por qué puede asistir al acto patrio de Milei y, al mismo tiempo, defender un modelo provincial con fuerte presencia estatal.
Quizá la gran discusión argentina ya no consista en elegir dogmáticamente entre más Estado o menos Estado. La verdadera pregunta que exige respuesta es otra: qué funciones debe asumir cada nivel de gobierno para que el federalismo deje de ser un reclamo permanente y se convierta en una política real de desarrollo. En esa encrucijada, Neuquén parece haber encontrado un camino propio, aunque todavía deba convencer al resto del país de que producir más también debería significar participar mejor de los recursos que esa producción genera.
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