Inicio del proceso independentista
Un nuevo mes de mayo nos trae el recuerdo de aquellos sucesos vividos en 1810 en la ciudad de Santa María de los Buenos Ayres: no solo se instauró la Primera Junta de Gobierno Patrio, sino que también, tal como lo indico en el titulado, fue el comienzo del proceso que desembocó en la declaración de nuestra Independencia Nacional, anhelo recién concretado en julio de 1816 en el seno del cónclave reunido en la ciudad de San Miguel de Tucumán. Veamos
El arribo de la Fragata John Parish al puerto de Montevideo marcó un antes y un después en el devenir del Virreynato del Río de la Plata, ya que las alarmantes noticias referidas a la grave situación política de la corona española en la península ibérica que la nave traía y que fueron publicitadas a las gentes de estas tierras por parte del Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros en su proclama del 18 de mayo no solamente dió comienzo a la sucesión de hechos conocidos como la histórica “Semana de Mayo” en la ciudad del puerto, sino que catalizó también la decisión del bando criollo de asumir la dirección de su destino político en forma autónoma, mas conservando el poder en favor del cautivo monarca Fernando VII, tal como ello bien surge del Acta Final del Cabildo del 25 de mayo de 1810 -en la cual se puntualizan los principios políticos de esa gesta- y otros documentos contemporáneos en su consonancia.
Fue así que esa chispa revolucionaria que eclosionara en aquél entonces fue el comienzo del arduo proceso que desembocó en la proclama de nuestra ansiada Independencia Nacional.
De ahí que entendemos que entre ambos procesos: el de instauración del Primer Gobierno Patrio en la ciudad capital del territorio y el que desembocó en la declaración del 9 de julio de 1816 en la ciudad norteña, existe un solo bloque histórico, íntegro, de manera que ninguno de los hechos y de los instrumentos institucionales, producidos o generados en el referido período, pueden ser ponderados o analizados fuera de ese contexto, ni despreciada la interrelación que emerge de esa trama, apresurándome a exaltar la calidad, cantidad y riqueza de los hechos y documentos advertidos en su curso.
Es por ello que, cuando años atrás rememorábamos sus respectivos bicentenarios, éramos contestes en afirmar -insistíamos en ello- que en realidad se trataba de un solo bloque con extremos temporales en aquellos ambos sucesos de nuestra Historia Patria, cuestión que en este ensayo reafirmamos.
Que todo ello forme parte de nuestro recuerdo y de nuestra respetuosa memoria.
*Miembro de número de la junta de estudios históricos del Neuquén. Presidente del Centro de Estudios Constitucionales del Comahue