Refundar la identidad: el desafío de la Carta Orgánica en Bariloche

La reforma representa la oportunidad real para los vecinos de Bariloche de diseñar una ciudad más allá de los ciclos electorales.

Por Osvaldo Nemirovsci*

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La reforma de la Carta Orgánica Municipal no es un trámite administrativo, ni un tecnicismo jurídico; es el acto más profundo que puede emprender una comunidad. Representa la oportunidad real de los vecinos de Bariloche para derrotar improvisaciones y diseñar una ciudad que mire más allá de los ciclos electorales, proyectándose al menos treinta o cuarenta años para adelante

La Carta Orgánica es el bastión de la autonomía. Es el pacto que define quiénes somos y que queremos ser. Han pasado dos décadas desde su sanción y el mundo ha cambiado. Las transformaciones culturales, tecnológicas y económicas han reconfigurado valores, conductas y desafíos cotidianos. La brecha digital, la nueva logística urbana, la seguridad basada en prevención y, sobre todo, la protección del entorno natural como derecho humano exigen una institución municipal moderna. Nuestras montañas, lagos y bosques ya no son mero paisaje: son patrimonio irrenunciable que debe protegerse frente a cualquier forma de depredación.

El núcleo de esta reforma debe fortalecer la planificación urbana estratégica. Donde la norma se flexiona a conveniencia, el vecino siempre pierde.

La Carta debe ser el escudo que impida que nuestra identidad paisajística sea sacrificada en el altar de cualquier tipo de especulación.

Dos extremos peligrosos


Es imprescindible evitar dos extremos igualmente peligrosos: el gigantismo legislativo, nuestra Carta actual tiene 223 artículos frente a los 129 de la Constitución Nacional.

No necesitamos una enciclopedia reglamentaria, sino un texto ágil, claro y contundente que fije principios políticos irrenunciables, dejando los detalles operativos al Ejecutivo y al Concejo Deliberante. Pero también rechazar con firmeza la tentación del “Estado mínimo”.

Reducir el Municipio a una simple oficina de luces, basura y baches equivale a abandonar a los ciudadanos. Una visión raquítica del Estado municipal es abandonar gran parte de la vida cotidiana de los vecinos.

Esa cohabitación y cercanía diaria entre gobierno y ciudadanos debe quedar plasmada en la COM.

La Convención debe ser el laboratorio de nuestra refundación. La reforma no puede ser el botín de una disputa partidaria, sino el triunfo de la democracia “de vecinos”.

​Hagamos de la Convención Municipal de 2027 el acto de soberanía más ambicioso de nuestra historia. Porque una ciudad que no se piensa a sí misma, termina siendo escrita por otros.

La Carta de 2007, aunque extensa, contiene elementos valiosos que ningún gobierno cumplió en veinte años: el litigio por el Poder concedente del servicio eléctrico, los cánones por el uso provincial irregular del Cerro Catedral o el reconocimiento del valor económico del lago Nahuel Huapi como generador de afluentes para centrales hidroeléctricas —un recurso que debe integrarse anualmente al patrimonio municipal. También obliga fortalecer la representación de Bariloche en la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC).

Consenso y planificación


Hay que buscar consensos que hagan de Bariloche una ciudad con planificación, sin caos urbano y sin excepciones permanentes que terminan siendo la regla. Los servicios básicos son indispensables, pero un Municipio que se limite a gestionarlos no construye ciudadanía plena. No basta con barrer calles y tapar pozos: se trata de garantizar derechos, calidad de vida y protección del bien común.

No se trata de atrapar la vida entera en una constitución local pero sí iluminar sin confusiones el camino para que el Ejecutivo, el Deliberante, y los Juzgados de Faltas sepan claramente que deben y que pueden hacer. Y que, no deben hacer.

Por eso hay que ampliar, nunca restringir, los mecanismos de participación: audiencias públicas, referendos, iniciativa popular, juntas vecinales fortalecidas, la banca del vecino. Achicar el Concejo Deliberante o limitar la representación no es modernización; es demagogia encubierta.

Las elecciones para convencionales no son una cuestión administrativa, es una cita con nuestra dignidad colectiva como pueblo.

Para impulsar una ciudad ordenada, planificada, habitable, justa y salvaguardando la impronta única de Bariloche, sus calidades naturales intocables, suelos, montañas, lagos, paisajes, flora y fauna, contra cualquier depredación ambiental que amenace nuestra esencia.

Aquí reside el poder real: en los vecinos. Sus intereses comunitarios deben prevalecer con fuerza absoluta. Si no nos pensamos a nosotros mismos con ambición y coraje, otros escribirán nuestro futuro.

* Exdiputado nacional FpV-PJ,


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