Si Milei fue la respuesta, ¿cuál era la pregunta?
La oposición ya discute la sucesión de Milei aunque no pudo frenar ninguna de sus medidas. Al presidente le queda iniciativa y capacidad de tomar medidas irreversibles.

1. Una cascada hacia el abismo
El oficialismo tiene una oposición en su propia alianza política y otra oposición en el exterior. Las dos oposiciones están creciendo y los malestares políticos heredados y los creados pueden gestar algo peligroso en un contexto internacional ya preocupante.
Mientras las oposiciones se alegran, la sociedad no tiene razones objetivas para festejar una crisis de un gobierno como el de Milei. Su final, que más allá de los deseos opositores es conjetural, puede ser su faz más destructiva.
La debilidad de Milei es constitutiva. Siempre fue débil, siempre lo será. Quizás por esa auténtica fragilidad se votó su liderazgo. La confianza que se tenían otros candidatos, los que prometían ministerios adelantadamente, generó rechazo.
Los que festejan la crisis no ven su propia obsolescencia o que la descomposición social exige algo radicalmente nuevo.
Las fuerzas políticas que hablan de “pueblo” son cada vez más elitistas y soberbias. Tienen propuestas anacrónicas para una sociedad que sobrevive gracias a que la única economía que crece está en mercados paralelos e informales. Esas fuerzas ya habían abandonado y alienado con fragmentación a las mayorías saturadas por la inflación que el mileísmo expuso a un ajuste brutal.
Parece ser una decisión humillar íntimamente a Milei y a su entorno. Se refuerza lo teatral de la política. Humillar al actor, no a sus guionistas, no a los que capitalizan el show, a los dueños del teatro. Lo que hacen es despreciar, casi maltratar a Milei, que encarna malestares irresueltos de una sociedad rota que el sistema político rompió.
Todos los malestares que representa Milei son humillados, nunca escuchados. Se olvida que las políticas de la humillación y linchamiento son las que lo llevaron a la Presidencia. La crueldad cerró la grieta hace tiempo y nadie parece salir de ahí. Se combate resentimiento con resentimiento.
Milei no es De la Rúa que vivió medio siglo en el sistema político y cuyos hijos terminaron entre Shakira y un bienestar offshore. Se puede leer el apologético libro de Ernesto Semán “Educando a Fernando” (1999) para diferenciar actores estructurales del poder político, militar y judicial y a los hermanos Milei. Las conexiones de De la Rúa y Milei están en su falta de proyecto de largo plazo y sus narrativas irreales que terminan mal. Quedará la deuda y los nuevos malestares.
Se hace un show sobre el mal gusto y la rapiña de bajo monto. Es la vieja elite democrática despreciando a su hija ilegítima que hace cosplay, la contra-elite en el Gobierno.
2. Pensando la pregunta desde la respuesta
Si seguir debilitando las estructuras estatales es la respuesta. ¿Cuál es la pregunta? Tal vez ¿Cómo forzar una privatización justificada desde la misma sociedad que es saqueada ante la mirada de una oposición estéril?
Si los silencios supremos de la Corte son la respuesta ¿Cuál es la pregunta? Podría ser ¿Cómo tener una nueva mayoría automática de tres jueces que acompañen con cronoterapia la lucrativa autodestrucción nacional en contra del mandato de la Constitución?
Si la respuesta es que la Corte conceda una victoria populista a la oposición y debilitar al Gobierno ¿Cuál es la pregunta? A lo mejor ¿Cómo quedar bien con ambos en un escenario de incertidumbre electoral y negociar carguitos actuales y futuros? O más claramente ¿Qué es el populismo judicial? Todo sea para sumarse a la mesa judicial de reparto de cargos.
El debate político argentino es sordo, ciego y mudo a un mundo en transformación. Las elites son más que miopes ante las crisis superpuestas de un horizonte cerrado. Más estrechas que Ormuz y más absurdas que Urmuz.
En 2001 mientras la convertibilidad explotaba el mundo cambiaba para siempre. En 2008 mientras la crisis económica anunciaba un fin de ciclo, el Gobierno comenzaba guerras inútiles y perdía oportunidades con una economía en expansión. En 2026 se niega la recesión global, la inflación sistemática y la crisis energética en ciernes.
Si Milei fue la respuesta, ¿Cuál era la pregunta? Los que generaron a Milei no van a poder cambiar lo que su Gobierno generó aunque repitan “volver a la normalidad”, una normalidad de facto imposible, salvo que nieguen la realidad y los destrozos que en muchos casos ellos mismos facilitaron. Milei fue una respuesta desesperada, un espasmo en la agonía. Ahora, si Milei ya cumplió su ciclo como respuesta ¿Cuál será la nueva pregunta?
* Abogado y Profesor de Derecho Constitucional.
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