Sin acuerdos no va a salir bien

Hay otro mundo que se junta y se resiste a la extorsión y la violencia, que cree en el comercio equilibrado y en él existe un lugar para nosotros.

Por Darío Tropeano

La delicada situación política, social y financiera que atraviesa nuestra País resulta alarmante. En plena crisis sanitaria del Covid expresamos desde estas páginas (“El Acuerdo Nacional es ahora” 3/6/2020) la necesidad de encontrar acuerdos básicos para ejecutar reformas que detengan nuestro deterioro. Había por ese entonces algunas condiciones objetivas para ello.

Duro poco es sensación de hermandad y unidad en la desgracia (Covid) y justamente frente a esos atisbos comenzaron las caravanas de “queremos ser libres” y “no queremos ser Venezuela”, ¿lo recuerdan ? Y es que justamente esas provocaciones fueron el efecto de un clima de concordia y unidad ante la difícil situación sanitaria y humana padecida. No fue casual. Había que sembrar la bronca y el odio de alguna manera, mediatizarlo para que se expanda en la población.

El acuerdo no pudo concretarse y el delicado cuadro macroeconómico que mostraba la Argentina al inicio del año 2020 se potencio: billones de pesos emitidos para superar el Covid mediante subsidios diversos, baja recaudación impositiva, más billones de pesos en títulos públicos aumentando la tasa de interés para los que acumulan ganancias no se vayan al dólar, entrega de dólares a precio oficial a grandes empresas para que paguen sus deudas en dólares tomadas en el exterior liquidando los superávit comerciales obtenidos (lejos del modelo Venezuela por cierto ) .

Además, firmar un pésimo acuerdo con el FMI que hace pocos días fue parcialmente renegociado (lo adelantamos al suscribirse “Acuerdo con el FMI : juntos por el Pago “ 5/2/22 ) . En este último caso el acuerdo con el Fondo desnudo la severa crisis política que azota al partido justicialista y que se traduce en la delicadísima situación que hoy atravesamos.

La oposición no se queda atrás, irrumpiendo además con tendencias de ultraderecha que en base a la desesperación reinante en amplios sectores de las clases medias deterioradas, proponen barbaridades propias del análisis psiquiátrico.

Muchísimos argentinos están escuchando y “comprando” a personajes payasescos y bolaseros/as que basados en gritos, golpes de efecto direccionados a las emociones más primitivas del ser humano, intentan imponer soluciones enloquecidas.

La cultura masificante impone al ser humano salidas de satisfacción inmediata, evitando el análisis de la situación, neutraliza lo más potente y valioso que tenemos: la inteligencia racional.

Realidad y consumo

Las realidades que nos proponen los medios de comunicación, incluidas las redes sociales, apuntan a desarrollar una mentalidad infantil: buenos y malos, blanco o negro, todos los políticos son iguales. De esta forma consumimos también candidatos de diseño, armados con soluciones de imposible ejecución o que de intentarlo terminarían en una desgracia Nacional.

Y cuando digo armados no pienso en ellos individualmente, sino como parte de un engranaje de ongs, consultores extranjeros, embajadas y grupos económicos.

Sus victimarios, atónitos frente al deterioro económico y social reinante, buscan una salida alternativa de iluminados que con discursos fuertes traerán el orden y la prosperidad Nacional. Eso no existe, ni existirá.

Desde la división, el enfrentamiento y el odio solo encontraremos más fractura, tragedias colectivas y la profundización del proceso de extracción primaria de los enormes recursos naturales que disponemos, como sucede desde que fuimos fundados como País.

Dijimos en aquella opinión referida (3/6/2020) que en los meses siguientes veríamos en el mundo cosas sorprendentes; y ello ha sucedido y sucede todos los días: hay otro mundo que se junta y se resiste a la extorsión y la violencia, que cree en el comercio equilibrado y en él existe un lugar para nosotros. Los pesos, los dólares, los euros, las monedas son hoy los de menos; lo que importa son los recursos y nosotros los tenemos.

Nuestras elites políticas y económicas no lo entienden en algunos casos y no los conviene entenderlo en otras, porque sus intereses no se adecuan a los de las mayorías y sobre todos porque no creen en un país soberano. Sin proyecto soberano no hay en el mundo de hoy desarrollo y equidad social que permita a un País ser vivible.

Frente a la grave coyuntura de corto plazo que atravesamos, existen posibilidades disponibles para abordar.

Es hora de acuerdos, a todo nivel, no deben enfrentarnos más porque se trata de procesos inducidos que por cierto requieren para que prosperen argentinos que los avalen. Son pocos, pero poderosos.

Tenemos que encontrar consensos; la situación es muy grave.


Exit mobile version