Parcela demostrativa agroecológica en Alto Valle

La experiencia comenzó poco antes de la pandemia. Buscan evaluar cultivos hortícolas y compartir conocimiento.

Por INTA Alto Valle

Agricultura familiar. El valor que busca poner a la vista el trabajo de los técnicos de INTA Alto Valle.

En las últimas temporadas aumentaron los casos de producción agroecológica de alimentos destinados a la población de cercanía en la Norpatagonia. Coinciden con esos avances, la creciente concientización sobre la alimentación saludable y el cuidado ambiental, la diversificación productiva y la progresiva vinculación de experiencias prediales y técnicas en la temática.
Técnicos del INTA Alto Valle diseñaron una parcela en esa unidad con el objetivo de evaluar los aspectos biofísicos y tecnológicos de un agroecosistema asimilable a los que desarrolla la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (AFCI) en la producción de alimentos para los mercados de proximidad.
“La parcela fue creada como un espacio de experimentación a mediano y largo plazo en donde se integran conocimientos y se aplican tecnologías adecuadas para validar prácticas realizadas en predios agroecológicos”, explicó el técnico del INTA Alto Valle, Miguel Sheridan. Además, sostuvo que “el propósito es indagar y proponer estrategias productivas innovadoras para estos territorios con la participación activa de los agricultores y referentes de organizaciones sociales y universidades”.
Los cultivos hortícolas, tanto en esta parcela experimental como en una gran cantidad y diversidad de unidades productivas del Alto Valle, son componentes del agroecosistema que se ensamblan virtuosamente con frutales y cortinas forestales. De acuerdo con Sheridan, esta combinación “suele generar mayor resiliencia ambiental y socioeconómica, principalmente para los agricultores familiares que sostienen con su trabajo y gestión la productividad de esos sistemas”.

En comunidad. Uno de los objetivos de la parcela demostrativa.


En el diseño de la parcela se consideraron la calidad inicial del sitio, el aprovechamiento de la vegetación herbácea espontánea y el cultivo combinado de estas especies junto a otras arbóreas. Se implantaron ocho especies perennes y diecisiete anuales incluyendo frutales, hortalizas, aromáticas, flores y cortinas forestales conducidos en franja, surco y cortina.
Respecto al manejo cultural de la parcela, Pablo Vásquez, técnico de la Agencia de Extensión Rural del INTA en General Roca, explicó que todas las prácticas que se desarrollan en el sitio se basan en la observación constante de la dinámica del sistema. “Procuramos minimizar las intervenciones y sostener la evolución constante de ese agroecosistema frutihortícola, aprovechando que su condición de “experimental” permite un mayor margen de prueba y error con respecto a la necesaria búsqueda de productividad que rige las decisiones en los predios productivos”, explicó el técnico.
Con el riego, la labranza para implantación, el manejo de la vegetación espontánea y la aplicación de productos naturales, los técnicos buscan compatibilizar el efecto beneficioso y de reciprocidad en los cultivos, la ergonomía de la práctica, la minimización creciente de insumos externos y la aplicación de tecnologías de bajo costo, como el compostaje en el lugar y el manejo de cultivos de cobertura.

El propósito es indagar y proponer estrategias productivas innovadoras para estos territorios con la participación activa de los agricultores y referentes de organizaciones sociales y universidades.

Miguel Sheridan, técnico del INTA Alto Valle.


En esta segunda temporada y aún en contexto de pandemia, las prácticas llevadas adelante en la parcela arrojaron resultados alentadores. Por ejemplo, se alcanzó un ensamble satisfactorio de componentes y se profundizó en la observación del agroecosistema, al registrar aspectos relevantes y escasamente estudiados como la dinámica de las plantas espontáneas. Asimismo, se avanzó en una labranza de mínima intervención, en la aplicación de enmiendas, en el mantenimiento de acequias con ayudas mecánicas, en la instalación de un sistema de riego asistido por manga y en la conducción y poda de árboles frutales mediante técnicas que implicaron menores costos de mantenimiento.
La producción obtenida fue aprovechada principalmente para la extracción de semillas criollas y varietales que se pusieron a disposición de la comunidad para su cultivo y multiplicación. Así mismo, el maíz colorado obtenido en la parcela -correspondiente a la variedad “Don Amílcar” fue empleado como ingrediente principal en la elaboración de una propuesta alimentaria local por parte de alumnos de la Facultad de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de la Universidad Nacional del Comahue.
De acuerdo con los técnicos, la información generada y validada en ese espacio será difundida y compartida con el medio a través de jornadas, prácticas a campo y fichas técnicas específicas. Asimismo, el equipo continuará el escalamiento productivo, buscará ampliar la multiplicación de semillas criollas y varietales y obtener mayores volúmenes de alimentos frescos para destinar al abastecimiento de comedores populares cercanos.
“De la mano de este escalamiento, tal como viene sucediendo, podrá reforzarse la función de la parcela como observatorio local del pulso de los cultivos a campo”, concluyó Sheridan.


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