Pesificación con inflación
El economista y hoy diputado nacional Roberto Feletti acaba de desarrollar una idea que no debería ser dejada de lado por nadie que desee lo mejor para la Argentina: el peso como reserva de valor. “No tenés límites”, dijo en su momento quien era presidente del Banco Ciudad hablando del populismo y hacia esos premonitorios bordes avanzó Feletti para defender su novedosa tesis de pesificación con inflación. “Nosotros queremos introducir el ahorro en pesos”, dijo candorosamente el diputado, como si el modo de decirlo, combinado con su otra frase liminar, no tuviera un cierto dejo autoritario. Fuera de las interpretaciones verbales, cuando Feletti habló de populismo en aquella ocasión había marcado que “uno de sus principales problemas” era que no resultaba “sustentable”, ya que “no podía apropiarse de factores de renta importantes”. Y añadió: “Esto es lo que cambió”. En tren de obligaciones, consideró que “va a ser necesario mantener” las “restricciones” a la compra de divisas “hasta que se complete el proceso de pesificación” de la economía nacional. Y añadió que “hay sectores de la población que no lo entienden y, entre otras cosas, salieron a reclamar”. Todos estos fundamentos ideológicos del diputado se basan en que no toma para nada en cuenta la desprotección que siente la gente y los mecanismos de cobertura que utiliza ante la depreciación de la moneda, porque no quiere saber nada con entregar mes a mes el impuesto (la renta) que significa una inflación de 25%, algo que el gobierno niega tozudamente con la falsificación de los índices de precios. Justamente, Cristina Fernández se ha referido a estas cuestiones en Estados Unidos. Primero, cuando habló de una “suerte de ensañamiento” y defendió las estadísticas oficiales como las “verdaderas” porque salen del Indec, “la única estructura que lo puede hacer”, dijo. Sobre la idoneidad del Instituto en relación con el mundo, la presidenta rechazó, por considerarla una “presión” indebida, la “tarjeta roja” con que amenazó a la Argentina la directora gerenta del FMI, Christine Lagarde, por la aparente falta de voluntad para arreglar la cuestión estadística. En este punto, vale observar que CFK se centró en la funcionaria, pero hay que saber que ella es sólo una empleada jerarquizada del Fondo que responde a la decisión de los países del G7, corazón del club de los 20 que la Argentina integra y que, por no tener estatuto como el Fondo, no permite tirones de orejas como el que le pegó la francesa. En segundo lugar, la propia Cristina ha dicho en la Georgetown University y en Harvard con tono de crítica y casi como una justificación del cepo cambiario, que la Argentina es el país que más dólares per cápita tiene atesorados y que el resto de la región se mueve en sus monedas locales. Por algo será. Al respecto, Feletti sabe de qué habla cuando marca una línea. Si todo marcha como el diputado aspira, cuando todos los argentinos escuchen la voz oficial de “pesificación” comenzarán a vender sus dólares, la moneda argentina se hará fuerte y nadie tendrá que pedirle permiso a la AFIP, ya que el peso será aceptado de buen grado en Alemania, Uruguay, Brasil o Canadá. (*) Director periodístico de DyN
HUGO GRIMALDI (*)