“Poco o ningún atractivo”



Según la mayoría de los encuestadores, más de la mitad de los ciudadanos consultados sobre las próximas elecciones manifestó su desinterés por las mismas. Razones no faltan para tan poco entusiasmo. Por un lado, el descreimiento que genera el trámite de las PASO, que como su nombre lo indica es el procedimiento legal para elegir los candidatos que obligatoriamente debían realizar los partidos y que la mayoría de ellos no respetó, volviendo a elegirlos mediante la antidemocrática práctica del “dedazo”.

Por otra parte, poco o ningún atractivo ofrece para motivar a los posibles sufragantes una campaña anodina, cicatera de propuestas serias, con un lenguaje ramplón y chabacano en los discursos de los candidatos donde hay hasta ofertas de “garrote” como solución para los problemas sociales, un método que por lo troglodita merece figurar entre los mayores disparates a los que nos tiene acostumbrados la política nacional, mezcla de sainete criollo y grotesco italiano.

La evidente degradación de la política no es producto del capricho ciudadano, es el resultado de conductas y acciones deliberadas de las dirigencias, como es el caso de las instrucciones que el consultor político Durán Barba bajó a los candidatos del Pro, indicándoles que debían eludir considerar la situación económica y social durante la campaña.

Las instrucciones del gurú ecuatoriano son equivalentes al relato kirchnerista, que consistía en ignorar sistemáticamente los datos reales de la pobreza, de la inseguridad y otros males de la sociedad, haciendo como si esos problemas no existieran. O de la justificación miserable “Si hubiera dicho lo que iba a hacer no me hubieran votado”, como explicaba sin pudor alguno el expresidente Carlos Menem.

Tan censurables actitudes, hipócritas y oportunistas, afectan el principio de legitimidad democrática que está profundamente enraizado con la verdad. Se afecta esa legitimidad cuando se oculta o se disfraza la realidad para no pagar costos políticos. Es una patética muestra de una política opaca y falaz que necesita del ocultamiento para proyectarse. Pero además, por sobre todo, es una burla y un agravio a la inteligencia de los argentinos, ya que nos piensan y nos consideran, sea en grupo o individualmente, como un conjunto de otarios, carentes de capacidad para conocer y entender la dramática realidad que vive nuestra sociedad. Tamaño desprecio hacia la ciudadanía habla de la calidad moral de quienes así actúan.

Carlos Segovia

LE 7.304.065

Carlos Segovia

LE 7.304.065


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“Poco o ningún atractivo”