Por la bajante de los ríos de la región, las represas perdieron más de $25.000 millones

Las cuencas no logran recuperar niveles promedio. La AIC estimó que son unos 6.000 hectómetros el caudal que falta en los cauces de ambas provincias. El impacto en la generación eléctrica no solo afectó a las empresas, también golpeó las cuentas de los gobiernos. Las represas ceden 70 GWh mensuales.

Los 13 años de sequía que arrastran los ríos de Neuquén y Río Negro amenazan con un crítico panorama para los próximos meses en la región donde serán necesarias obras para garantizar el uso principal del agua: el consumo humano. Sin embargo, hay daños que ya pueden cuantificarse y que son millonarios.

Cuando la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC) declaró la emergencia hídrica, desde el organismo indicaron que producto de la seguidilla de años con bajas precipitaciones los embalses de la zona perdieron unos 6.000 hectómetros (unos 6 billones de litros de agua). Ese faltante no solo afectó los ecosistemas, las líneas de rivera y los sistemas de captación de agua para consumo, sino que también impactó en la generación eléctrica y las cuentas provinciales.

Las cinco represas, cuatro sobre el Limay y una sobre el Neuquén, se perdieron de turbinar el caudal que nunca se pudo recuperar pese a fenómenos climáticos violentos como las nevadas de 2020. Según estimaciones públicas y privadas, la generación perdida de los caudales que no se recuperaron trepa por encima de los 25.000 millones de pesos, en la última década.

Las provincias reciben, al igual que lo que sucede con el petróleo, regalías por la venta de energía que las generadoras pactan con Cammesa. De acuerdo a la Ley 15.336 se trata de un 12% del precio acordado, en el caso donde los ríos son compartidos por dos o mas provincias, el porcentaje se divide por la cantidad de intervinientes.

De acuerdo a la estimación presentada, por la sequía los gobiernos de Neuquén y Río Negro dejaron de percibir unos 3.000 millones de pesos en concepto de regalías y canon por la generación de energía perdida.

El impacto de los años secos golpea con fuerza a la mayoría de las cuencas del país. Según publicó Energía ON, el sitio especializado de Río Negro, de mantenerse la falta de agua, el sector podría dejar de producir 16.000 GWh en este año. Este valor representa una caída anual sostenida del 17%. Solo en dos años la generación hidráulica en Argentina, que representa un tercio del total, perdió 10.000 GWh.

Cuando se revisan los números de Comahue, como se denomina al sistema de generación de la región, pasó de 19.384 GWh en 2006 a 9.710 GWh en 2019 (última serie completa publicada). Sin embargo, en los años posteriores al punto máximo hubo repuntes, y si bien en 2016 y 2017 toco mínimos históricos, la leve alza de los últimos períodos no logran revertir la tendencia histórica.

Al delicado escenario se suma que en 2023 vencerán varias de las concesiones de las represas de la región que hoy están en manos privadas. La discusión divide posiciones: para el MPN deben ser cedidas a las provincias, mientras que para los partidos nacionales debería ser Nación quien tome posesión para relicitar o hacerse cargo de la operación.


Claves de un problema estratégico para el país


Sequía: Las cuencas del país sufre la falta de períodos con precipitaciones. La situación más dramática se vive en el río Paraná, donde se decretó la emergencia hídrica nacional.

Energía barata: La generación eléctrica con represas perdió un 25% de su aporte en apenas 10 años producto de los bajos caudales. Se trata de un sector estratégico por la seguridad de las operaciones y por tratarse de la energía más barata de producir.

Manejo hídrico: Las crisis por falta de caudales, que se repiten con mayor frecuencia en los últimos años, vuelven cada vez más necesarios los proyectos de represas que permiten acumular reservas para épocas secas.

En números

10.000 GWh
es la pérdida que tuvo en la última década la generación eléctrica de las represas de todo el país.
$3.000
millones en regalías y canon por generación perdieron los gobiernos de Río Negro y Neuquén.

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Por la bajante de los ríos de la región, las represas perdieron más de $25.000 millones