“Postales de Neuquén, símbolo de prosperidad (invierno de 2013)”
Vivimos en un barrio a metros de la Ciudad Ministerial de la “capital del futuro”, frente a un importante hipermercado y centro de paseos que recientemente ha inaugurado una ampliación, sin tener en cuenta estacionamiento suficiente para los vehículos que mueve la gran afluencia de público. Una franja de casas tenemos como medianera trasera “la barda” desde la cual somos observados por transeúntes y por quienes voluntariamente eligen estudiar nuestras vidas. Cuando así nos sentimos, nos comunicamos con un móvil policial cuya jurisdicción por cuadrilla tiene el límite en esa meseta y cubre a los barrios que están en esas alturas. Se acercan voluntariosos y sólo pueden entrevistar a los visitantes, quienes de no tener antecedentes pueden seguir su rutina de altos estudios. Cuando suceden los ilícitos dentro de las casas, por el acceso de la calle, llamamos a otro móvil cuya jurisdicción, por cuadrillas, abarca la zona centro-oeste y no puede intervenir en la zona de la barda. Los amigos de lo ajeno buscan descender por la barda a nuestros patios y hacerse de maña para volver a subir ascendiendo por los patios que tienen niveles de menor altura para llegar a la meseta. Otros, con mayor coraje, entran por adelante, rompen rejas, abren puertas principales y salen por detrás. Esto generalmente cuando la cuadra está llena de vehículos de los visitantes del hipermercado, así no nos podemos registrar entre vecinos y visitas de nuestros vecinos, como en las grandes urbes, y ellos (quienes comparten compulsivamente nuestros bienes) actúan a pleno día sin ningún límite. La misma Policía dice no poder hacer más que registrar los ilícitos, la Justicia invalida su trabajo y, lo que es más, la policía de investigación rara vez llega a tomar una huella porque no tiene capacidad física para clonarse. Además la barda es tierra de nadie, no hay cuadrilla asignada al territorio entre nuestros patios y la meseta que se forma sobre la barda. Vienen autos y motos con gente a tomar, a divertirse, a hacer piruetas, ya que el lugar está descampado y es un bello balcón desde donde se ve toda la ciudad. Las loas a este sistema de cuadrillas no nos protegen, los móviles pasan haciendo guardias desde los vehículos mientras los delitos se suceden en una franja de territorio que más que controlada pareciera protegida o liberada, tal vez. Los funcionarios, los candidatos, las instituciones mismas están trabajando arduamente para no se sabe qué; por lo menos nosotros no sabemos, porque en la comunidad nos sentimos más y más solos y desprotegidos que nunca. Escucharnos mutuamente recomendarnos mejores servicios de metalurgia para rejas, seguridad para alarmas, vigiladores, contarnos experiencias de violación de propiedades, contentarnos con que no nos lastimaron, sorprendernos y mantenernos pasivos porque seguimos esperando que nos proteja el Estado… todo es parte de este cometido de paralizarnos por el temor para que el sistema se perpetúe en favor de los que le pueden sacar su provecho. De cara a los grandes proyectos y contratos de nuestros gobernantes y sus repercusiones nacionales e internacionales –somos conocidos en el mundo por nuestros recursos hidrocarburíferos y la osadía de pretender obtenerlos de cualquier modo, aun a costas del ambiente y de los humanos que somos parte del mismo (tal vez no lo sepan aún)– las tomas crecen sin control; la violencia social en los barrios, la inseguridad en el centro, el cansancio de las instituciones nos llevan a naturalizar el mal vivir. Cuando cansamos a los policías ya ni vienen y nos da pena molestarlos, vergüenza ajena. Los vecinos se mudan por un tiempo, los que son propietarios; los inquilinos se van buscando seguridad en otros lugares y se sigue alimentando la deficiencia del accionar de las instituciones tanto como el comercio de los que pueden lucrar con la inseguridad. Aunque parezca un cuento común y menos relevante que otros, esto no es más que una postal del Neuquén en que habitamos: barrio Centro-Oeste, Neuquén capital, Patagonia argentina, julio del 2013. María Cristina Rodríguez, DNI 13.704.152 Neuquén
María Cristina Rodríguez, DNI 13.704.152 – Neuquén