Pragmatismo en política de seguridad

Por Redacción

CARLOS RODRÍGUEZ (*)

La “seguridad”, entendida como política de Estado, no se concibe sólo desde lo jurídico. Pero, para que sea eficaz, es obvio que debe articularse con otras políticas de Estado que se cohesionen sin dicotomías: desde lo legislativo, educacional –este punto reviste especial importancia dado que se está en vísperas de una reforma de la ley de Educación y sería oportuno insertar en el programa escolar la materia “seguridad general”, al igual que la ley Nacional de Tránsito lo hace por niveles en cuanto a seguridad vial–, social, económico. En un diseño integral, con premisas de planificación, se lograría la denominada “praxis política” de excelencia y de alta conducción institucional, es decir, la construcción de un modelo o nuevo paradigma prevencional que involucre todas las áreas enunciadas. Así, con un gran acuerdo y coordinadas desde el vínculo jurídico, se optimizarían la gobernabilidad y la gestión a su máxima expresión. Desde el sustrato empírico de la moderna criminología, materia que debería ocuparnos integralmente, sus teorías, conceptos y métodos, y desde el predicamento de los mentores de la Escuela de Chicago, se debe priorizar el ataque de las causalidades del delito (prevención), es decir, analizar su etiología y su prosecución social y, a partir de ahí, ir articulando e instrumentando actividades estratégicas que reviertan las tendencias disfuncionales. Seguramente no se obtendrá una erradicación, pero sí una atenuación en la estadística delictual, control que se irá acentuando progresivamente con logros ciertos a mediano y largo plazo. Por ello es imperioso comenzar ya con una ofensiva hacia adentro y hacia afuera de los actores (instituciones) con injerencia en el tema. Es la titánica tarea de la alta conducción institucional y que espera toda la sociedad rionegrina. Un tema crucial a tener en cuenta en los máximos niveles de conducción es justamente aplicar el arte o técnicas de “conducción”. Pareciera que cada nueva gestión que asume toma como enemigos a los mandos policiales, cuando los verdaderos enemigos son la delincuencia y sus mentores. Es un mal endémico que debe revertirse; transmitir la idea del amparo jurídico y reglado, no lo discrecional y prejuicioso. Es hacer docencia, es conducir y proyectar en cosmovisión la idea de un modelo superador e innovador, persuadir para afianzar la abnegación y la vocación de servicio e integrar a los policías honestos, no desacreditarlos ante la opinión pública. ¿Cómo en 25 años de carrera nadie se dio cuenta de que eran malos policías? Parece una caza de brujas. ¿Escuela de Arslanian? ¿Y Fentanes? Es criterio generalizado entre estudiosos del tema que resulta imposible revertir abruptamente la actual realidad delictual que agobia, pero sí se puede ir mejorando progresivamente a través de un programa nacido de una voluntad política, con idoneidad temática y articulación interinstitucional. El espíritu del mensaje que trato de instalar para su amalgama y ejemplo válido tiene su predicamento en la Teoría ecológica del delito, que desde la Escuela de Chicago se nos ilustra para beneplácito de la sociedad pero que nadie advierte ni aplica. Veamos el criterio y espíritu del mensaje: “…la sociedad produce basura, pero está en la voluntad del Estado controlarla a través de un trabajo mancomunado y cohesionado con la misma sociedad, con roles coordinados la ciudad se conserva limpia y todos felices. Lo mismo debiera pasar con la delincuencia, la sociedad la produce por causas multifacéticas y el rol del Estado en su monopolio y estrategia es fundamental para que a través de sus entes formales y no formales controle esa actividad disfuncional en forma eficiente, máxime la violencia inusitada a la que está expuesta la sociedad”. ¡Reflexionemos! ¿Cómo puede ser que sólo se logren fallos condenatorios en un 3% de los hechos denunciados, más la cifra negra? Río Negro no escapa a la media nacional. ¿Falta solvencia investigativa, solvencia jurídica? ¿Fracaso del régimen de progresividad? ¿Es inoperancia institucional? ¿De quién? ¿No sería oportuno efectuar una autocrítica y un análisis interinstitucional, sin soslayar responsabilidades propias y ajenas? En esta rémora, es intención lograr una aproximación a la omnicomprensión del delito y plasmar estrategias o pautas de lucha, diseñar y desarrollar una política consensuada en “seguridad” y llevarla a cabo a través de un innovador acuerdo programático desde el vínculo jurídico y con la participación ciudadana, que es la destinataria de este legado superador y que es necesario que se vislumbre. Démosles vida a los consejos de seguridad, pero que sean verdaderos foros de soluciones para la inseguridad y no un grupo de quejosos practicando catarsis. Vislumbremos su premisa; es oportuno debatir sobre potenciales hechos que pueden ocurrir y no luego de ocurridos salir a pedir justicia cuando es imposible revertir lo acontecido. Sugiero, como idea superadora, utilizar la informática; bien se podrían implementar aulas virtuales o teleconferencias y elevar así el “aprendizaje social” en esta materia, seguridad en las comunidades. Otro tópico a rescatar y poner en vigencia por ser un predicamento netamente policial como adoctrinamiento moderno es la “policía de proximidad” en la versión y creación de la Policía de Río Negro, el denominado Programa de Prevención Delictual con Participación Comunitaria, cuyo contenido es un compendio extraído de conferencias y jornadas interpoliciales e inclusive con la participación de policías extranjeras, lo que le da un carácter magistral y académico. Es una pena, con un grado de perversión social, que no se aplique sistemáticamente en su integridad, máxime cuando nuestra policía fue pionera en este estilo prevencional y quien se esmere en aplicarlo obtendrá excelentes resultados y optimizará su gestión. Seguramente se está carente de capacitadores policiales o técnicos dogmáticos en la materia. Pero apostando a un futuro promisorio y legado a la posteridad en forma incólume debo decir que hay muchos policías retirados que estarían dispuestos a aportar saberes para optimizar la gestión del primer magistrado. Esta actividad bien se podría realizar por regiones como prueba piloto, convocando selectivamente sin compromiso alguno a interesados en aportar ideas. El debatir o hablar de seguridad como aprendizaje social es una forma de hacer prevención y docencia; es optimizar la “praxis política”, elevar a su máxima expresión la “prevención primaria” y la alta conducción institucional. (*) Comisario inspector (R). Autor del libro “Paradigma de la seguridad”


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