Preocupación por China

Por Redacción

GUSTAVO CHOPITEA (*)

La desaceleración de la economía china fue notoria en junio pasado. Por ello, las señales de preocupación en los mercados se multiplicaron. En una nota reciente, Paul Krugman sentenció: “Las señales son ya inconfundibles. China está en serios problemas”. Ocurre que sus tasas de crecimiento están cayendo. Los empresarios chinos no ocultan –por ello– su sensación de que la caída del nivel de actividad económica podría, de pronto, acelerarse más de lo esperado. La ola de inversiones chinas (particularmente las inmobiliarias) sin embargo continúa, pero podría haber comenzado a chocar contra la ley de los rendimientos decrecientes. A lo que hay que agregar que el consumo doméstico chino no aumenta como se esperaba. El año pasado el consumo contribuyó con el 60,4% al crecimiento del PBI chino. En la primera mitad de este año, esa cifra es del 45,3%. Los aumentos salariales chinos continúan, pero han reducido su ritmo. No obstante, en el mes de julio pasado las ventas del comercio minorista crecieron positivamente, un 2,6%. Después de 30 años de un desarrollo vertiginoso, China crece ahora al 7,5% de su PBI. Pero lo cierto es que entre los empresarios locales hay quienes creen que esa tasa podría caer, pronto, a niveles del 6%. La enorme economía oriental está perdiendo algo de fuerza. En el último trimestre del 2012, crecía al 7,9%. En el primero de este año, al 7,7%. Por esto, ante el 7,5% actual, el nerviosismo crece. La nueva conducción económica china, liderada por el primer ministro Li Keqiang, sigue –no obstante– empeñada en liberalizar los mercados, disminuir los subsidios y conducir la economía en dirección a un crecimiento basado sustancialmente en el impulso del mercado doméstico. Y está claramente dispuesta a tolerar una caída momentánea del ritmo de crecimiento para obtener mejoras de largo plazo. Mientras tanto, la población china envejece y su fuerza laboral se achica, de modo que, para mantener el crecimiento, los aumentos de productividad comienzan a ser vitales, mejor dicho, imprescindibles. Los niveles crecientes de los ingresos de los trabajadores (que han mejorado notoriamente su nivel de vida) y un renminbi alto han erosionado la competitividad china. Como si eso fuera poco, la demanda de productos chinos cayó como consecuencia de las dificultades económicas en otros rincones, como el europeo, que después de una recesión iniciada a comienzos del 2012 está emitiendo señales que sugieren que la crisis del Viejo Mundo ha comenzado a disiparse, aunque lentamente. Por esto, el liderazgo chino insiste –una y otra vez– en que el consumo doméstico tiene que crecer, las ineficiencias reducirse, la contaminación disminuir y que los mercados deben liberalizarse en aquellas áreas controladas por el Estado. Lo sucedido recientemente en el sector financiero, donde hubo un repentino “frenazo” en la oferta de crédito, parecería mostrar cierta determinación y –a la vez– pragmatismo. Precisamente en dirección a reestructurar la economía, el Banco Central chino acaba de anunciar que no habrá más tasas “mínimas” de interés. Para así estimular la competencia y bajar los costos financieros. Esto es parte de la estrategia amplia con la que se procura reducir el rol del Estado, fomentar la competencia, ganar eficiencia y estimular la innovación. La liberalización del sector financiero, indispensable para la convertibilidad del renminbi, puede haber comenzado. Sin embargo, lo real es que en el escenario chino flota una sensación nueva. La de cierta fragilidad. La caída del intercambio comercial y de la tasa de inversión pueden resultar en una desaceleración prolongada de las economías emergentes. Particularmente de aquellas (como las de Brasil, Perú o Australia) que fundamentalmente exportan materias primas al gigante asiático, que ahora compra menos. Para el mundo, el tema es bien serio. China crece al 7%, eso es más o menos equivalente a un crecimiento norteamericano del 3,5%, aproximadamente, lo que ciertamente no está ocurriendo. Ni cerca. Por eso la desaceleración oriental –pese a la tímida recuperación de los Estados Unidos– preocupa a los mercados. (*) Analista internacional del grupo Agenda Internacional.