“La levedad de la vida”

Redacción

Por Redacción

Una vez más, escribo un pequeño recordatorio para una amiga que se acaba de ir de este mundo: Alicia Boyano. En los años 70, durante nuestra época de estudiantes universitarias, nos juntábamos para preparar los exámenes en mi casa. La nuestra era una amistad de sincera y constante alegría; tanto, que nuestras carcajadas atraían la atención de todos los que nos rodeaban, quienes se acercaban para preguntarnos si estábamos estudiando o no. Siempre mantuvimos un vínculo de estrecho cariño, a pesar de que ella, al formar su familia con Horacio Diez –quien partió en el mes de enero pasado– se mudó a la vecina ciudad de Cipolletti. Alicia ejerció como profesora en la ciudad de Neuquén; su juventud transcurrió en la calle Alberdi al 600, en donde aún está la huella del hogar familiar. Don Boyano, su padre, fue un reconocido comerciante que conformó en los primeros años de la segunda mitad del siglo XX la reconocida firma “Del Punta, Poliansky & Boyano SRL”, negocio dedicado a la venta de almacén por mayor. La publicidad en las revistas de la época hablaba de “una organización comercial al servicio de los intereses económicos del Alto Valle del Río Negro y Neuquén”. Hoy despido a mi amiga, pero no es absoluta la tristeza; me queda el recuerdo de gratos momentos que hemos compartido toda la vida. Medito, ahora, sobre la levedad de nuestra propia existencia: somos peregrinos, sin dudas, andamos de paso. Sólo quedan nuestras obras. Alicia y Horacio –que, además, partieron siendo aún jóvenes– dejaron sus profundas huellas en sus tres hijos y nietos que los recuerdan con afecto. Y en nosotros, sus amigos, que nunca los olvidaremos. Beatriz Carolina Chávez de Watkins DNI 6.251.256 Neuquén

Silvia Testa DNI 10.359.343 Viedma


Una vez más, escribo un pequeño recordatorio para una amiga que se acaba de ir de este mundo: Alicia Boyano. En los años 70, durante nuestra época de estudiantes universitarias, nos juntábamos para preparar los exámenes en mi casa. La nuestra era una amistad de sincera y constante alegría; tanto, que nuestras carcajadas atraían la atención de todos los que nos rodeaban, quienes se acercaban para preguntarnos si estábamos estudiando o no. Siempre mantuvimos un vínculo de estrecho cariño, a pesar de que ella, al formar su familia con Horacio Diez –quien partió en el mes de enero pasado– se mudó a la vecina ciudad de Cipolletti. Alicia ejerció como profesora en la ciudad de Neuquén; su juventud transcurrió en la calle Alberdi al 600, en donde aún está la huella del hogar familiar. Don Boyano, su padre, fue un reconocido comerciante que conformó en los primeros años de la segunda mitad del siglo XX la reconocida firma “Del Punta, Poliansky & Boyano SRL”, negocio dedicado a la venta de almacén por mayor. La publicidad en las revistas de la época hablaba de “una organización comercial al servicio de los intereses económicos del Alto Valle del Río Negro y Neuquén”. Hoy despido a mi amiga, pero no es absoluta la tristeza; me queda el recuerdo de gratos momentos que hemos compartido toda la vida. Medito, ahora, sobre la levedad de nuestra propia existencia: somos peregrinos, sin dudas, andamos de paso. Sólo quedan nuestras obras. Alicia y Horacio –que, además, partieron siendo aún jóvenes– dejaron sus profundas huellas en sus tres hijos y nietos que los recuerdan con afecto. Y en nosotros, sus amigos, que nunca los olvidaremos. Beatriz Carolina Chávez de Watkins DNI 6.251.256 Neuquén

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