Que deberá esperar la industria frutícola e hidrocarburífera

Por Redacción

Las consecuencias de la problemática cambiaria, no afectan solamente a los ahorristas que pretenden colocar sus fondos en divisas. Complica también a las empresas que desean invertir, o a aquellas que deben importar insumos para mantener funcionando la producción.

En nuestra región, las dos principales actividades económicas están atravesadas por la cuestión cambiaria.

En cuanto a la fruticultura, conocida es la situación límite que atraviesan los chacareros. Confluyeron este año para llegar a la situación de la presente campaña, una larga lista de factores, algunos propios de la política interna, y otros de la dinámica de la economía global, o de los mercados de destino de la fruta local. Entre ellos se puede citar el desplome de los precios internacionales, la inflación interna en dólares, la crisis fitosanitaria a nivel local, el cierre de la frontera de Brasil a la fruta del Alto Valle, y la devaluación en los principales países destino.

Precisamente esto último es lo que exacerba la necesidad de una profunda revisión en materia cambiaria. Mientras Rusia, Brasil o Nueva Zelanda devaluaron su moneda en términos reales (descontando la evolución del nivel de precios de la devaluación nominal), en Argentina en cambio, los precios le ganan a la devaluación desde el año 2011. Inútiles son en el largo plazo las soluciones circunstanciales de las cuales se habló tanto en el tira y afloje del conflicto de mayo y junio.

Es que mientras se discute acerca de una ayuda oficial de 50, 100 o 200 millones de dólares, las pérdidas estimadas por las cámaras de productores ascienden a 2.500 millones de dólares. Una distancia insalvable solo con un crédito o un subsidio. Es evidente que el tipo de cambio de referencia que necesita la actividad, está lejos del valor actual del tipo de cambio oficial, al cual el productor debe descontar retenciones y costos internos.

¿Cuál es el tipo de cambio que necesita la fruta? ¿Puede esperarse que el próximo gobierno devalúe lo necesario como para mejorar las perspectivas en la campaña 2016?

Es imposible hacer pronósticos. La palabra “devaluación” tiene una connotación tan negativa a nivel social, que pocos son los candidatos que se atreven a mencionarla en campaña. Pero la alternativa de un tipo de cambio desdoblado, que permita a los productores un precio acorde a las necesidades de la actividad, es una alternativa que los equipos técnicos de al menos dos de los presidenciables que marchan adelante en las encuestas, ya evalúan por lo bajo.

En cuanto a los Hidrocarburos, las características del problema son diametralmente opuestas. Se trata de una actividad rentable, capaz de generar su propio circuito de valor, y aun de derramar recursos sobre el resto de la economía regional. Tanto es así que la administración de la provincia de Neuquén, no deja de gastar a cuenta, tomando deuda sobre el potencial de la actividad petrolera, para hacer frente a los gastos corrientes.

El verdadero problema del shale oil, no es la escasa rentabilidad, sino el monto de las inversiones necesarias para que el “boom” que las autoridades no dejan de anunciar con bombos y platillos, deje de ser una promesa y empiece a verse reflejado en los resultados de la producción.

La envergadura de las inversiones necesarias se cuenta por miles de millones de dólares. Ese nivel de inversiones no se hará presente en el país con un tipo de cambio atrasado como el actual, y restricciones de todo tipo a la libertad de empresa.

Un ejemplo paradigmático es el anuncio realizado por el gobernador Sapag el último mes, cuando dio cuenta del acuerdo de inversión con tres empresas: YPF, Wintershall y PAE.

El mismo prevé una inversión de 38.000 millones de dólares a 20 años. Pero en la “primera etapa”, proyecta una inversión de 1.380 millones en tres años.

Es decir que si se traduce el “mega” acuerdo de inversión anunciado, cada empresa aportará 460 millones de dólares en los próximos tres años, o lo que es lo mismo, algo más de 150 millones de dólares por año.

Quienes entienden de la actividad, conocen que esa suma es apenas lo que las empresas necesitan para mantener operativos los pozos que ya tienen en actividad.

¿Puede esperarse que el nuevo gobierno logre una entrada de inversiones productivas al sector, que verdaderamente ponga en marcha el potencial de Vaca Muerta?

Seguramente lo intentará, cualquiera sea el candidato que se imponga en octubre. Ninguno de los posibles presidentes esta ajeno al carácter estratégico que tiene la cuenca neuquina en la política energética nacional.

Cierto es también, que la capacidad de endeudamiento que tendrá la Argentina desde 2016 es buena, dado el bajo peso que tiene hoy la deuda externa en relación al producto bruto interno.

Tan cierto como que quienes opten por traer su capital al país esperaran antes de hacerlo, señales concretas de que su inversión podrá recibir el retorno adecuado. Y una condición sine quanon para que ello suceda, es contar con un tipo de cambio competitivo a nivel internacional.

Javier Lojo – Diego Penizzotto