“¡Qué mala sangre!”
La solidaridad es una virtud, que no busca ni requiere gratitud ni gesto alguno de recepción. Constituye una actitud altruista que emana de lo profundo del ser. Como colaborador del grupo voluntario de una institución de salud se me encomendó la tarea de trasladar a una anciana, con una discapacidad y una enfermedad en tratamiento, hasta la sede de un banco en el centro de la ciudad a efectos de realizar la gestión de cobro de sus haberes. A sabiendas de la prohibición de estacionar en el área bancaria de 8 a 14, detuve mi vehículo particular en la puerta de dicho banco el viernes 5 de julio a las 12:30. Le di aviso de inmediato a un inspector de Tránsito, de la Municipalidad de Neuquén, de cuál sería el motivo de mi detención en ese lugar y a esa hora, debiendo ayudar a bajar del auto, subir los escalones de la vereda (calle Juan B. Justo), ingresar al banco y contactar a un auxiliar de la entidad para que procediera a atender a la señora que había llevado. Una vez que fue atendida, lo que ocurrió de inmediato, volví al vehículo con la intención de removerlo del lugar y, ¡oh sorpresa!, la infracción labrada por estacionar en lugar y horario prohibidos estaba sujeta al limpiaparabrisas. La primera reacción fue pensar en un malentendido, pero inmediatamente me di cuenta de ¡qué mala sangre!, ¡qué mala sangre! Obviamente, ya pagué los $220 ya que intentar hacer un descargo sólo incrementaría sus arcas. Juan Cristóbal Díaz Ortiz DNI 13.254.281 Neuquén
Juan Cristóbal Díaz Ortiz DNI 13.254.281 Neuquén