“Que no le arruine la vida a nadie más”
El llamado “criminal de las rutas”, José Antonio Zapata, fue juzgado ayer por violar a una turista en medio de un brutal robo en Roca. Confesó todo. La querella pidió 20 años de condena.
César Izza
Caía la noche del 14 de enero de 2012. Los novios habían partido temprano desde Córdoba hacia un viaje soñado: iban a Ushuaia y desde ahí, durante un mes, recorrerían todo el sur argentino. Pero no llegaron. Cuando estaban a 5 km al norte de Roca, por la Ruta 6, cayeron en una emboscada que cambió sus vidas para siempre. José Antonio Zapata y su sobrino, por entonces de 17 años (ya condenado en otro juicio por este caso), los atacaron con armas, los llevaron a un cañadón, los amenazaron de muerte. A él lo golpearon, lo ataron con firmeza de pies y manos y lo taparon con una manta. Sólo así podrían reducir a un hombre joven que los superaba por mucho en peso y altura. A ella la violaron reiteradamente, los dos. Casi cuatro horas duró el tormento. Al final les robaron todo lo que pudieron y los abandonaron en medio de la noche, heridos, desgarrados.
“Yo no quería gritar porque sino mi novio iba a reaccionar y lo iban a matar; se ensañaron conmigo”, dijo ella ayer en el juicio, con la valentía y el dolor de contar lo sufrido frente a los jueces y al propio Zapata, quien permaneció inmutable en el banquillo, con la mirada perdida, ante la enumeración de las atrocidades que él mismo reconoció haber cometido. “Yo dije ‘la han abusado’, porque cuando la dejaron volver al lado mío se quedó callada y solamente me agarraba fuerte”, relató él. “Que se haga justicia es lo único que pido, por ella, que es la que más sufrió”, dijo al terminar su declaración.
Durante el resto de la audiencia los novios permanecieron abrazados, tomados de las manos, secándose las lágrimas y dirigiendo esporádicas miradas fulminantes hacia el acusado, custodiado por seis policías.
“Él no entiende el valor de la vida, sino no le hace eso a una persona”, lanzó la joven a Zapata casi al final de su testimonio, antes de pedir a los jueces que lo condenen. “No quiero que le arruinen la vida a ninguna mujer más, ni él ni el sobrino. A mí ya me la arruinaron. No se merecen estar presos, se merecen la tortura”, sostuvo. Y por último recalcó que a raíz de las violaciones contrajo el virus del HPV, lo que la obligó a someterse a varias operaciones.
Casi todas las cosas que les robaron esa noche aparecieron dos semanas después, cuando la Policía allanó la casa de Zapata en la Ruta 151 investigando el homicidio del odontólogo Héctor Parlanti, ocurrido el 7 de enero. “Sólo quiero la notebook, la cámara de fotos y una lata que me había pintado mi hija. El resto, que lo donen a una iglesia”, dijo el hombre. (Redacción central)
César Izza
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