“¿Qué nos pasó, cómo ha pasado?”

El domingo 7 fui a Caviahue a ver lo que fue un espectáculo deportivo realmente impresionante del que debo destacar varias cosas. Primero, la capacidad de gestión de APE, la gran familia que se mueve alrededor del enduro, que sumada al esfuerzo de los organizadores resultó en un espectáculo no muy fácil de ver en latitudes como la que me ocupa. El año pasado también fui –siempre impulsado por mi pasión por las dos ruedas– y, si bien la organización fue igual, la sorpresa y la falta de experiencia que semejante acontecimiento provocó en la comunidad dueña de las tierras donde se realiza el espectáculo hizo que todo lo referente a la asistencia de catering, para englobarlo con una palabra, no fuera del todo bueno, pero este año demostraron que aprendieron rápido y cambiaron sustancialmente: había una buena provisión de todo lo que los aficionados pudieran demandar a la hora de un almuerzo reparador. El día, como a pedido de todos, enmarcó una fiesta del motociclismo. En este marco, mientras disfrutaba de lo relatado observé, en lo que podría describir como la entrada al parque cerrado, un mástil donde ondeaban dos banderas, la de la comunidad por sobre la bandera argentina, y comencé a pensar, en el momento del armado de toda la infraestructura, quién habría dejado pasar ese “detalle”. Les comento que para mí y para muchos a los que les comenté lo vivido y les mostré la fotografía que comparto con los lectores tampoco fue un detalle. A la comisión directiva de APE, máxima responsable del evento, ¿no se le ocurrió que no podía ser que la bandera nacional estuviera en su territorio, Argentina, debajo de una –por lo pronto– no reconocida por la comunidad internacional? Vienen a mi mente frases que golpean mi memoria desde la escuela, donde se fijan los principios de respeto por los símbolos patrios; cito sólo una: “…no ha sido atada jamás al carro triunfal de ningún vencedor de la Tierra”. La comunidad que enarboló su bandera por sobre la del país que la “contiene”, nunca tan justa la palabra, ¿lo habrá hecho en actitud desafiante o será producto del desconocimiento? ¿Qué autoridad debe tomar determinación al respecto? Cuando vi banderas comunitarias siempre fue en un mástil separado y ¡jamás! nada por sobre la nacional, las provinciales siempre subordinadas a la nacional, la de todos. No quiero seguir discurseando porque da para mucho, sólo deseo que mi observación sirva para que no sea un “detalle”, para que esto no se tenga como algo sin importancia, como “mirá en lo que se fija éste con todo lo que laburamos”. No se equivoquen, estas cosas también son importantes y nuestros hijos miran y no hacen lo que decimos: copian lo que ven que hacemos. Felicito a APE por su capacidad de organización y de juntar a la “familia” y a la comunidad, por su fuerza y velocidad de respuesta para aprovechar una oportunidad y transformarla en un recurso genuino. Pero allá arriba todos, absolutamente todos, debemos tener la celeste y blanca, para que no se cumpla la frase de Víctor Heredia que dice: “De las banderas sólo jirones; de los morriones / empenachados, sólo un revuelo desmadejado de dolor. / ¿Qué nos pasó, cómo ha pasado? / ¿Qué traidor nos ha robado / la ilusión del corazón? / Creo que quiero cerrar los ojos / para no ver los despojos de lo que tanto / amaba entonces”. Heriberto Horacio Martínez DNI 11.510.698 Las Lajas

Heriberto Horacio Martínez DNI 11.510.698 Las Lajas

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