“Quiero que mi hijo descanse en paz” pidió la madre

“No quiero más mentira” remarcó Julieta Vinaya ante los jueces, mientras que Laura Vinaya agregó que “sin verdad no vamos a tener justicia”.

Redacción

Por Redacción

Caso Atahualpa

“Un 22 de julio del 88 parí a mi hijo y estuvo conmigo 19 años. Hoy tendría que haber regresado de Cuba recibido de médico. Hace más de siete años que quiero la verdad sobre quiénes y por qué lo mataron para que descanse en paz”. Ese fue el pedido de Julieta Vinaya ayer ante los jueces del STJ.

Tras señalar desinterés por si los culpables quedan adentro o afuera dijo “no quiero más mentiras, que me palmeen la espalda y que me digan te acompañamos. Quiero que trabajen y los que están acá cobran muy bien para eso”. Julieta y su familia se informaron sobre esta audiencia por la publicación del domingo del diario “Río Negro” y ayer hubo presión para ingresar a la audiencia. “¡Esta es otra trampa más!” gritaron familiares en el hall de ingreso a Tribunales cuando sólo permitían la participación de Julieta en la audiencia por razones de espacio. Luego fue habilitado el auditorium y el ingreso de familiares, amigos y la prensa.

Laura Vinaya, prima de Atahualpa, también se dirigió a los jueces en la audiencia para sostener que “es fundamental como prueba la campera que la fiscal Zágari sabía que tenía sangre de Atahualpa desde diciembre de 2008 y, sin embargo, comenzó a trabajar sobre ella en 2011. Nunca supimos que esa sangre era de Atahualpa hasta el año pasado. Es la única prueba que existe y no fue peritada como corresponde para tomarla o descartarla para determinar si hubo responsabilidad de estas tres personas”. Recordó que la familia quedó fuera de la querella por una cuestión de abogados y apeló al sentido común de los jueces para tener respuestas de por qué esa campera tenía sangre de Atahualpa y fue encontrada en la casa de Carrasco, así como el motivo por el cual lo mataron.

“Para nosotros esas respuestas son las que llevan a la verdad y sin verdad no vamos a tener una justicia. Atahualpa era un joven estudiante que merece la misma atención que cualquier otro ciudadano. Sin embargo, en estos siete años de trabajo por esta causa y las que permanecen aún impunes en esta provincia nos damos cuenta que hay un hilo conductor en todas ellas: jóvenes y pobres que pertenecen a clases sociales relegadas y eso hace que la provincia no trabaje como corresponde. Lo sabemos por estos siete años que golpeamos puertas como mendigos pero somos una familia digna y necesitamos dignamente saber la verdad y no hablo de las cuestiones legales sino del sentido común”.

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