Ranchos en la cordillera, refugio de los más buscados

Redacción

Por Redacción

Vivir, morir o caer como prófugo

“Hay gente que vive de tener aguantaderos en ranchos muy precarios, cerca de la frontera con Chile. Los usan prófugos, contrabandistas y ‘transas’. Les dejan un tambor lleno de leña, una caja con latas de conservas y alimentos no perecederos, varios colchones y frazadas, y ahí los tipos pueden pasar varios días, hasta que las condiciones del tiempo les permiten pasar la frontera caminando”. Eso lo constataron los investigadores de Roca que fueron tras los pasos de un prófugo al que finalmente atraparon en Chile y así lo cuenta el propio jefe de la Brigada, Alejandro Fuentes.

La captura de Juan Sebastián Arbeloa, uno de los sospechosos del doble crimen narcomafioso que ocurrió en Chichinales en marzo, fue toda una aventura de riesgo. El comisario, un oficial y un subalterno, todos con varias capacitaciones en operaciones especiales, se adentraron en el bosque cordillerano hasta encontrar el puesto de troncos y nailon, camuflado entre los árboles, cerca de Villa Pehuenia, donde se habían escondido Arbeloa y otro de los sospechosos, Jonatan Beltrán.

El segundo “perdió” ahí mismo, en la primera incursión policial, pero para entonces el primero ya había logrado pasar a Chile a pie, cerca del paso Icalma. Gracias a un trabajo conjunto entre la Policía Rionegrina, los Carabineros y la PDI de Chile Arbeloa fue detenido en Pitrufquen, un pueblito pintoresco ubicado a 140 km al oeste de la frontera. “Estaba reflaco; llevaba dos meses escondiéndose”, describió Fuentes.

Los roquenses salieron con una orden de captura de Interpol en mano y con el apoyo de los investigadores chilenos tenían altas expectativas de encontrarlo. Llegaron en auto a la zona de los ranchos, que sirven tanto como puestos de veranada para los crianceros como de escondite para criminales. Quienes están “en el ambiente” saben cómo contactar a los dueños y cómo hacerles llegar el pago.

“Habíamos conseguido muy buenos datos en la primera incursión, cuando detuvimos a Beltrán, y en la segunda íbamos decididos a encontrarlo”, relató el comisario. Apenas con una mochila al hombro el prófugo cruzó caminando por un bajo en el paso fronetrizo, a unos 10 km de Pehuenia. Cerca de ahí, a sólo 18 km, también está el Paso del Arco, que es tan bajo que hasta se convirtió en atractivo turístico.

“Es una zona muy amplia; por más que Gendarmería y Carabineros la recorran todos los días, tiene muchos senderos que permiten pasar a pie cuando todavía no hace tanto frío”, describió. Aunque distinta es la suerte de los que, desesperados, se lanzan a pasar ya entrado el otoño o incluso en invierno. “Los carabineros nos contaron de hombres que han muerto congelados por querer pasar”, recordó.

En Pitrufquen, Arbeloa ya se había integrado con otros tres sujetos y estaba en una casa más o menos confortable pero que no dejaba de ser un “aguantadero”. No ofreció resistencia cuando los carabineros rodearon el inmueble en medio de un oportuno operativo antinarcóticos. Previa expulsión del país por haber entrado de manera ilegal, los agentes de la PDI lo trasladaron hasta el paso aduanero de Icalma. Y apenas puso un pie en territorio argentino lo detuvo Migraciones por el “rojo” en las alertas de Interpol. Luego, los trámites de rigor entre la Justicia federal y el juez del doble crimen permitieron a los policías de la Rionegrina trasladar a Arbeloa de regreso al Valle.


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