Realidad, transformación y resistencia

Para tener una fuerza respetada se requieren estructuras modernas, más transparencia y cercanía con la comunidad

Redacción

Por Redacción

Este primer año de gestión en la Policía de Río Negro nos encuentra inmersos en un proceso de transformación, de reforma legal y de modernización tanto de su estructura como de sus prácticas.

Necesitamos una Policía respetada por toda la ciudadanía y para ello debemos dotarla de profesionalidad, prestigio y consideración social. Darle las herramientas para que ello suceda es obligación de los dirigentes políticos.

Necesitamos poner cada comisaría como centro de la estructura policial, todo el andamiaje administrativo debe estar en función del trabajo que se desarrolla en cada unidad. Debemos establecer mecanismos disciplinarios más eficientes y que respeten acabadamente los derechos de los efectivos, abrir los legajos de nuestros jefes para que la sociedad pueda conocer la trayectoria de los mismos, incorporar mecanismos de evaluación y ascenso que premien la capacitación y crear escalafones específicos dentro de los cuales quienes se capaciten puedan desarrollar toda su carrera.

No podemos seguir alimentando una estructura en la cual los efectivos un año controlan el tránsito, al año siguiente investigan delitos, homicidios, robos o tráfico de estupefacientes; al año siguiente administran recursos económicos de varios millones y hasta en algún momento cumplen funciones como choferes.

Tenemos un diseño institucional que se dice descentralizado pero que en los hechos lejos ha estado de funcionar para facilitar el trabajo de cada comisaría. Nuestros efectivos sienten que las respuestas a sus necesidades siempre están a varios kilómetros. Esto ha originado mecanismos de solidaridad comunitarios ya no para apoyar la comisaría de la zona sino para sostener en cuestiones esenciales el funcionamiento de las dependencias. La razón de ser del funcionamiento administrativo de la Policía tiene que estar al servicio de cada unidad operativa.

No podemos seguir sosteniendo un régimen disciplinario tan engorroso, centralizado y lento que termina generando el uso del traslado como método sancionatorio, originando el desarraigo de los efectivos, lesionando los vínculos familiares y afectando económicamente a los efectivos.

Debemos darles a los vecinos la posibilidad de saber de dónde viene su comisario, en qué se capacitó y cuáles son sus habilidades. Ello permitirá sumar al control jerárquico el control social de la comunidad.

Necesitamos revalorizar a nuestros efectivos, respetar sus derechos, premiar a quienes desempeñan ejemplarmente sus tareas y poder revisar nuestros errores para mejorar.

Pero lo enunciado, para su concreción, además de una reforma legislativa requiere consensos, tal como reiteradamente lo sostiene nuestro gobernador Alberto Weretilneck. Consensos internos, con nuestros efectivos, y externos, con la sociedad toda.

Por ese motivo hemos avanzado en un proceso de debate, requiriendo la opinión de todos.

En este proceso de construcción de consensos sociales los medios de comunicación son actores centrales.

La sociedad en parte nos mira, nos ve y nos escucha a través de los medios y ellos no son actores imparciales: juzgan, opinan, critican, apoyan, respaldan, acompañan.

También las organizaciones sociales tienen un rol fundamental. No debieran poder quedar al margen de un proceso de reforma. No es justo para la sociedad a la que dicen representar ni para los propios policías a quienes diariamente se les reclaman prácticas laborales distintas. Si decimos que queremos transformar la sociedad, estas organizaciones debieran hacer sentir su voz en el momento y en el lugar que correspondan.

Resistencias

Cuando asumí este desafío imaginé que iba a encontrar muchos obstáculos. Supuse que encontraría resistencias, y así fue. Encontramos dudas, temores y reacción frente al cambio por parte de algunos sectores internos de la propia Policía. Explicamos hasta el cansancio el camino a recorrer y poco a poco logramos sumar la voluntad mayoritaria de nuestros efectivos.

Pero también encontramos resistencias externas de quienes en teoría comprenden que el problema de la seguridad es multicausal y que la Policía es una pieza del armado de la seguridad pero no la única.

Sectores que, sin embargo, recurrieron rápidamente a las fórmulas simplistas de pedir más efectivos policiales, como si existiera un lugar donde hubiese policías guardados, como si la falta de más efectivos no fuera una consecuencia estructural de la crisis de desprestigio que padece la institución.

La Policía hoy está comprometida en un proceso de transformación y para ello necesita el acompañamiento y el compromiso de todos los actores de la sociedad.

(*) Abogado, jefe de la Policía de Río Negro. Primer civil a cargo de la fuerza en la provincia

Ariel Gallinger (*)


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