Resistencia a heladas

La podemos aumentar con medidas simples y sentido común.

Redacción

Por Redacción

Dentro de las innumerables especies de plantas que solemos cultivar en nuestros jardines, no me caben dudas de que las que más nos atraen son las de lugares distantes y exóticos, generalmente oriundas de regiones climáticamente más favorecidas. Invariablemente, cada otoño, enfrentamos el problemón de qué hacer con ellas para que las heladas no nos “hagan de goma” los esfuerzos de meses o años. En la nota anterior destacamos la importancia de saber qué lugar del jardín podemos destinar para cultivar al aire libre esas “joyitas”. Lo ideal son sitios reparados del viento frío del suroeste y que reciban sol en invierno, en lo posible con la “espalda” cubierta de paredes de ladrillos sin revoque, que son las que más calor acumulan. Veamos ahora cómo podemos prepararlas para aumentar su poca resistencia al frío. CORTEZA PROTECTORA Una planta adulta, con el tronco cubierto de corteza, tendrá muchas más defensas que la misma planta en estado juvenil y con la mayor parte de sus tejidos tiernos, acuosos y expuestos al frío. La corteza es la defensa natural de la planta como el cuero en los animales y cuanto más densa sea, más protege. Plantas leñosas sensibles como los ceibos, jacarandás y cítricos, a medida que crecen se van protegiendo a sí mismas y por lo general las heladas sólo afectarán sus partes tiernas, que se eliminarán con una poda “quirúrgica” luego de la brotación primaveral. EFECTO CAÑERíA Las heladas actúan en los tejidos congelando el agua que contienen, como si fueran cañerías. El hielo que se forma en las células y tejidos provoca lesiones que dejan escapar la savia, produciendo así la posterior deshidratación… ergo, en la medida que logremos disminuir ese contenido de agua, el riesgo baja. Por ello, consejo número uno… en esas plantas, mayoritariamente de follaje perenne, mezquinar el riego a partir de este momento. Procurar que el suelo esté apenas húmedo de modo que las raíces no se deshidraten porque, si ellas se mantienen vivas hasta la próxima primavera, es muy probable que la planta se salve o rebrote. Sigamos con el consejo número dos… nada de fertilizaciones, especialmente las nitrogenadas, que son un incentivo a absorber agua y promueve el crecimiento. En otoño, las plantas se preparan para el descanso invernal y no quieren crecer sino “dormitar” y esas ramas serán “aguachentas” y muy sensibles a frío. Unido a ello, el consejo número tres… nada de podas. Una poda tiene el mismo efecto negativo que una fertilización, ya que la planta buscará reponer lo que perdió. Por otro lado, le estaremos quitando alimento conservado en esas ramas y que querrá usar en la primavera para brotar, de modo que el daño será doble. Y la cuarta medida ya es del tipo “esotérica”… prendamos una vela a San Benito para que las heladas no sean muy fuertes, como nos sucedió en 2007, con -18°C a campo, y que nos dejó enseñanzas de cuál es el límite que podemos esperar.

Sitio ideal para este limonero, con el frente orientado al sol y reparo total.

TEODORICO HILDEBRANDT ELJARDIN@RIONEGRO.COM.AR

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