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Redacción

Por Redacción

Fernando Gutiérrez, de 31 años, procesado y sin condena alguna todavía, es el más viejo, o mejor el menos joven, entre los “peligrosos delincuentes” fugados de una cárcel neuquina el 28 de agosto pasado. Nació en 1972, cuando el Movimiento Popular Neuquino, con Felipe Sapag y el hoy senador de la Nación Pedro Salvatori gobernaban la provincia en nombre de una dictadura militar, la de la Revolución Argentina. Gutiérrez, por lo tanto, no tuvo al nacer el auspicio de los buenos ejemplos. El ministro de Desarrollo Social, Jorge Lara, dijo de los evadidos, como para corroborar lo de la peligrosidad, que “no son nenes de pecho”. Para los ciudadanos que respetan la ley -entre quienes a veces no están los funcionarios públicos- un delincuente, así sea el que roba una bicicleta, es un riesgo. Peor si usa armas. Pero para los chicos pobres, de esos llamados “de la calle”, la sociedad de carencias en la que tratan de sobrevivir también es un riesgo. Se los llama, por eso mismo, “menores en riesgo”. Y en los últimos años, en particular en la última década, el riesgo alcanzó tal magnitud que los convirtió en víctimas. El delincuente no es alguien que nace malo, signado por el pecado original. Tampoco es una persona inexorablemente empujada por condiciones de vida adversas a cometer delitos porque hay quienes, en esas mismas condiciones, no se entregan al delito. Pero cualquiera puede ver que el espacio que ofreció la Argentina para vivir dignamente dentro de la ley no alcanzó para todos. Un niño puede empezar robando algo para comer y terminar matando. De menor a mayor, el más chico de los fugados es Carlos Adrián Arrebol, de 18 años. Cuando, en 1991, Lara asumió por primera vez como ministro de Salud y Acción Social (hoy Desarrollo Social), Arrebol tenía seis años. Tecker y Oleosiuk ocho. Maza nueve, Cruz Contreras diez, y así. Eran todos chicos los hoy “peligrosos delincuentes”. ¿Vivían entonces aquí o, como le gusta decir el ministro de Gobierno, Oscar Gutiérrez, son de esos que viven en la República Argentina y vienen a robar a este paraíso de prosperidad que es Neuquén? Atrevámonos a suponer que todos los evadidos de esa cárcel -donde en los días previos se morían de frío- son de aquí. Tan de aquí como una norma constitucional que Lara, al parecer, desconoce. Es la del artículo 24: “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección del Estado…La maternidad y la infancia tendrán derecho a la protección especial del Estado. Todos los niños nacidos del matrimonio o fuera del matrimonio tendrán derecho a igual protección social…”. Y lo mejor -o peor del caso, según como se lo vea- es que la Constitución no deja a los menores ahí. Porque para cuando ya son grandes prevé (artículo 52) que el trabajo “es un deber social y un derecho reconocido a todos los habitantes”. Todo periodista responsable debería tener un ejemplar del Código Penal en su biblioteca. Sea para el control de licitud de la conducta de los funcionarios públicos, o para el de las propias. Tratándose de los funcionarios, hay un delito, el tipificado como “violación de los deberes de los funcionarios públicos”, previsto en el artículo 248, que castiga con prisión e inhabilitación a aquel que “no ejecutare las leyes cuyo cumplimiento le incumbiere”. Lara hace, o consiente, algunas cosas que no le incumben. Tal vez le incumban en su condición de ferviente militante de la causa del gobernador, pero no así en la de ministro de un área que incluye el cuidado de los chicos. Está a la vista de cualquiera que circule por el centro y por los arrabales de la ciudad que hay muchos chicos descuidados. Seguramente, el ministro también los ve. De ahí que en su cartera exista -o haya existido- un programa llamado “Creciendo fuertes y sanitos”. Es seguro que, sin necesidad de recurrir al amparo de ese programa, los hijos de nuestros gobernantes han crecido fuertes y sanitos. Contaron, algunos, con el cuidado de sus padres y tuvieron un lugar en el presupuesto provincial. Pero no ha sido ése el caso de los hijos de tanto pobre como hay en Neuquén, que se multiplican por miles (¿por decenas de miles?) Es verdad que no son bebés de pecho los evadidos de la cárcel que con temperaturas bajo cero no tenía calefacción. También lo es que el trato a los presos no compete al ministro Lara sino a la subsecretaria Alicia Comelli, hoy en campaña electoral junto con el gobernador. Bebés de pecho son, en cambio, los que en el oficialismo están firmemente prendidos a la teta del Estado. Un ejemplo es ‘Zapallito’ Molina, conocido de Lara, y mucho más la nutrida lista de deudores morosos del banco provincial, en la que ocupan un lugar de honor el gobernador Sobisch y el mismísimo partido oficial: el grande, el invencible, el eterno Movimiento Popular Neuquino.


Fernando Gutiérrez, de 31 años, procesado y sin condena alguna todavía, es el más viejo, o mejor el menos joven, entre los “peligrosos delincuentes” fugados de una cárcel neuquina el 28 de agosto pasado. Nació en 1972, cuando el Movimiento Popular Neuquino, con Felipe Sapag y el hoy senador de la Nación Pedro Salvatori gobernaban la provincia en nombre de una dictadura militar, la de la Revolución Argentina. Gutiérrez, por lo tanto, no tuvo al nacer el auspicio de los buenos ejemplos. El ministro de Desarrollo Social, Jorge Lara, dijo de los evadidos, como para corroborar lo de la peligrosidad, que “no son nenes de pecho”. Para los ciudadanos que respetan la ley -entre quienes a veces no están los funcionarios públicos- un delincuente, así sea el que roba una bicicleta, es un riesgo. Peor si usa armas. Pero para los chicos pobres, de esos llamados “de la calle”, la sociedad de carencias en la que tratan de sobrevivir también es un riesgo. Se los llama, por eso mismo, “menores en riesgo”. Y en los últimos años, en particular en la última década, el riesgo alcanzó tal magnitud que los convirtió en víctimas. El delincuente no es alguien que nace malo, signado por el pecado original. Tampoco es una persona inexorablemente empujada por condiciones de vida adversas a cometer delitos porque hay quienes, en esas mismas condiciones, no se entregan al delito. Pero cualquiera puede ver que el espacio que ofreció la Argentina para vivir dignamente dentro de la ley no alcanzó para todos. Un niño puede empezar robando algo para comer y terminar matando. De menor a mayor, el más chico de los fugados es Carlos Adrián Arrebol, de 18 años. Cuando, en 1991, Lara asumió por primera vez como ministro de Salud y Acción Social (hoy Desarrollo Social), Arrebol tenía seis años. Tecker y Oleosiuk ocho. Maza nueve, Cruz Contreras diez, y así. Eran todos chicos los hoy “peligrosos delincuentes”. ¿Vivían entonces aquí o, como le gusta decir el ministro de Gobierno, Oscar Gutiérrez, son de esos que viven en la República Argentina y vienen a robar a este paraíso de prosperidad que es Neuquén? Atrevámonos a suponer que todos los evadidos de esa cárcel -donde en los días previos se morían de frío- son de aquí. Tan de aquí como una norma constitucional que Lara, al parecer, desconoce. Es la del artículo 24: “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección del Estado...La maternidad y la infancia tendrán derecho a la protección especial del Estado. Todos los niños nacidos del matrimonio o fuera del matrimonio tendrán derecho a igual protección social...”. Y lo mejor -o peor del caso, según como se lo vea- es que la Constitución no deja a los menores ahí. Porque para cuando ya son grandes prevé (artículo 52) que el trabajo “es un deber social y un derecho reconocido a todos los habitantes”. Todo periodista responsable debería tener un ejemplar del Código Penal en su biblioteca. Sea para el control de licitud de la conducta de los funcionarios públicos, o para el de las propias. Tratándose de los funcionarios, hay un delito, el tipificado como “violación de los deberes de los funcionarios públicos”, previsto en el artículo 248, que castiga con prisión e inhabilitación a aquel que “no ejecutare las leyes cuyo cumplimiento le incumbiere”. Lara hace, o consiente, algunas cosas que no le incumben. Tal vez le incumban en su condición de ferviente militante de la causa del gobernador, pero no así en la de ministro de un área que incluye el cuidado de los chicos. Está a la vista de cualquiera que circule por el centro y por los arrabales de la ciudad que hay muchos chicos descuidados. Seguramente, el ministro también los ve. De ahí que en su cartera exista -o haya existido- un programa llamado “Creciendo fuertes y sanitos”. Es seguro que, sin necesidad de recurrir al amparo de ese programa, los hijos de nuestros gobernantes han crecido fuertes y sanitos. Contaron, algunos, con el cuidado de sus padres y tuvieron un lugar en el presupuesto provincial. Pero no ha sido ése el caso de los hijos de tanto pobre como hay en Neuquén, que se multiplican por miles (¿por decenas de miles?) Es verdad que no son bebés de pecho los evadidos de la cárcel que con temperaturas bajo cero no tenía calefacción. También lo es que el trato a los presos no compete al ministro Lara sino a la subsecretaria Alicia Comelli, hoy en campaña electoral junto con el gobernador. Bebés de pecho son, en cambio, los que en el oficialismo están firmemente prendidos a la teta del Estado. Un ejemplo es ‘Zapallito’ Molina, conocido de Lara, y mucho más la nutrida lista de deudores morosos del banco provincial, en la que ocupan un lugar de honor el gobernador Sobisch y el mismísimo partido oficial: el grande, el invencible, el eterno Movimiento Popular Neuquino.

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