“Ruidos enfermantes”

Por Redacción

En la ciudad de Neuquén, como en todo el país, cada día se suman más vehículos al tránsito, lo cual es fuente de diversos efectos, convenientes algunos y perjudiciales otros. Entre estos últimos están los ruidos molestos que generan algunos vehículos. Y digo “ruidos molestos” por usar una expresión tradicional, aunque algunos bien podrían ser calificados de “enfermantes” o “morbigenos”. Es digno de ser destacado que en general los vehículos de cuatro ruedas, como automóviles y análogos, no generan casi ruidos o son muy atenuados por los sistemas de escape que traen instalados de fábrica. Pero desgraciadamente ése no es el caso de las motocicletas que, aunque son equipadas con silenciadores, o bien dejan de ser eficaces en muy breve plazo o son removidos por sus propietarios. Piénsese en una moto, sin escape y acelerada a fondo, circulando de noche en la ciudad: el agudo ruido que produce despierta a personas que descansan en todas las viviendas ubicadas al menos hasta cien metros hacia ambas direcciones de la calle en que circula. En un barrio de casas bajas eso significa por lo menos veinticuatro viviendas, lo que importa a un promedio de 50 personas, y en zonas de edificios altos de departamentos implica que afecta tal vez a unos doscientos, en los que viven unas 400 personas que serían despertadas o afectadas de diversas formas. Ello si la moto estuviera acelerando detenida… pero, como esa moto con escape libre no está detenida sino que va circulando, digamos a 40 kilómetros por hora –o sea más de seis cuadras por minuto–, la cantidad de personas afectadas resulta de 300 a 2.400 por minuto. Calcúlese el número de personas percutidas por los terribles rugidos de una moto que transite durante media hora por la ciudad. Pero como en ciertos días, como los fines de semana, “salen de paseo” muchas motos, es fácil deducir que los efectos son demasiado generales, preocupantes y, por ello, graves. Creo que no hace falta mencionar que no se trata sólo de que esos ruidos molestan a algunas personas muy sensibles, sino que la contaminación sonora tiene efectos nocivos sobre la salud de toda la gente, más allá del impacto consciente que pueda tener sobre cada uno. Además, el hecho de interrumpir el sueño genera una nueva cadena de efectos nocivos, como cansancio en la jornada siguiente, bajo rendimiento laboral, estrés elevado, incremento de accidentes, etcétera. Este tipo de contaminación ambiental puede y debe ser combatido, tal vez en forma excluyente, por la autoridad municipal. Las normas sancionatorias existen, sólo hace falta aplicarlas. Posiblemente no se necesite usar decibelímetros, ya que muchas veces se puede comprobar a simple vista la carencia de silenciadores en los caños de escape y en otras ocasiones con la sola aceleración del motor se puede comprobar el excesivamente alto nivel del ruido producido. Esas características deberían generar la aplicación de multas, de forma que resulte onerosa la conducta antisocial de despertar y molestar a tantos vecinos para anunciar “aquí voy yo” o atraer las miradas que inflan el ego enfermo de algunos conductores. Una política municipal en ese sentido sería una muy valorable contribución a la salud pública, al descanso nocturno de los ciudadanos y a la racionalidad de las conductas. Enrique Osvaldo Monti DNI 7.574.530 Neuquén

Enrique Osvaldo Monti DNI 7.574.530 Neuquén