Ganadería: por los incendios en la Patagonia, esperan un invierno con escasez de pasto y hay preocupación

Aunque se perdió mucha hacienda por las llamas, los productores creen que lo más grave aún no llegó. Esperan un invierno con menos pasturas en Chubut y Neuquén, debido a la superficie quemada y al consumo anticipado en zonas de invernada.

Por Contenidos CREA*

En la Patagonia se quemaron numerosos campos de invernada con monte natural, lo que compromete la disponibilidad forrajera para los meses fríos. Foto: Parque Nacional Los Glaciares.

Los productores y la población en general de Chubut vienen sufriendo incendios de enormes magnitudes desde diciembre. El fuego provocó pérdidas en la vegetación nativa, con árboles centenarios, pastizales, rodeos vacunos y alambrados, entre otros daños materiales, y complica el panorama productivo hacia adelante.

Sequía e incendios en la Patagonia impactaron en la ganadería


Para Alejandro Samame, titular de la empresa Los Tercos SRL y miembro del grupo CREA Esquel, en la región Patagonia, el momento más crítico se registró durante el último fin de semana de enero, aunque un cambio en la dirección del viento permitió que el fuego se alejara de su establecimiento. La situación lo obligó a anticipar la venta de su hacienda.

Samame posee campos en las localidades de Gualjaina, sobre la costa del río Chubut, y en Cholila, en la precordillera, donde desarrolla sistemas de recría y engorde. Este último establecimiento es el más comprometido, aunque hasta el momento el incendio no ingresó al predio. “Al principio veía que el fuego estaba lejos y pensaba que no iba a llegar. Pero de un viernes, que lo tenía a diez kilómetros, pasó al lunes a la mañana, que lo tuve en el campo del vecino, a escasos mil metros. Solo en esos dos días avanzó diez kilómetros”, relató.

Cuando advirtieron que el incendio estaba fuera de control, la empresa tomó la decisión de vender toda la hacienda de manera anticipada. “Nos adelantamos casi dos meses. Mañana termino de entregar todo. La buena noticia es que anoche llovió”, explicó durante la entrevista realizada el martes 3 de febrero.

El incendio se inició el 9 de diciembre en un bosque del lago Menéndez, como consecuencia de la caída de un rayo, y en las semanas siguientes avanzó hasta afectar cerca de 40.000 hectáreas, a lo largo de casi 40 kilómetros desde su punto de origen. En su recorrido, atravesó ríos y lagos y alcanzó la zona de las veranadas, en cercanías de Esquel.

«La zona atraviesa la peor sequía de los últimos 80 años, con inviernos más cálidos y sin nevadas ni lluvias. Eso hizo que el fuego tuviera un comportamiento distinto al habitual.»

Alejandro Samame, productor agropecuario.

La zona atraviesa la peor sequía de los últimos 80 años, con inviernos más cálidos y sin nevadas ni lluvias. Eso hizo que el fuego tuviera un comportamiento distinto al habitual. La capacidad de avance fue totalmente anormal para lo que estamos acostumbrados”, señaló.

La sequía extrema también impactó sobre los cursos de agua que se forman a partir del deshielo en los campos de veranada, ubicados en zonas altas de cordillera, donde la hacienda pastorea desde diciembre hasta abril o mayo, momento del destete, para luego completar el ciclo en los campos de invernada, donde los animales atraviesan los meses más fríos.

“Con la sequía, los campos de veranada no tuvieron una buena producción de forraje para sostener la hacienda hasta el invierno. Y ahora se suma el fuego. Hoy estamos viendo una foto, pero la película empezó en el invierno pasado y va a terminar dentro de dos años”, advirtió.

En ese contexto, explicó que muchos productores deberán utilizar durante el invierno recursos forrajeros que ya eran escasos. “La gente va a bajar la hacienda y se va a empezar a comer las reservas para el invierno, que ya de por sí eran limitadas. Entonces se van a quedar sin forraje”, señaló.

La grave sequía que afecta a la Patagonia contribuyó a la rápida expansión de los incendios. Foto: gobierno de Chubut.

A este escenario se suma la pérdida de infraestructura. En la primavera, cuando intenten volver a subir los animales a las veranadas para el servicio, se encontrarán con campos sin alambrados ni divisiones internas. “Se quemaron los alambrados y también los puestos. Va a ser muy difícil juntar la hacienda y hacer los trabajos necesarios para lograr buenos índices de preñez y destete”, explicó.

Desde su mirada, el impacto productivo y económico será profundo. “Hoy vemos la imagen del momento, pero en términos productivos esto es mucho más grave. La vida de los productores, su realidad y su economía se van a ver muy afectadas. Se perdió hacienda y muchos animales murieron, pero lo más grave está en el futuro”, afirmó.

El fuego también afectó los bosques de altura, compuestos principalmente por lenga y ñire, y dejó los suelos en condiciones críticas. “Quedan como talco, se planchan y no infiltran el agua. La primera vegetación que aparece es arbustiva, baja y chata”, describió. “Para que esos bosques se regeneren van a pasar muchísimos años. Nosotros no los vamos a ver. Hay sectores del Parque Nacional Los Alerces que ni siquiera un chico que nazca hoy va a llegar a conocer”, lamentó.

Incendios en la Patagonia: alerta temprana en Neuquén


Más al norte de la Patagonia, Mercedes de Larminat, miembro del grupo CREA Cuenca del Agrio, viene atravesando el impacto de los incendios desde fines de 2025 en la localidad de El Huecú, cercana a Copahue, Neuquén, donde desarrolla un planteo de cría vacuna. Si bien las llamas no ingresaron a su establecimiento, el fuego avanzó muy cerca y afectó a campos vecinos.

Uno de los primeros episodios se produjo a mediados de diciembre, tras una tormenta eléctrica. “Cayó un rayo en medio de un pinar de un vecino. Lo vimos enseguida y salimos con un tractor, un tanque y una mochila de agua. Llamé a los bomberos y, por suerte, pudimos controlarlo, porque si no se nos quemaba todo el campo, por el viento que había”, recordó.

Sin embargo, poco después se generó un nuevo foco en la misma zona. “Por la misma tormenta se volvieron a prender pinos a cinco kilómetros y se disparó un incendio grande, en un lugar de muy difícil acceso”, explicó. Como consecuencia, se quemaron numerosos campos de invernada con monte natural, lo que compromete la disponibilidad forrajera para los meses fríos.

De Larminat destacó que el sistema productivo de la región depende fuertemente de esos ambientes: “En nuestra zona, cada estancia tiene un campo de invernada, por debajo de los 1000 metros de altura, y campos de veranada, por encima de los 1200 metros. En primavera se arrean los animales hacia la veranada, y en abril o mayo se baja toda la producción a las zonas de invernada”, detalló. Es clave cuidar esos sitios porque ahí se generan los recursos forrajeros para el invierno.

Los incendios forestales en Neuquén ponen en jaque las pasturas y la ganadería durante el invierno. Foto: archivo

El fenómeno complica a los sistemas a lo largo del tiempo. Entre enero y febrero 2025, el fuego ya había quemado más de 20.000 hectáreas de campos de veranada en el valle de Las Magdalenas, entre Aluminé y Junín de los Andes y, un año más tarde, aún quedan brasas debajo de la tierra. “Hace una semana volvimos a ver humo en la misma zona y eran raíces de araucarias, que son muy profundas, queman muy lento y siguen prendidas abajo. Como tuvimos un invierno muy seco, no alcanzaron a apagarse y de repente vuelve a salir. Es muy terrible”, advirtió.

En respuesta a estos episodios, productores e instituciones locales impulsaron mecanismos de prevención y alerta temprana. La Sociedad Rural de Neuquén y la Fundación Tierras Patagónicas crearon un grupo de WhatsApp para monitorear focos de fuego, que está integrado por unas 200 personas, con referentes de todos los campos, y con participación de los organismos de control.

Esta red fue clave en la última temporada. “Apenas vemos una columna de humo en la montaña, avisamos y mandan a los bomberos, aviones hidrantes y helicópteros. A veces se les escapa, pero esta herramienta viene funcionando muy bien. Al fuego hay que agarrarlo temprano, si no, se va. Y en esta zona, con viento, más todavía”, concluyó.

Incendios forestales en la Patagonioa: daño irreparable en el ambiente


Oscar de Knollseisen es productor de bovinos, con planteos de cría y recría, miembro del CREA Esquel y presidente de la Sociedad Rural de Esquel. Su establecimiento está ubicado a unos 200 kilómetros al sur de la ciudad, en una zona de cordillera, a 12 kilómetros del límite con Chile, en un valle con bosques nativos de ñire, atravesado por los ríos Pico, Las Pampas y Nilson.

Si bien el fuego no alcanzó directamente su zona, como presidente de la entidad rural se convirtió en uno de los principales voceros para informar a la población sobre el avance de los incendios. “Lo que nos ha pasado es una catástrofe. Entre los dos incendios se quemaron unas 50.000 hectáreas en casi dos meses”, afirmó.

El primer foco se inició el 9 de diciembre en el Parque Nacional Los Alerces, a unos 40 o 50 kilómetros al oeste de Esquel, como consecuencia de una tormenta eléctrica. “Cayó un rayo en altas cumbres, en lugares de difícil acceso. Las altas temperaturas, la baja humedad y el viento alentaron el incendio”, señaló.

Desde allí, el fuego avanzó hacia el este y el norte, hasta llegar a la zona de Cholila, donde continúa activo. “Ese incendio todavía está muy fuerte y está amenazando al pueblo. Además, salió del Parque Nacional y se metió en la zona de veranada, que se sigue quemando”, describió.

«Hay tanta sequía en la Patagonia, y sobre todo en nuestra zona, que todo es pólvora. No hay forma de atajar el fuego ni de contener los focos.»

Oscar de Knollseisen, productor agropecuario.

El segundo incendio se originó a comienzos de enero en Puerto Patriada y fue provocado de manera intencional. Avanzó hacia las localidades de El Hoyo y Epuyén, rodeó el cerro Pirque y alcanzó la ruta, donde se registraron daños en viviendas y chacras. “Ese foco hoy está un poco más contenido”, indicó.

En los últimos días, algunas condiciones climáticas brindaron un alivio parcial. “Anoche llovió un poco, bajó la temperatura, hoy está nublado y no hay viento. Pero el domingo fue un caos”, recordó.

De Knollseisen remarcó que la sequía extrema agrava la situación en toda la región. “Hay tanta sequía en la Patagonia, y sobre todo en nuestra zona, que todo es pólvora. No hay forma de atajar el fuego ni de contener los focos. Tenemos frentes que abarcan kilómetros y son muy difíciles de controlar”, advirtió.

El impacto ambiental también es significativo. En el Parque Nacional se quemaron bosques nativos formados por alerces, coihues, lengas y arrayanes. “Estamos hablando de plantas de más de 300 años y 40 metros de altura. Es un bosque que valoramos porque es parte de nuestra identidad. El daño es irreparable”, sostuvo. Hacia el este, se registraron pérdidas en bosques de lenga y ñire, con distintos estratos vegetales, mientras que en el norte se vieron afectadas plantaciones forestales y áreas de monte nativo.

En el plano productivo, indicó que en Cholila muchos productores lograron retirar la hacienda de las zonas más comprometidas. Sin embargo, reconoció que no todos pudieron reaccionar a tiempo. “A algunos los agarró de sorpresa. Todavía no tenemos cuantificadas las pérdidas, porque esto no terminó”, sostuvo.

(*) Contenidos CREA.


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