Hereford, una raza que crece en la Patagonia y pisa fuerte en General Conesa

La 37° Exposición Rural de General Conesa y 14° Exposición Nacional Patagónica Hereford reunió en la pista genética, productores y cabañeros en una muestra que volvió a poner en primer plano el crecimiento de la raza en la región. Entre la jura, los remates y el análisis de quienes conocen de cerca la actividad, apareció una coincidencia: la ganadería patagónica atraviesa un momento de fuerte evolución.

Por Miguel Vergara

Intensa actividad en los corrales de Conesa durante la Jura de Hereford. Foto: Luciano Cutrera.

En la pista de General Conesa, mientras los lotes de hembras Hereford avanzaban frente a la mirada del jurado, Javier Ezcurra detenía por unos instantes el movimiento para explicar qué estaba viendo.

Tres terneras. Mismo tipo. Buena preparación. Lomos anchos, buenos cuartos traseros, color y, en varias de ellas, ubres que ya anticipaban el potencial productivo.

Desde que entró en la categoría me impactó el color, la conformación, como bien anchas, vean sus cuadriles. Vienen llenas de carne hasta abajo, con muy buenas líneas inferiores, con muchas mostrando buenas ubres”, describió el jurado mientras los animales se acomodaban en la pista.

La observación no quedó solamente en la evaluación de esos ejemplares. Ezcurra aprovechó la jura para poner la mirada en lo que viene para este sector productivo. “Creo que estamos viviendo un momento excepcional en la ganadería”, sostuvo.

Y enseguida llevó la discusión hacia uno de los puntos que hoy atraviesan buena parte de las conversaciones entre productores y cabañeros: la necesidad de producir más carne, sin perder las características que hicieron fuerte a la raza.

Necesitamos nuestra fábrica, que son las vacas, y creo que cada vez el mundo y los mercados nos van a pedir y nos van a demandar mayor calidad de carne”, señaló.

Javier Ezcurra, en la Jura de Hereford en la tarde del sábado. Foto: Miguel Vergara.


Para el jurado, el escenario que viene también plantea animales capaces de entregar más kilos. “Creo que vamos camino a un novillo de exportación un poco más pesado”, afirmó. Pero ese proceso, aclaró, no implica abandonar el biotipo que caracteriza al Hereford argentino.

Acá tienen las herramientas. Las tenemos sin perder el color, sin perder el biotipo del Hereford que nos gusta, este productivo, con buena pigmentación y demás”, remarcó.

La pista de General Conesa ofrecía, en ese sentido, una imagen concreta de esa búsqueda. Animales con estructura, volumen y feminidad, pero también con rusticidad y adaptación.

Ezcurra puso especial atención en las hembras que estaban frente a él y consideró que ese tipo de vientres pueden convertirse en una base importante para los próximos años.

Ojalá que el mercado premie a este tipo de vaquillonas, porque creo que van a ser los pilares del futuro que se viene: animales seguramente con un poco más de peso, pero sin movernos del biotipo argentino, de la clase, de la rusticidad y demás”, expresó.

La definición resume buena parte de lo que se pudo observar durante la jornada: no se trata solamente de buscar animales más grandes, sino de encontrar el equilibrio entre producción, estructura, funcionalidad y capacidad de adaptación a los ambientes patagónicos.

Una raza que encontró su lugar en la Patagonia



Desde la organización y el ámbito de la raza también se destacó el crecimiento que viene mostrando Hereford en la Patagonia.

Martín Deym, asesor adscripto a la comisión directiva de Hereford Argentina, describió el presente regional con claridad: “Hereford está, digamos, en la Patagonia, muy firme, muy sólida. Creciendo. Es una plaza muy importante para la raza”.

Deym había llegado por primera vez a General Conesa dos años atrás y, al regresar, encontró una muestra que a su criterio ratifica esa evolución.

Jura de Hereford en General Conesa. Foto: Miguel Vergara.


Me impresionó el nivel y la cantidad de animales. Y ahora volví y lo veo muy firme y creciendo. Se ven mejoras”, explicó.

El avance no aparece aislado. La actuación de las cabañas patagónicas en Palermo terminó de poner en evidencia un proceso que venía desarrollándose desde hace tiempo. En la última edición de la muestra nacional, la genética Hereford de la Patagonia logró resultados destacados, con Gran Campeón y Reservado Gran Campeón.

Para Deym, que esos animales hayan recorrido los kilómetros necesarios desde la región y hayan llegado a competir en Palermo con semejantes resultados representa una señal importante.

Martín Deym habló con Río Negro Rural en la 37° Exposición de General Conesa. Foto: Miguel Vergara


Es un lujo, digamos, porque con el tema de la barrera sanitaria y todo, que hagan los kilómetros que tengan que hacer y que vayan allá y aparte tengan esos precios, es algo muy productivo y positivo para la raza”, sostuvo.

La comparación con una década atrás permite dimensionar mejor el cambio. El acceso a genética era más limitado y las condiciones productivas de la Patagonia obligaban a trabajar con una mirada muy particular sobre los rodeos.

Hoy, en cambio, los resultados de las exposiciones nacionales y regionales muestran una genética que ganó presencia y que también está siendo reconocida fuera de la región.

Genética pensada para producir en ambientes difíciles



Uno de los desafíos permanentes de la ganadería patagónica es producir con condiciones muy diferentes a las de la Pampa Húmeda.

Martín Deym acomoda uno de los paños que identifica a Hereford en la Jura realizada en Conesa. Foto: Miguel Vergara


Las extensiones, el monte, los ambientes de secano y la disponibilidad de alimento obligan a pensar en animales funcionales. Deym destacó justamente esa capacidad de adaptación del Hereford. “Es una raza que se adapta muy bien al frío, al calor, sobre todo al frío, al terreno”, explicó.

También resaltó su capacidad para producir kilos cuando encuentra condiciones adecuadas de alimentación. “Es una raza también que es muy lechera y produce, gana muy bien quilaje en cuanto a la pastura, grano que se le dé, rápido. La conversión es muy rápida y positiva”, señaló.

Ese aspecto aparece también en la mirada comercial de Gonzalo Lesiuk, de la consignataria Lesiuk Hnos., quien remarcó que invertir en genética termina teniendo impacto directo sobre el ternero y los kilos de carne que llegan al mercado.

Es totalmente muy favorable y muy bueno para el productor que invierta en genética porque después el resultado lo tiene el ternero que vende en los remates: son más kilos de carne”, afirmó.

Y agregó: “Al momento del destete, el peso es mayor. Tiene mucho mayor convertibilidad en kilos”.

Para Lesiuk, esa lógica explica también por qué cada vez más productores están incorporando genética y participando de las exposiciones. “Cada vez hay más participación en las exposiciones, eso es muy bueno”, sostuvo.

El productor patagónico busca moderación



La pista también permitió observar una característica particular del tipo de animal que se busca en la región.

Hereford en General Conesa, una raza que se posiciona firme en la Patagonia. Foto: Miguel Vergara.


Lesiuk explicó que el tamaño no puede analizarse de manera aislada, porque los sistemas productivos patagónicos tienen restricciones alimentarias muy diferentes a las de otras regiones ganaderas. “Acá en la Patagonia buscamos animales de tamaño no tan grande, más bien moderados”, explicó.

La razón es concreta: “Tienen que ser muy moderados porque los pastos acá no son los mismos pastos que tienen en el norte, en Buenos Aires, en Córdoba”.

En buena parte de los campos patagónicos predominan sistemas de secano y monte, donde el animal debe recorrer grandes superficies para obtener su alimento. “Se busca siempre animales más moderados, para que no sufran lo que es la alimentación en los campos”, resumió.

La elección del reproductor, entonces, está directamente vinculada con el objetivo de cada establecimiento. No todos los productores trabajan de la misma manera ni persiguen exactamente el mismo resultado.

No todos producen de la misma manera, pero van todos enfocados”, explicó Lesiuk.

El salto que se observa también en los remates



La evolución genética tiene su correlato en los negocios. Lesiuk llegó a General Conesa con buenas expectativas para la venta y destacó la calidad de los animales presentados. “Año a año se superan, creo, en la calidad. Cada vez mejor y hay mucha competencia”, señaló.

La producción de Angus también tuvo su espacio dentro de la 37° Expo Rural de General Conesa. Foto: Miguel Vergara


A su entender, esa competencia es consecuencia de un trabajo sostenido de las cabañas, que reservan para estas exposiciones sus mejores ejemplares.

Los traen, se guardan lo mejor para acá, creo yo. Entonces está a la vista. El jurado lo está reconociendo minuto a minuto”, expresó.

La expectativa comercial estaba puesta en una oferta importante, con alrededor de un centenar de toros y varias decenas de vaquillonas entre las consignaciones previstas para la jornada de ventas.

El mercado, sin embargo, terminaría teniendo la última palabra. “Manda el mercado. Hay que ver mañana qué busca el comprador”, señaló Lesiuk.

La genética, el peso y el tipo de animal aparecen como variables que se combinan en cada operación. También el color puede representar un diferencial en determinadas búsquedas, aunque el orden establecido por el jurado no necesariamente determina qué reproductor terminará siendo elegido por cada comprador.

Una Patagonia que dejó de mirar desde afuera



Guillermo Ayerra, uno de los martillos de la exposición, tiene una perspectiva particular para observar este proceso porque lleva años vinculado a las ventas de la región.

Guillermo Ayerra tendrá trabajo este domingo cuando se realice la venta de reproductores de la 37° Expo Rural de Conesa y 14° Expo Nacional Patagónica Hereford. Foto: Luciano Cutrera.


Recordó que comenzó a rematar en General Conesa en 2003 y que en 2010, después de la fuerte sequía de 2008 y 2009, las exposiciones tenían una dimensión muy diferente. “Acá hacíamos exposiciones de 15, 20 toros”, recordó.

Desde aquella época hasta la actualidad, Ayerra pudo observar una transformación profunda. “A la distancia veo con claridad el desarrollo, la evolución que se ha elaborado”, señaló.

Y puso el foco en lo que hoy parece una realidad consolidada: la presencia patagónica en los grandes escenarios de la ganadería argentina.

Hace 5 o 10, era impensado y hoy es una realidad”, expresó al referirse a los resultados obtenidos por las cabañas de la región.

La actuación en Palermo, con un Gran Campeón y un Reservado Gran Campeón provenientes de la Patagonia, aparece para Ayerra como la confirmación de ese recorrido. “Un Gran Campeón y Reservado Gran Campeón en Palermo, de las cabañas patagónicas, no es una situación que se ve todos los días”, destacó.

El límite de la producción también está en el mercado



Pero el crecimiento de la genética y de la calidad no elimina los condicionantes propios de la región.

La raza Hereford llevó lo mejor de la Patagonia a General Conesa. Foto: Luciano Cutrera.


Ayerra planteó una diferencia importante entre producir en la Patagonia y hacerlo en zonas donde la exportación tiene mayor participación.

Esta zona está muy limitada a lo que es el consumo interno. Vos vas a otras zonas donde participa la exportación y es otra cosa. Y hay otro futuro”, explicó.

El tamaño de los animales vuelve a aparecer en esa discusión. Mientras en otras zonas ganaderas se avanza hacia animales terminados con cada vez más kilos, en la Patagonia esa estrategia puede encontrar límites productivos y comerciales.

Todo el mundo en La Pampa, en la provincia de Buenos Aires, está pensando que no pueden vender más unos novillitos de 380, 400 kilos. Tengo que darle de comer y llevarlos a 500, 550 y el año que viene a 600 kilos”, describió.

Pero trasladar ese esquema a la Patagonia puede resultar complejo. “Si lo hacés acá es totalmente antieconómico porque no tenés pasto y, a su vez, el mercado no lo demanda: acá demanda el consumo interno”, sostuvo.

Una ganadería que también mueve la economía provincial



El crecimiento de la actividad ganadera fue destacado también por Carlos Banacloy, ministro de Desarrollo Económico y Productivo de Río Negro.

Carlos Banacloy junto a Leandro Ballerini, presidente de la Federación de Sociedades Rurales de Río Negro y el secretario de Ganadería de la provincia, Norberto Tabaré Bassi. Foto: Miguel Vergara.


El ministro planteó que la Provincia está atravesando una etapa en la que la ganadería dejó de ser solamente una actividad vinculada al secano y comenzó a integrarse con mayor fuerza con la agricultura y las producciones bajo riego.

Siempre se hablaba en futuro y hoy creo que es muy importante hablar del presente que está viviendo la ganadería en la provincia de Río Negro”, afirmó.

Para Banacloy, la transformación se observa incluso dentro de las propias entidades rurales, donde empieza a aparecer una composición más diversa entre productores de secano, agricultores y quienes avanzan con sistemas bajo riego.

Creo que es muy saludable, que da una impronta distinta y hoy no sólo se ve la genética, sino se ve también la agricultura, el kilo de carne que se suma, se ve otro movimiento”, sostuvo.

Desde esa mirada, Río Negro está ocupando un espacio cada vez más importante dentro del mapa ganadero patagónico. Banacloy señaló que la provincia pasó de observar con interés la genética que llegaba desde otras provincias a convertirse ella misma en una referencia regional.

Creo que hoy el presente marca que Río Negro ya ocupó ese lugar y eso nos llena de orgullo”, afirmó.

El desafío de producir el alimento dentro de la provincia



Uno de los puntos centrales planteados por Banacloy es la necesidad de aumentar la producción de alimento para acompañar el crecimiento de la ganadería.

Actualmente, explicó, Río Negro todavía necesita traer desde otras zonas una parte importante del maíz utilizado para terminar los animales.

Según sus datos, la provincia llegó a producir unas 250.000 toneladas de maíz, frente a aproximadamente 100.000 toneladas de algunos años atrás, pero todavía mantiene un déficit estimado en unas 100.000 toneladas. “Se mejoró un montón, pero falta”, resumió.

El funcionario estimó que ese volumen representa alrededor de 20 millones de dólares anuales en alimentos que salen de la región y remarcó que, además del valor del grano, existe todo un movimiento asociado al transporte, el combustible, los servicios y la logística.

Cuando uno además lo multiplica por lo que tiene que ver con el servicio, con el gasoil, el combustible, los camiones, el flete, la logística, multiplica por dos o tres veces”, sostuvo.

Por eso, la expansión de las áreas bajo riego y la electrificación aparecen como herramientas vinculadas directamente al desarrollo ganadero.

Banacloy mencionó los proyectos que buscan incorporar decenas de miles de hectáreas a la producción y explicó que el objetivo es que una mayor proporción del alimento que necesita la ganadería pueda producirse dentro de Río Negro. “Eso creo que es nuestro principal objetivo”, señaló.

Una rueda que puede generar más producción y más servicios



La expansión productiva no se limita a los kilos de carne o a las hectáreas sembradas. También genera demanda de servicios y maquinaria.

Banacloy destacó que en pocos años la provincia pasó de no contar prácticamente con determinados servicios especializados a tener prestadores distribuidos en distintas localidades y valles.

Hace poquitos años atrás no teníamos una picadora de maíz. Hoy ya hay prestadores en Viedma, en Conesa, en Valle Inferior, en Valle Medio”, ejemplificó.

Para el funcionario, “todo eso muestra claramente el presente que está viviendo este sector”, afirmó.

El desafío pasa ahora por sostener ese crecimiento y generar las condiciones para que la agricultura y la ganadería puedan complementarse en mayor escala.

Una exposición que muestra el presente y anticipa el futuro



En General Conesa, la pista Hereford terminó funcionando como una síntesis de buena parte de ese proceso.

Estaban los criadores, los productores, los jurados, los compradores y los representantes de las entidades. Pero, sobre todo, estaban los animales que permiten medir en carne y genética una evolución que ya no es solamente una expectativa.

Ezcurra lo resumió desde el centro mismo de la pista, mirando las hembras que acababan de ser seleccionadas: “Realmente un nivel excepcional”.

Deym lo observó desde la perspectiva de la raza y de su evolución regional: “Está muy firme, muy sólida. Creciendo”.

Lesiuk lo vinculó con la inversión y los resultados productivos: “Cada vez que se invierte en genética es muy bueno para la producción”.

Y Ayerra, desde la experiencia de quien lleva más de dos décadas siguiendo las exposiciones, aportó la dimensión temporal: aquello que años atrás parecía difícil de imaginar hoy forma parte de la realidad ganadera patagónica.

En ese cruce entre pista, genética, producción y mercado se desarrolla la 37° Exposición Rural de General Conesa y 14° Exposición Nacional Patagónica Hereford: una muestra que no sólo exhibe animales, sino que permite observar hacia dónde está avanzando una ganadería que busca producir más, mejorar sus rodeos y, al mismo tiempo, conservar las características que le permiten desenvolverse en los particulares ambientes de la Patagonia.


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