La cabaña de La Dulce, en Necochea, que conquistó con el toro RIP el Gran Campeón Angus de Palermo 2026
Desde Necochea, cabaña Don José llegó a la cima del Angus argentino en la gran exposición ganadera e industrial. Detrás de ese premio hay más de dos décadas de selección genética, trabajo familiar y una filosofía que puso siempre la producción propia por encima de las pistas.
Cuando el prestigioso jurado de la Exposición Rural de Palermo 2026 eligió a RIP, un imponente toro negro de 25 meses de edad, como Gran Campeón Macho Angus 2026, en la pista estalló la celebración. Pero para Maximiliano Mammoliti, titular de Cabaña Don José, de La Dulce, partido de Necochea, aquella cucarda no fue una casualidad. Fue la confirmación de una filosofía de trabajo sostenida durante más de dos décadas.
“Cuando veo a los chicos, la alegría y todo el trabajo de cuando empezamos, se te cruzan mil cosas por la cabeza. En un momento hasta pensás que nunca nos van a dar un Gran Campeón y cuando finalmente se da, explotás”, cuenta Maxi a Río Negro Rural, ya de regreso en el campo.
Detrás del abrazo familiar, de las lágrimas y de la foto que recorrió el país, hay una historia que comenzó mucho antes de que la cabaña existiera.
El establecimiento Don José es, antes que nada, una empresa familiar. “El campo viene de mi viejo. Es un emprendimiento familiar de ciclo completo. Cuando ingresamos con la segunda generación, allá por el año 2000, empezamos a darle una vuelta de rosca porque siempre nos gustaron más los animales”, recuerda Mammoliti. La aclaración la hace porque la familia además está ligada al rubro de la construcción.

Aquellos primeros años de trabajo en el campo no tenían nada que ver con el glamour de Palermo. Se hacía hacienda general, novillos y producción comercial, mientras lentamente comenzaban a incorporar inseminación artificial y a comprar algunas vacas pedigree.
La intención inicial tampoco era transformarse en una cabaña reconocida. “Yo quería hacer mis propios toros para los campos nuestros”, explica Maxi.
“Cuando veo a los chicos, la alegría y todo el trabajo de cuando empezamos, se te cruzan mil cosas por la cabeza. En un momento hasta pensás que nunca nos van a dar un Gran Campeón y cuando finalmente se da, explotás”.
Maxi Mammoliti, de cabaña Don José, en La Dulce, Necochea.
Esa decisión marcaría el rumbo definitivo. Poco a poco comenzaron a seleccionar vientres, a estudiar genética y a recorrer remates. Cada incorporación respondía a un objetivo productivo. Incluso el debut en Palermo tuvo más de aprendizaje que de competencia.
“La mejor forma de aprender era ir donde estaban todos los que saben”, dice sobre aquella primera participación, cuando todavía asistía junto a sus hijos que eran unos niños, llevando una joven vaquillona nacida en el establecimiento.
Un lema que nunca cambió
Desde aquellos primeros pasos, Don José adoptó una consigna que terminó definiendo toda su identidad.
“Paso firme, objetivo claro”, no fue solamente un eslogan. “Nunca fuimos a las exposiciones para compararnos. Íbamos para mostrar lo que hacíamos. El objetivo siempre fueron los toros que usamos en nuestros campos comerciales. Los mismos toros que usamos en la cabaña son los que usamos en los rodeos comerciales”.
Los reproductores tenían que funcionar en los campos reales antes de conquistar un jurado, ese criterio terminó transformándose en la mayor fortaleza de Don José.
Cada año la empresa repone entre 35 y 40 toros propios para sus establecimientos, mientras comercializa reproductores puros controlados, pedigree y vientres seleccionados, todos surgidos del mismo programa genético que sostiene la producción comercial.
“Empezamos haciendo toros para nosotros. Después nos dimos cuenta de que también los podíamos vender porque funcionaban muy bien”, resume.
Un Angus funcional
Quien conversa unos minutos con Mammoliti descubre rápidamente que detrás del productor hay un apasionado estudioso de la genética.
Habla de DEP (Diferencia Esperada en la Progenie), de curvas de crecimiento, de eficiencia de conversión, de marmoleo (grasa intramuscular) y de líneas de sangre con la naturalidad de quien lleva años analizando datos.
Sin embargo, cada explicación termina aterrizando siempre en el mismo concepto: producir animales útiles. “Le damos muchísima importancia a la estructura, a las manos, las patas, las ubres en las hembras y al fácil engrasamiento. Buscamos animales profundos, con arco de costillas, pero que además tengan mucha capacidad productiva.”
En este sentido aclara que el ideal no pasa por fabricar animales gigantes, todo lo contrario. “Nosotros usamos animales moderados, que exploten al destete y al año, pero que después no sigan creciendo demasiado. Porque después de los dos años lo único que queda en el campo son las vacas. Ahí está el verdadero negocio. Hay que producir kilos al principio y después tener una vaca eficiente”, resume el productor.
Incluso las donantes más valiosas deben superar una prueba indispensable antes de ingresar plenamente al programa de reproducción.
“Empezamos haciendo toros para nosotros. Después nos dimos cuenta de que también los podíamos vender porque funcionaban muy bien”.
Maxi Mammoliti, de cabaña Don José, en La Dulce, Necochea.
“Hasta que una vaca no desteta dos terneros, nosotros no hacemos un lavaje embrionario. Primero tiene que demostrar que es buena madre”, explica Maxi.
Es una decisión que demora el progreso genético, pero también garantiza que cada generación conserve las características maternales que la cabaña considera irrenunciables. “No queremos solamente buena genética en los papeles; queremos vacas que funcionen en el campo”, destaca.
Así, año tras año, generación tras generación, Don José fue consolidando un rodeo cuya mayor virtud es la consistencia.
No buscan producir un animal extraordinario por casualidad, buscan que la mayoría de los animales nazcan buenos. Porque, como suele repetir Mammoliti durante la charla, “dos más dos nunca es cuatro en genética”, pero sí existen caminos para reducir al máximo el margen de error.
RIP, fruto del trabajo
Cuando RIP ingresó a la pista central de Palermo no era un desconocido. Un año antes había sido Segundo Mejor Ternero de la exposición, una señal de que estaba frente a un animal diferente. Sin embargo, entre destacarse de joven y convertirse en Gran Campeón hay un largo camino.
“Llevamos dos toros, pero él se destacaba. Este es uno de los mejores toros que hicimos en la historia de la cabaña. No le encuentro puntos débiles, tiene mucha clase y una mansedumbre impresionante”, describe Mammoliti.
RIP llegó a Palermo con apenas 25 meses y un peso cercano a los 920 kilos, pero su mayor virtud no estaba en la balanza. Era la expresión de todo aquello que Don José venía buscando desde hacía más de veinte años: equilibrio, funcionalidad, profundidad, estructura y capacidad carnicera.
“Llevamos dos toros, pero él se destacaba. Este es uno de los mejores toros que hicimos en la historia de la cabaña. No le encuentro puntos débiles, tiene mucha clase y una mansedumbre impresionante”.
Maxi Mammoliti, de cabaña Don José, en La Dulce, Necochea.
No era un animal construido para ganar una exposición. Era, precisamente, el tipo de toro que la cabaña quería producir para multiplicar en sus rodeos comerciales. “Nunca usamos un toro pensando en ganar una cucarda. Al contrario. Siempre buscamos producir mejores animales para el campo. Después, si esos animales además ganan Palermo, es una consecuencia enorme, pero nunca fue el objetivo principal”.
Ese concepto explica por qué el premio tuvo un valor especial. No significó únicamente obtener el máximo reconocimiento de la raza Angus. También confirmó que el modelo productivo que la familia Mammoliti eligió hace más de dos décadas estaba en el camino correcto.
“Es una satisfacción enorme que los colegas usen tus toros para hacer padres. Eso quiere decir que confían en el trabajo que venimos haciendo”, destacó finalmente el cabañero de Don José.
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