Nació como tambo lechero y hoy es una cabaña de reproductores Angus y Hereford con proyección en toda la Patagonia

Desde Balsa Las Perlas, la familia Cressatti desarrolla una cabaña de Angus y Hereford con una premisa clara: seleccionar reproductores que respondan a las exigencias del campo patagónico. La empresa combina genética de pedigree, manejo a campo y una nueva generación que ya participa de las decisiones productivas.

Por Miguel Vergara

La familia Cressatti junto al gobernador Alberto Weretilneck en la Expo del Alto Valle.

La familia Cressatti junto al gobernador Alberto Weretilneck en la Expo del Alto Valle.

En Balsa Las Perlas, sobre la margen sur del río Limay y en un paisaje donde las tierras de costa contrastan con la aridez de las superficies de secano, la ganadería se construye con una combinación de experiencia, selección genética y adaptación. Allí trabaja Daniel Cressatti junto a su familia.

Cressati es un productor que convirtió una tradición familiar vinculada históricamente con la actividad agropecuaria en una cabaña de reproductores Angus y Hereford con proyección regional.

La historia no empezó con los toros de pedigree ni con las exposiciones ganaderas. Tiene raíces mucho más antiguas, cuando la familia llegó al establecimiento y desarrolló una explotación lechera que, con el paso del tiempo, debió transformarse para responder a los cambios económicos y productivos de la zona. Hoy, la empresa mantiene dos razas, vende reproductores y terneros de invernada, trabaja con inseminación artificial y busca producir animales que no pierdan sus cualidades cuando dejan el corral de exposición y regresan a los campos extensivos.

“Buscamos la mejor genética, pero siempre mirando el tema de la adaptación”, explica Cressatti a Río Negro Rural. La definición resume la filosofía productiva de una cabaña que encuentra su mercado principal entre los ganaderos que necesitan animales capaces de desenvolverse en condiciones exigentes.

El escenario climático también ofrece motivos para el optimismo. Después de tres o cuatro años consecutivos de sequía, las lluvias mejoraron las pasturas y devolvieron entusiasmo a los productores. Sin embargo, el desafío de convertir ese alivio en una recuperación sostenida continúa vigente. “Este es un año excepcional, tenemos muy buenas pasturas y hay mucho entusiasmo en los productores”, afirma el productor. Y enseguida pone un límite a este presente: los precios acompañan, pero la rentabilidad todavía no alcanza el nivel que permitiría reinvertir todo lo necesario.

Transformación productiva



La familia Cressatti está instalada en el campo desde 1954, cuando el abuelo de Daniel, junto con su padre y su tío, compró el establecimiento. En aquella etapa, la actividad estaba vinculada con la producción lechera, en un contexto en el que los tambos tenían una presencia más importante en la región.

La familia Cressatti se llevó los principales premios por los ejemplares Angus y Hereford en la Expo del Alto Valle.


La comercialización se transformó con la instalación de una planta pasteurizadora en Neuquén. Según recuerda el productor, los establecimientos quedaron obligados a entregar allí la leche y dejaron de distribuirla directamente, como se hacía antes con carros y caballos.

El cambio alteró la economía de los tambos. La remuneración por el contenido de grasa butirosa y las condiciones comerciales de la época generaron dificultades para sostener la actividad. Muchos establecimientos dejaron de funcionar y la familia también debió buscar otro rumbo. “De ahí se pasó a ganadería con el objetivo de producir carne”, cuenta Cressatti.

La transición implicó abandonar el predominio de la raza Holando Argentino y avanzar primero con Hereford, que durante años constituyó la base de la hacienda familiar. En esa etapa, el rodeo estaba orientado a la producción de carne, sin que existiera todavía una cabaña especializada en reproductores de pedigree.

El establecimiento también estuvo ligado a la fruticultura, otra actividad que formó parte de la historia productiva familiar. Pero la ganadería terminó concentrando el interés de sus integrantes.

“Que los productores vuelvan a comprar nuestros animales es una señal de que los ejemplares responden a las necesidades de los establecimientos”.

Daniel Cressatti, de cabaña Don Humberto.

La transformación definitiva llegó a comienzos de la década de 2000. En 2002, con la posibilidad de incorporar embriones y las expectativas de una apertura comercial para la exportación de hacienda en pie a Chile, la familia decidió dar un paso hacia la producción de genética.

La idea era desarrollar una cabaña capaz de ofrecer reproductores seleccionados para las condiciones de los campos de la región. Para eso, recurrieron a asesoramiento y a embriones provenientes de una cabaña de la provincia de Buenos Aires, con experiencia en la raza Angus.

En 2003 nacieron los primeros animales de aquella nueva etapa. El resultado inicial fue alentador y marcó el comienzo de una trayectoria que llevó a la familia a participar en exposiciones de distintos puntos de la Patagonia.

Un toro de 1.117 kilos



Entre los recuerdos que Cressatti conserva de los primeros años de la cabaña hay un animal que se convirtió en una referencia de aquella etapa: un Angus negro que recorrió exposiciones desde Santa Cruz hasta el Valle Medio, pasando por localidades como Junín de los Andes y Esquel.

Humberto Cressatti muestra uno de los toros Hereford que trajeron a la Expo del Alto Valle.


El toro ganó desde sus primeras presentaciones y continuó obteniendo reconocimientos a medida que crecía. Su última participación, recuerda el productor, fue en la exposición con la que se inauguró la rural del Alto Valle.

El ejemplar alcanzó un peso de 1.117 kilos, una cifra que todavía despierta orgullo en el productor. “Era algo extraordinario”, recuerda Cressatti.

Más allá del peso y los premios, aquel animal simbolizó la consolidación de un proyecto que había comenzado apenas unos años antes. La incorporación de genética, el trabajo de selección y la participación en exposiciones permitieron que la cabaña empezara a hacerse conocida entre los productores y criadores de la región.

Desde entonces, la empresa mantuvo el desarrollo de Angus y Hereford, con animales de pedigree en ambas razas.

Daniel Cressatti comparte el trabajo con sus hijos y nietos. Su hijo Humberto y su nieto Iñaki, de la nueva generación familiar, están más directamente dedicados a la cabaña, aunque las decisiones y los distintos emprendimientos siguen teniendo una participación familiar. “Estamos metidos todos”, resume.

Para el productor, la continuidad generacional es una de las mayores satisfacciones de su recorrido. La empresa no solo conserva una actividad iniciada décadas atrás, sino que logró que el interés por los animales y la genética se transmitiera a las nuevas generaciones.

Dos razas, un objetivo



La cabaña trabaja con Angus negro, Angus colorado y Hereford. Cada raza tiene su historia, sus características y su lugar en el mercado, pero la decisión de mantener ambas responde a una combinación de tradición, demanda y adaptación.

Angus negro de cabaña Don Humberto en el cierre de exposiciones rurales de la provincia en Paso Córdoba.


Cressatti reconoce su especial afecto por Hereford, la raza con la que comenzó a desarrollar la producción de carne. Sin embargo, considera que Angus ganó terreno en la ganadería argentina y consolidó una posición de liderazgo, impulsada también por su presencia en los mercados de carne y en los circuitos de exportación.

“Empecé con Hereford y amo el Hereford”, afirma. Al mismo tiempo, reconoce que Angus se impuso comercialmente y que los precios de sus reproductores suelen superar los de Hereford.

La evolución de las preferencias del mercado no implica que una raza sea adecuada para todos los establecimientos ni que la elección pueda resolverse únicamente por el precio. En los sistemas extensivos, la adaptación a la alimentación, al clima y a la superficie disponible sigue siendo decisiva.

La experiencia comercial de la cabaña incluye ventas a productores de Río Negro, Neuquén y otras provincias patagónicas. El regreso de clientes que vuelven a comprar reproductores constituye, para Cressatti, “una señal de que los animales responden a las necesidades de los establecimientos”.

La clave es no perder de vista el destino final. Un reproductor puede destacarse en una exposición, pero su verdadero desempeño se comprueba cuando trabaja en el campo del comprador.

Genética patagónica



Una de las particularidades del sistema de la familia Cressatti es el ambiente en el que se crían los animales. Las vacas de pedigree permanecen sueltas, con sus terneros al pie durante aproximadamente seis meses, y recorren sectores de monte y suelos calcáreos.

La familia Cressatti recibió premios por sus ejemplares en el almuerzo de camaradería realizado en la sede de la Sociedad Rural del Alto Valle.


Ese manejo busca que los reproductores se desarrollen en condiciones cercanas a las que encontrarán en muchos de los establecimientos donde serán utilizados.

“Las vacas nuestras se crían arriba de la barda”, explica el productor, al describir un sistema que prioriza el movimiento y la adaptación al terreno.

La alimentación y el ejercicio forman parte de esa selección. En los campos patagónicos, los animales deben caminar, aprovechar la vegetación disponible y desenvolverse sobre superficies que pueden resultar exigentes para ejemplares acostumbrados a sistemas más intensivos.

Daniel Cressatti siguió atentamente el resultado de las ventas en la última Expo Rural del Alto Valle.


Después del destete, la familia organiza el manejo de los terneros y reserva los meses previos a las exposiciones para una preparación específica. Sin embargo, Cressatti evita llevar esa preparación al extremo.

Su experiencia le enseñó que un animal demasiado acostumbrado al encierre y a una alimentación intensiva puede encontrar dificultades cuando vuelve a un establecimiento extensivo.

“Cuando se va al campo y empieza a comer zampa, coirón y pisar las piedras, no camina más”, advierte al describir el riesgo de preparar reproductores que después no responden a las condiciones reales de producción.

«Un toro que no puede desplazarse adecuadamente, que pierde condición corporal o que no responde al sistema de alimentación del comprador puede convertirse en una inversión frustrada».

Daniel Cressatti, de cabaña Don Humberto.

La frase resume una diferencia fundamental entre presentar un animal y producir un reproductor funcional. El objetivo de la cabaña no es solamente obtener un ejemplar atractivo, con buenos resultados en una jura, sino seleccionar animales capaces de transmitir características útiles y mantener su desempeño en los rodeos comerciales.

La adaptación también tiene una dimensión económica. Según Cressatti «un toro que no puede desplazarse adecuadamente, que pierde condición corporal o que no responde al sistema de alimentación del comprador puede convertirse en una inversión frustrada».

Por eso, la selección genética necesita contemplar el ambiente donde se utilizará el reproductor. En la Patagonia, donde predominan amplias superficies de secano y la disponibilidad de forraje puede variar considerablemente, la rusticidad constituye un atributo de valor productivo.

Pedigree y toros de campo



Además de los reproductores de pedigree que presenta en exposiciones, la familia comercializa toros identificados como SR, sigla que utiliza para animales sin registro de pedigree, seleccionados por la propia cabaña.

Cressatti explica que estos ejemplares no participan de las muestras, pero tienen un mercado propio entre productores que buscan un toro funcional, con antecedentes conocidos y características adecuadas para su rodeo. “Es un toro que sabemos de dónde viene, lo recomendamos, es mucho más rústico”, describe.

La experiencia de la cabaña Cressatti se apoya precisamente en esa relación entre selección y ambiente. El conocimiento del territorio permite orientar las recomendaciones hacia productores que necesitan animales capaces de trabajar en condiciones similares a las de su lugar de origen.


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En Balsa Las Perlas, sobre la margen sur del río Limay y en un paisaje donde las tierras de costa contrastan con la aridez de las superficies de secano, la ganadería se construye con una combinación de experiencia, selección genética y adaptación. Allí trabaja Daniel Cressatti junto a su familia.

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