Río Negro mostró su potencial agrícola en el Congreso de Aapresid y despertó el interés de productores de todo el país
El panel dedicado al desarrollo productivo de la provincia reunió a más de un centenar de asistentes durante el Congreso Aapresid. La disponibilidad de agua, las inversiones en infraestructura y el potencial de expansión posicionan a la región como una alternativa para nuevos emprendimientos agropecuarios
El potencial de Río Negro para expandir la agricultura bajo riego despertó un marcado interés entre los productores que participaron de la 34ª edición del Congreso Aapresid. El panel «Río Negro: región productiva regante en expansión. Una mirada holística», reunió a un centenar de asistentes interesados en conocer las oportunidades que ofrece la provincia para desarrollar nuevos proyectos productivos en la Patagonia.
Las experiencias de los productores, el trabajo de la Chacra de Aapresid y el respaldo de políticas públicas muestran que existen bases sólidas para pensar una nueva etapa de crecimiento. El reto ahora pasa por escalar ese modelo, atraer inversiones y consolidar un sistema productivo capaz de transformar el potencial de los valles patagónicos en una de las nuevas fronteras agrícolas de la Argentina.
El eje del Congreso de Aapresid que llevó a cabo en Rosario esta semana fue escuchar las distintas «voces» del suelo para repensar la manera de producir y construir, a partir del conocimiento científico, la innovación y la experiencia de los propios productores, sistemas agrícolas cada vez más productivos, sustentables y regenerativos. En ese marco, las experiencias concretas presentadas desde Río Negro despertaron especial atención entre quienes buscan alternativas para diversificar inversiones y avanzar sobre nuevas regiones productivas.
«La Patagonia tiene una paradoja, posee un río de enorme caudal y excelente calidad de agua que atraviesa un territorio semiárido donde llueven apenas entre 250 y 350 milímetros al año». Con esa definición, el ing. agr. Guillermo Borrajo, encargado de Agrónica SA, resumió uno de los principales atributos que hoy posicionan a Río Negro como una de las regiones con mayor potencial para expandir la agricultura bajo riego.
Disponibilidad hídrica
Según explicó, esa disponibilidad hídrica obliga a pensar cualquier emprendimiento agrícola como un sistema de riego total y no simplemente complementario. Sin embargo, lejos de representar una limitación, consideró que constituye una ventaja estratégica en un contexto donde la variabilidad climática afecta cada vez más a las zonas agrícolas tradicionales.

A ello se suma otro factor diferencial: la elevada radiación solar y la importante amplitud térmica de la región. Estas condiciones permiten obtener excelentes desempeños en cultivos como trigo y maíz, siempre que el diseño del sistema de riego responda a las necesidades del cultivo.
El especialista explicó que durante el verano la demanda atmosférica alcanza entre 10 y 13 milímetros diarios de evapotranspiración, por lo que toda la infraestructura debe dimensionarse para reponer esa cantidad de agua de manera constante.
Pese a contar con un recurso hídrico abundante y de alta calidad, Borrajo sostuvo que hoy el río está lejos de aprovecharse plenamente. «Se utiliza menos del 20% de su potencial», afirmó durante su exposición durante la edición 2026 del congreso de Aapresid que tuvo como lema «Nuestro suelo, nuestra voz» y convocó esta semana en Rosario a más de 12.500 asistentes, con la participación de más de 450 disertantes distribuidos en 160 paneles, diez auditorios en simultáneo y un espacio comercial integrado por más de un centenar de empresas e instituciones.
«La Patagonia tiene una paradoja, posee un río de enorme caudal y excelente calidad de agua que atraviesa un territorio semiárido donde llueven apenas entre 250 y 350 milímetros al año»
Ing. Agr. Guillermo Borrajo, encargado de Agrónica SA
En rigor, detalló que el agua presenta baja salinidad y excelentes condiciones para el riego, mientras que gran parte de las tierras cercanas continúan destinadas a una ganadería extensiva de muy baja productividad.
Según explicó, actualmente esos campos producen apenas entre 6 y 10 kilos de ternero por hectárea al año, un contraste que permite dimensionar el salto productivo que puede lograrse cuando se incorpora infraestructura de riego y un manejo agronómico adecuado. Sin embargo, advirtió que instalar un pivote no garantiza por sí solo el éxito del proyecto.
Más allá de poner un equipo de riego
El ingeniero agrónomo insistió en que buena parte de los fracasos registrados en la región estuvieron vinculados a errores de planificación más que a limitaciones del ambiente. Los suelos de los valles patagónicos son de origen aluvial y presentan una gran heterogeneidad, tanto en textura como en niveles de salinidad, por lo que requieren un conocimiento detallado antes de iniciar cualquier desarrollo.
Además, remarcó que la disponibilidad de energía eléctrica resulta determinante para la viabilidad económica de los proyectos. Bombear agua con gasoil puede elevar el costo del riego por encima de los 800 dólares por hectárea al año, mientras que hacerlo con electricidad reduce ese gasto aproximadamente a un tercio. «Hoy la infraestructura eléctrica define qué campos pueden desarrollarse y cuáles no», sintetizó.
A ello sumó otro concepto que atravesó toda su exposición: la necesidad de diseñar un plan maestro antes de comenzar cualquier inversión. Dimensionar correctamente los equipos, conocer los suelos, prever la infraestructura energética y planificar el crecimiento del establecimiento desde el inicio evita errores que luego demandan importantes reinversiones.
Otro de los aspectos que despertó interés entre los asistentes fue el esquema de rotaciones desarrollado por la Chacra Aapresid Valles Irrigados de la Patagonia.
Borrajo explicó que la estrategia combina producción de alfalfa para exportación, agricultura y, en algunos casos, integración ganadera, con un objetivo que va más allá de la rentabilidad inmediata: acelerar la construcción de suelo.
«La alfalfa es mucho más que un cultivo comercial. Es una herramienta para desarrollar el suelo», señaló y resaltó que gracias a su sistema radicular y al gran volumen de biomasa que aporta, mejora las propiedades físicas, incrementa la actividad biológica y reduce la necesidad de insumos externos, generando sistemas más estables y productivos en el tiempo.
En esa misma línea, destacó que la incorporación de la ganadería permite aprovechar los elevados volúmenes de forraje y de rastrojos que generan los cultivos bajo riego, cerrando un esquema de producción más eficiente y sustentable.
Investigación aplicada para «crear suelo»
Si el potencial productivo explica por qué Río Negro despierta expectativas, el trabajo que desde hace 14 años desarrolla la Chacra Valles Irrigados de la Patagonia de Aapresid aporta la evidencia de que ese potencial puede transformarse en sistemas productivos sostenibles.
Alfonso Cerrota, responsable técnico de la Chacra, explicó que el objetivo nunca fue únicamente aumentar los rindes, sino construir un sistema capaz de desarrollar suelos en una región donde la agricultura prácticamente parte desde cero. «Nuestra realidad no es regenerar suelo, sino generarlo», resumió.
La diferencia no es menor. Los establecimientos trabajan sobre ambientes con menos del 1% de materia orgánica, donde el desafío inicial consiste en transformar un monte semiárido en un suelo agrícola capaz de sostener producciones intensivas durante décadas.
Durante estos años, la investigación fue acompañando la evolución de los productores. En una primera etapa las preguntas estaban relacionadas con cuestiones básicas: cuánto regar, qué cultivos implantar, cuáles eran los rendimientos alcanzables y cómo hacer rentable el sistema. Con el tiempo, esas inquietudes dieron paso a otras vinculadas con las rotaciones, la dinámica del carbono, la nutrición, la biología del suelo y la incorporación de cultivos de mayor valor agregado. «Las preguntas fueron cambiando a medida que el sistema fue madurando», explicó.
«Nuestra realidad no es regenerar suelo, sino generarlo».
Alfonso Cerrota, responsable técnico de la Chacra Valles Irrigados de la Patagonia de Aapresid.
Uno de los principales hallazgos presentados durante el panel de Aapresid fue la velocidad con la que pueden evolucionar los indicadores de calidad del suelo cuando el manejo es el adecuado. Las mediciones realizadas por la Chacra mostraron mejoras sostenidas en la infiltración, la estructura y la actividad biológica, mientras que el carbono del suelo aumentó en todos los sitios evaluados apenas dos años después del inicio del proceso agrícola.
Los estudios realizados junto al equipo del investigador Luis Wall también evidenciaron un incremento significativo de la biomasa microbiana y una mayor diversidad de microorganismos respecto del monte natural. Para Cerrota, estos resultados demuestran que la agricultura bien manejada puede convertirse en una herramienta de construcción del suelo y no necesariamente en un factor de degradación. «Cada cultivo que incorporamos ayuda a acelerar ese proceso», explicó.
Rotaciones intensivas y manejo del agua
La estrategia productiva desarrollada por la Chacra combina gramíneas, leguminosas, cultivos de servicio y producciones comerciales buscando un equilibrio entre rentabilidad y mejora del ambiente.
Las gramíneas invernales ocupan un lugar central porque permiten comenzar rápidamente el desarrollo del suelo, favorecen la infiltración y reducen los riesgos de erosión durante las primeras etapas del proyecto. A medida que el sistema evoluciona se incorporan maíz, trigo, soja, alfalfa y distintas alternativas productivas, desde horticultura hasta producción de semillas, frutos secos o integración con ganadería.
Pero todo ese potencial depende de un manejo extremadamente preciso del agua. Cerrota explicó que un cultivo de maíz puede requerir cerca de 950 milímetros de riego durante su ciclo, mientras que el trigo demanda alrededor de 700 milímetros, valores que incluso aumentan a medida que se avanza hacia el oeste de la provincia.
Por eso, sostuvo que el balance hídrico diario es una herramienta indispensable para evitar pérdidas de rendimiento y optimizar el uso del recurso. Hoy ese seguimiento se complementa con sensores de humedad instalados en el suelo que permiten validar permanentemente las decisiones de riego.
«La conducción agronómica define el resultado final. En Patagonia, un pequeño error de manejo puede modificar completamente la productividad del sistema».
Alfonso Cerrota, responsable técnico de la Chacra Valles Irrigados de la Patagonia de Aapresid.
Los números que mostró la Chacra ayudan a explicar por qué cada vez más productores observan con atención a la Patagonia. En maíz, los establecimientos alcanzan rendimientos promedio de entre 11 y 14 toneladas por hectárea, con lotes comerciales que llegaron a rozar las 18 toneladas y potenciales experimentales superiores a las 22 toneladas.
En soja, falta camino por recorrer, pero los promedios rondan las 4,5 toneladas por hectárea, mientras que en los ensayos ya se superaron las siete toneladas. El trigo muestra un comportamiento destacado gracias a las condiciones ambientales de la región y al manejo del riego.
Sin embargo, Cerrota insistió en que esos resultados no son consecuencia únicamente del ambiente. «La conducción agronómica define el resultado final. En Patagonia, un pequeño error de manejo puede modificar completamente la productividad del sistema», afirmó.
Del conocimiento a la política pública
La experiencia acumulada por los productores y los equipos técnicos comienza ahora a encontrar un nuevo aliado: la inversión pública en infraestructura. El secretario de Agricultura de Río Negro, Lucio Reinoso, presentó durante el Congreso la estrategia provincial para ampliar la superficie agrícola bajo riego, apoyada en obras de electrificación, modernización de canales y financiamiento internacional.
La iniciativa busca transformar el potencial demostrado por la investigación y las experiencias productivas en una nueva etapa de expansión agrícola para la provincia.
Reinoso explicó que la provincia trabaja sobre una estrategia de largo plazo para transformar miles de hectáreas actualmente subutilizadas en nuevas áreas productivas. En ese sentido, detalló que una de las primeras decisiones de la gestión fue evaluar la disponibilidad hídrica de las cuencas de los ríos Negro y Colorado. Si bien ambos sistemas registraron una disminución del caudal durante las últimas dos décadas, producto de la menor acumulación de nieve en la cordillera, aseguró que la provincia continúa disponiendo del recurso necesario para impulsar nuevos desarrollos bajo riego.
A partir de ese diagnóstico, el gobierno prioriza las zonas con mayor potencial y diseñó un programa integral que combina obras de infraestructura, fortalecimiento institucional y asistencia técnica para los productores.
«Para que el riego sea económicamente viable necesitamos reemplazar el bombeo a gasoil por energía eléctrica»
Lucio Reinoso, secretario de Agricultura de Río Negro.
Como uno de los principales cuellos de botella identificados por la provincia es el acceso a energía eléctrica se proyecta avanzar por ese lado. «Para que el riego sea económicamente viable necesitamos reemplazar el bombeo a gasoil por energía eléctrica», explicó Reinoso.
La diferencia no es menor. Mientras el gasoil encarece significativamente los costos operativos, la electrificación permite reducir el costo del bombeo y ampliar la superficie económicamente viable para producir commodities.
Precisó que la provincia impulsa distintas obras que incluyen nuevas líneas de alta tensión, estaciones transformadoras y redes de distribución destinadas exclusivamente al desarrollo productivo. Entre ellas sobresale la línea eléctrica que une la central Guillermo Céspedes con General Conesa, diseñada para abastecer futuras áreas agrícolas bajo riego. A esa infraestructura se suman proyectos sobre el margen norte del río Negro y la modernización de los sistemas de riego del Valle Medio y del IDEVI, incorporando automatización, telemetría y nuevas estaciones de bombeo.
Según estimaciones oficiales, el conjunto de estas obras permitirá incorporar alrededor de 40.000 nuevas hectáreas bajo riego durante los próximos cinco años.
Una inversión histórica
Para hacer posible ese plan, Río Negro obtuvo esta semana la aprobación de financiamiento internacional por 80 millones de dólares, considerado uno de los proyectos productivos más importantes impulsados por la provincia en las últimas décadas.
Los recursos que llegarán a través de un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estarán destinados tanto a infraestructura como a capacitación y fortalecimiento institucional, bajo la premisa de que la tecnología por sí sola no garantiza buenos resultados si no está acompañada por conocimiento.
«Podemos instalar el mejor sistema de riego, pero si no sabemos manejarlo correctamente aumentan las posibilidades de fracaso», señaló el funcionario.
El programa también contempla líneas de financiamiento para que los productores puedan incorporar equipos de riego dentro de sus establecimientos, además de avanzar en la sustitución progresiva de bombas accionadas a gasoil por sistemas eléctricos y, en algunos casos, por energías renovables.
«Podemos instalar el mejor sistema de riego, pero si no sabemos manejarlo correctamente aumentan las posibilidades de fracaso»,
Lucio Reinoso, secretario de Agricultura de Río Negro.
Sin embargo, la apuesta de Río Negro va más allá de ampliar la superficie agrícola. La estrategia provincial busca que el crecimiento de la agricultura funcione como plataforma para agregar valor dentro del propio territorio. La idea es transformar localmente los granos, los forrajes y la alfalfa producidos bajo riego en carne, leche y otros alimentos, fortaleciendo la integración entre agricultura y ganadería. Este modelo permitiría multiplicar la generación de empleo, desarrollar nuevas cadenas agroindustriales y consolidar una matriz productiva mucho más diversificada que la actual, resaltó Reinoso.
En ese camino, el trabajo conjunto entre el gobierno provincial, Aapresid, Crea, la Universidad Nacional de Río Negro, el Consejo Federal de Inversiones y distintas instituciones técnicas aparece como uno de los pilares para acelerar la incorporación de tecnología y reducir los riesgos propios de una región que todavía se encuentra en plena expansión.
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