«Una locura»: llegó a producir 40 toneladas de materia seca y 3.900 kilos de carne por hectárea en Choele Choel

De los tiempos donde reinaba el tomate a la ganadería de precisión, el ingeniero agrónomo y productor ganadero y agropecuario Raúl Ottogalli construyó su experiencia en base a la incorporación de mejoras constantes en el campo. Su modelo productivo se centra hoy en el cultivo de remolacha forrajera para el engorde de bovinos, una dieta a la que acompaña con maíz, verdeos de invierno sembrados con drones y pasturas.

Por Miguel Vergara

Raúl Ottogalli, productor de Valle Medio. Foto: Alejandro Carnevale.

Raúl Ottogalli, productor de Valle Medio. Foto: Alejandro Carnevale.

En una chacra de 40 hectáreas ubicada en la isla de Choele Choel, rodeada por la historia productiva del Valle Medio, Raúl Ottogalli sigue haciendo lo que aprendió desde chico: producir. Pero también innovar.

Ingeniero agrónomo, productor ganadero y agricultor, Ottogalli representa a una generación que vio transformarse profundamente la región. Nació en la misma chacra donde hoy continúa trabajando a los 65 años, y fue testigo del auge y la caída de actividades que durante décadas dieron identidad económica al Valle Medio.

Mientras recorre los lotes donde hoy pastan novillos y crecen cultivos destinados a la alimentación animal, recuerda un escenario muy diferente. “Cuando yo tenía 15 años era tremendo el movimiento y la actividad que había. Todo acá era fruticultura y horticultura. Había siete fábricas de tomate, no quedó nada”, dice a Río Negro Rural.

Aquella economía regional pujante fue perdiendo fuerza por una combinación de factores: inflación, falta de financiamiento, cambios en los mercados y la aparición de nuevos polos productivos más cerca de los grandes centros de consumo. “Las políticas económicas, la falta de demanda y la formación de otros centros de producción hicieron que toda esta zona redujera su importancia como región hortícola”, resume Ottogalli.

Llegada a Argentina



La historia de los Ottogalli en el Valle Medio comenzó con la inmigración italiana. Sus abuelos llegaron desde la región de Udine buscando oportunidades y terminaron instalándose en esta zona productiva de Río Negro.

Verdeos de invierno se abren paso en la chacra de Raúl Ottogalli en Choele Choel. Foto: Alejandro Carnevale.


Aquí trabajaron inicialmente como administradores de una gran explotación agrícola, hasta que con el paso de los años fueron consolidando su propio patrimonio.

Raúl creció entre cultivos de alfalfa, viñedos y extensas plantaciones de tomate. “Yo nací en esta chacra. Conozco toda la historia de cómo era el movimiento que había acá hace cincuenta años”, recuerda.

Tras estudiar Agronomía en La Plata, regresó con la idea de continuar ligado a la producción. Primero trabajó en proyectos de papa semilla para exportación y luego fue pionero en el desarrollo de los papines patagónicos, que llegaron a supermercados de todo el país. “Siempre me gustó hacer novedades”, dice. Una frase que concentra buena parte de su trayectoria.

Nuevas alternativas



Después de años vinculados a la horticultura, la actividad ganadera comenzó a ganar protagonismo dentro del establecimiento. La transformación fue gradual. Lo que había sido una chacra frutihortícola se convirtió en un sistema orientado a la recría y terminación de hacienda.

Hoy Raúl Ottogalli compra terneros de aproximadamente 200 kilos provenientes de campos de la estepa patagónica y los lleva hasta los 400 kilos utilizando un esquema de alimentación basado en pasturas, verdeos, maíz y remolacha forrajera.

Precisamente la incorporación de este último cultivo marcó un antes y un después en su esquema productivo. “La remolacha forrajera es la reina de lo que tenemos acá. Nos dio muchísimas satisfacciones”, resume el productor sobre su vivencia con este cultivo.

La revolución silenciosa



La experiencia comenzó en 2018, cuando productores de la región conocieron la tecnología utilizada en Nueva Zelanda para la alimentación animal mediante remolacha forrajera.

El terreno listo para recibir una nueva campaña productiva en la isla de Choele Choel. Ottogalli va por un nuevo récord. Foto: Alejandro Carnevale.


Ottogalli fue uno de los primeros en adoptarla y su implementación a campo le dio la razón. “El resultado fue inmediato. La remolacha ofrece energía y proteína en el mismo cultivo y el animal la consume directamente en el lote”, señala como ventajas.

A diferencia del maíz, la remolacha no requiere cosecha ni procesamiento previo. Los animales aprovechan tanto las hojas como la raíz mediante un sistema de pastoreo controlado con boyeros eléctricos.

El productor destaca otra ventaja fundamental: la eficiencia productiva. “El año pasado llegamos a 40 toneladas de materia seca por hectárea. No hay otro cultivo que pueda igualar eso”, comenta Ottogalli.

La consecuencia se refleja directamente en los índices ganaderos. “Llegamos a producir 3.900 kilos de carne por hectárea. Ya 2.000 kilos es una locura; 3.900 es algo extraordinario”, resalta sobre los resultados obtenidos a campo con el manejo de este alimento.

Tecnología en la chacra



Aunque se trata de una explotación relativamente pequeña, la incorporación de tecnología es constante. En los últimos años sumó siembra directa, nuevos sistemas de riego y hasta drones para implantar raigrás sobre cultivos de maíz antes de la cosecha. Todo esto gracias a la aparición en el mercado de jóvenes que, a través de sus servicios, buscan hacer su aporte para una producción más eficiente.

La incorporación de nuevos cultivos está siempre presente en la idea de este productor de Valle Medio. Foto: Alejandro Carnevale.


“Este año incorporamos otra novedad: sembramos raigrás con dron sobre el maíz en pie. Cuando cosechamos, ya teníamos el verdeo implantado”, explica Ottogalli.

También introdujo nuevas especies forrajeras como el sainfoin, una leguminosa que complementa la alfalfa y reduce los riesgos de timpanismo en los bovinos.

La lógica es siempre la misma: probar, observar y adaptar. “Siempre estamos incorporando nuevas especies o nuevos cultivos al sistema”, dice Ottogalli.

Sostener la producción



Más allá de los avances tecnológicos que permiten vislumbrar una agricultura o ganadería más eficiente, Ottogalli recuerda que décadas atrás una chacra de cinco hectáreas permitía vivir dignamente a una familia. “Hoy eso ya no es tan fácil que ocurra, las unidades productivas deben ser más grandes y se deben trabajar de otra manera, con todos los avances que hay disponibles en el mercado”, afirma.

Ottogalli hace engorde de ganado bovino en su campo en Choele Choel.


También menciona un tema común entre los productores como es el recambio generacional: “De a poco hay jóvenes que están volviendo a las chacras o campos familiares y eso está muy bueno, no es lo usual pero hay excepciones que son bienvenidas”.

Una forma de vida



Más allá de los números y de la rentabilidad, hay algo que mantiene a Ottogalli ligado a la producción. Hace algunos años decidió mudarse nuevamente al campo y vivir de manera permanente en la chacra donde nació.

Con las comodidades que brindan hoy la conectividad y los servicios básicos, encontró allí el lugar donde quiere seguir desarrollando sus proyectos. “Empecé a pasar más tiempo en la chacra, me empezó a gustar y me quedé. Es una decisión de vida”.

Mientras observa los animales avanzar sobre los lotes de remolacha y los cultivos que se suceden a lo largo del año, Ottogalli continúa apostando por la misma receta que lo acompañó durante toda su carrera: innovar, adaptarse y seguir produciendo.

Porque en la isla de Choele Choel, donde tantas actividades desaparecieron, todavía hay productores convencidos de que el futuro puede construirse desde una chacra de 40 hectáreas, con la incorporación de prácticas tanto a nivel tecnológico como productivo.


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En una chacra de 40 hectáreas ubicada en la isla de Choele Choel, rodeada por la historia productiva del Valle Medio, Raúl Ottogalli sigue haciendo lo que aprendió desde chico: producir. Pero también innovar.

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