Rutas que “no perdonan” el error

El 85% de los accidentes fatales se produce por fallas humanas: exceso de velocidad, cansancio, violación de la prioridad de paso o mal cálculo en adelantamientos. Sin embargo, expertos alertan sobre la influencia del diseño de las rutas, incluso nuevas, que no toma en cuenta el concepto de seguridad vial, es decir, no piensa en evitar o corregir posibles errores y dar una “segunda chance” antes del choque o el despiste.

Redacción

Por Redacción

Como todos los veranos, los medios de comunicación se pueblan con imágenes e informes sobre accidentes fatales ocurridos en rutas de la región. En lo que va del año ya se han registrado al menos 28 víctimas fatales, según el recuento del centro de documentación de “Río Negro”: diez en Neuquén y 18 en Río Negro.

Más allá de las estadísticas, que parecen mantenerse estables, llama la atención la recurrencia de siniestros en lugares que parecen haberse vuelto “clásicos”: las largas rectas de las rutas 3, 22 y 251 en Río Negro y de la 22, 51 y la 237 de Neuquén y los cruces de las zonas más urbanas de la multitrocha neuquina y las rotondas y bajadas en la Ruta 7 entre Centenario y la capital. Y, aunque la mayoría de los comisarios de tránsito sabe, muy bien cuáles son las zonas “conflictivas” en cada jurisdicción, no se conocen análisis oficiales detallados de accidentología tanto a nivel nacional como provincial, que permitan planificar de mejor manera los recorridos y trazas.

Aunque es muy temprano para establecer regularidades con certeza, los accidentes ocurridos en la zona parecen seguir la tendencia nacional: son en su mayoría producto de errores humanos o de la imprudencia y se registra un aumento de hechos y víctimas en zonas rurales, con más casos de choques en “solitario”, una mayor participación de motos y ciclomotores y una baja en la edad de los involucrados. (Ver página 24)

Según explicó a “Debates” el director del Instituto de Seguridad y Educación Vial (ISEV), las estadísticas del 2012 dan lugar a cierto optimismo a nivel nacional acerca de los accidentes viales: según los datos del instituto, los siniestros disminuyeron un 30,2%, la mortalidad se redujo en un 9,6%y el índice de morbilidad (heridos graves en hechos) también descendió, el 33%.

El instituto dejó hace años de dar cifras de fallecidos, para evitar polémicas como las que involucraron al gobierno y a la ONG Luchemos por la Vida: mientras el primero difundió una estimación de 5.200 fallecidos en el 2012 , para la asociación civil el año pasado hubo 7.485 víctimas fatales . (Ver infografía)

El titular del ISEV, Eduardo Bertotti, explicó: “Preferimos no meternos en ese lío de cuántos muertos. Ya el número más bajo es grave. Lo importante es que la tendencia es positiva en los últimos dos años, porque los tres índices (siniestralidad, mortalidad y morbilidad) han bajado en 2012, aunque no de manera tan importante como en el 2011”, matizó.

Sobre la base de datos propios, el experto no se sorprendió por la cantidad de hechos graves ocurridos en la región: “Sigue la tendencia de un aumento del 5% de hechos en las rutas y autopistas, lo contrario de zonas urbanas, que disminuyeron”, explicó. Tampoco que buena parte de los hechos se concentren en pocos lugares.

Entre las razones de esta tendencia señaló que, además de las habituales (error humano), influye mucho el diseño de la infraestructura vial.

“No significa construir más o menos rutas o autopistas sí o no sino que, al diseñar los caminos, se realicen estudios serios de siniestralidad vial, se establezcan claramente las ‘zonas negras’ o los tramos donde se concentran estos hechos” y se envíe a esas zonas a expertos en seguridad vial que permitan establecer causas y posibles soluciones a la hora de construir, reconstruir o mantener esas trazas.

“Nosotros hablamos del concepto de ‘camino que perdona’, es decir, que contemple el error humano y exista un ‘colchón de seguridad’ que permita una chance de revertirlo antes del choque o vuelco”, sostuvo Bertotti.

(Continúa en la página 24)

(Viene de la página 23)

A modo de ejemplo, explicó que en rectas largas como las que se encuentran en la Ruta 251 cerca de Río Colorado o en la 237 de Neuquén “se recomiendan banquinas amplias y bien consolidadas o directamente asfaltadas, que tengan sitios de descanso para aquellos que deseen parar para tomar un respiro, con salidas de vía para quienes tienen fatiga, caminos de seguridad o vías de escape en zonas de pendiente”, resaltó Bertotti.

Por otro lado, en subidas como las de Collón Cura, en la 237, y las de otras zonas de la cordillera, por ejemplo, se recomienda una “tercera vía” para tránsito pesado o “calles de seguridad”, como hay en México y Chile, que son vías paralelas a la ruta al final de una pendiente, rellenas de arena, para ayudar a contener a vehículos (especialmente camiones) que se quedan sin frenos, por ejemplo. O pensar en cortinas arbóreas para sectores con intenso viento lateral, como ocurre en varias rutas patagónicas.

El experto explicó que en la mayoría de las provincias “no se está haciendo análisis accidentológico” a la hora de construir rutas. Puso como ejemplo la autopista 9 Córdoba-Rosario, inaugurada el año pasado. “Se decía que con el doble carril separado no iba a haber más accidentes y eso no ocurrió, porque la ruta está bien pensada desde la ingeniería pero desde lo accidentológico tiene tramos horribles: muchos kilómetros de recta sin lugares de descanso, desvíos ni una estación de servicios, nada. Hay mucha velocidad, lo que explica el aumento de los choques en solitario: autovuelcos o choques contra una estructura sólida, como un guard-rail”.

Se necesita un cambio cultural

En tanto, desde la región otros expertos hacen hincapié en la necesidad de cambiar la “cultura de tránsito” de las personas.

“La solución pasa por reducir la velocidad, aunque sea la permitida; la permitida es la velocidad precautoria en la que uno tiene total dominio del vehículo, si está en buenas condiciones de salud, si el vehículo está en buen estado y las condiciones del medio; si hay niebla, viento con tierra o llueve, una velocidad permitida de 110 deja de ser la precautoria”, ejemplificó el subcomisario Marcelo Román.

Román cuenta con 19 años en la Policía y durante 17 se ha desempeñado en seguridad vial y ha realizado especializaciones como perito en accidentología. Está a cargo de la Jefatura de Tránsito en el Alto Valle Norte –de Fernández Oro a Catriel– y al ser consultado respecto de por qué se producen periódicamente accidentes de tránsito en los mismos sectores sostuvo que “hay que dejar de hablar de accidentes: son hechos de tránsito, los accidentes no se pueden prevenir y en estos casos son entre el 1 y el 5%, el resto son todos hechos de tránsito que se pueden prevenir si se cambian las conductas”, sostuvo.

Ejemplificó que una de las primeras excusas que ofrecen los conductores tras chocar o volcar es que circulaban a la velocidad máxima permitida según la cartelería de la ruta. “Entre Cordero y Barda hay una recta de buena visibilidad donde siempre se producen hechos de tránsito y donde la solución pasa por reducir la velocidad, si se sabe que pasa gente, que es una ruta peligrosa y que hay condiciones atmosféricas que entorpecen el viaje”, dijo.

Detalló que “a veces los peatones cruzan la ruta o la calzada hablando por celular y están viendo que el vehículo se les viene encima y no largan el celular… nos estamos matando por torpezas”, sostuvo.

Describió como una constante el confort de los vehículos nuevos, que fácilmente alcanzan los 130 y hasta los 170 kilómetros por hora cuando el conductor sólo está capacitado para reaccionar a 110 kilómetros en el caso de aquellos avezados, ya que al bajar a la banquina con una velocidad de 130 kilómetros lo más probable es que vuelque.

“Si hay perros en la ruta, si hay personas saliendo de las chacras, si hay viento que mueve el auto, no se puede andar a 100 aunque sea la ruta; hay deficiencias y en algunos sectores hasta falta señalización o hay hendiduras en el asfalto por el peso de los camiones, pero en su mayoría los hechos de tránsito se producen en esta zona por gente que conoce el camino. La gente sale a la ruta a como dé lugar, a las 3 de la mañana, aunque esté cansando, apenas tomando un café cuando se sabe que esto reduce la capacidad de reacción…”, dijo.

Describió que parte de este cambio cultural se realiza a través de la concientización en las escuelas y con los más chicos, para que esto replique en los más grandes. Y agregó que “tampoco pasa por poner una patrulla cada dos kilómetros en la ruta para que tomen precauciones: hace poco, camino al Pellegrini hubo un hecho fatal en un lugar donde minutos antes había una patrulla, por un adelantamiento en la curva”.

REDACCIÓN CENTRAL

Con informes de agencias Centenario,

Viedma y Río Colorado

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