Sangriento atentado sectario en Afganistán
Temen que se dispare entre tribus la violencia.
KABUL.- En el primer atentado sectario de gran envergadura en Afganistán desde la caída del régimen talibán hace una década, un atacante suicida mató ayer a 56 fieles chiitas e hirió a más de 160 afuera de una mezquita chiíta en la capital. El cadáver de una mujer, que sostenía un niño muerto en cada brazo, estaba tendido en un camino de tierra lleno de zapatos, ropa manchada de sangre, sombreros y partes de cuerpos después de la explosión, que ocurrió al tiempo que otro estallido mataba a cuatro chiíes en la ciudad norteña de Mazar-i-Sharif. Un altavoz en el santuario emitía un verso del Corán mientras ambulancias se apresuraban a trasladar a los muertos y heridos. Fuera de un hospital en Kabul, un hombre que lloraba con otros parientes gritaba “Madre! Mi madre!’’ El Talibán condenó el ataque, una reminiscencia de la ola de violencia sectaria que sacudió a Irak durante el apogeo de la guerra allí. Las sospechas se dirigieron a grupos de milicianos con sede en el vecino Pakistán, donde los ataques sunitas sobre la minoría chiíta son comunes. Un hombre que aseguró pertenecer a Lashkar-e-Jhangvi, un grupo con sede en Pakistán que ha perpetrado ataques contra musulmanes chiitas, llamó a varios medios de comunicación paquistaníes para reivindicar la responsabilidad del atentado en Kabul. La validez de la afirmación no se pudo determinar. Hasta ahora, la guerra de Afganistán, que ya cumple una década se ha librado en gran medida la violencia sectaria, en la que los civiles se convierten en objetivo simplemente por su pertenencia a un grupo religioso en particular. El ataque de ayer sugiere que al menos algunos grupos de milicianos pueden haber cambiado de táctica, y ahora le apuntarían a minorías étnicas como los hazara, que son en gran parte chiitas y apoyan al gobierno afgano y sus socios occidentales. El Talibán afgano, integrado en su mayoría por pastunes étnicos y casi todos musulmanes sunitas, había estado intentando diversificar sus filas y expandirse a áreas fuera de su territorio nativo en el sur, al reclutar a algunos tayikos y otros y forjar una alianza con los milicianos uzbekos en el norte en un intento por mostrarse como un movimiento de resistencia nacional. A diferencia de otros grupos de milicianos iraquíes, que consideran a cualquiera de una comunidad rival un objetivo legítimo, el Talibán usualmente ha evitado realizar ataques masivos contra objetivos puramente civiles. Por lo general, suele dirigirlos a la coalición liderada por Estados Unidos, las fuerzas afganas o las oficinas del gobierno, aunque recientemente ha sido responsable de un creciente número de muertes de civiles en ataques a menor escala, según un informe de las Naciones Unidas. La poderosa explosión de ayer en Kabul fue el ataque más mortífero en la capital desde el 7 de julio del 2008, cuando un atentado suicida con coche bomba a las puertas de la embajada de India mató a más de 60 personas. La bomba estalló poco antes del mediodía en medio de un gentío de hombres, mujeres y niños concentrado frente al santuario de Abul Fazl para conmemorar la muerte, en el siglo VII, del nieto del profeta Mahoma, el imán Hussein. El santuario, cercano al palacio presidencial, estaba repleto de feligreses y varias decenas más se agolpaban en el patio. (AP)