Se consolida la paz en Filipinas

Redacción

Por Redacción

Una buena noticia esta vez: después de cuatro décadas de duros conflictos armados y de más de 150.000 muertes acumuladas, la paz ha finalmente llegado, para quedarse, al sur de Filipinas. Me refiero al conflicto interno armado que enfrentó a un movimiento musulmán separatista con las autoridades centrales del país asiático. Por esto, lo sucedido ha sido aplaudido sin retaceos por el presidente Benigno Aquino III y por todo el espectro político local, regional e internacional. La paz fue suscripta por las autoridades con los líderes del llamado Frente Moro Islámico de Liberación que operaba en el sur de Mindanao. Filipinas, recordemos, es un país predominantemente católico, pero con una presencia musulmana bien significativa en el sur del país. Como consecuencia de lo acordado, nacerá Bangsamoro, una nueva región con un gobierno con un fuerte grado de autonomía. Particularmente en todo lo que tiene que ver con la gestión de la distintiva identidad local. Para la zona, que hoy es una de las más pobres de todo Filipinas, la paz alcanzada podría ahora traer inversiones importantes y mejorar aceleradamente el nivel de vida de su población. Hablamos de un fuerte impulso a la minería de oro, níquel y cobre. De aumento de la producción de frutas y caucho. De pesca y turismo. De una variedad de alternativas que, entonces, podrían cambiar la cara de la región. Con rapidez. Lo que seguramente ayudaría a consolidar una paz que ha sido trabajosamente alcanzada. Porque, además, podría beneficiarse del acuerdo de libre comercio de Filipinas con Malasia e Indonesia, con el que se configurará un solo mercado en el 2015. Muy pronto, entonces. Cabe destacar la participación significativa que le cupo a Malasia en la negociación de paz y en la posterior consolidación del acuerdo de paz ya alcanzado. Por ello su primer ministro, Najib Razak, participó activamente de la ceremonia de suscripción de los acuerdos alcanzados y pronunció un discurso celebratorio. Merecidamente, por cierto. Para aplaudir, sin retaceos. También cabe señalar que, una vez más, en las negociaciones de paz fue decisiva la presencia diplomática, siempre profesional y positiva, de la Comunidad de San Egidio, entidad católica con sede en Roma que trabaja incansablemente en pro de la paz en todos los rincones del mundo en los que pueda colaborar. Ella fue liderada, en esta instancia, por el eficiente Alberto Quattrucci. La presencia de la institución católica aludida fue acompañada, en labor coordinada y paralela, por la de una agrupación islámica moderada, la indonesia Muhammadiyah, que apuntaló decisivamente la labor de quienes procuraron, todos juntos, alcanzar la bienvenida paz que acaba de firmarse para la castigada Mindanao. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

Emilio J. Cárdenas (*)


Una buena noticia esta vez: después de cuatro décadas de duros conflictos armados y de más de 150.000 muertes acumuladas, la paz ha finalmente llegado, para quedarse, al sur de Filipinas. Me refiero al conflicto interno armado que enfrentó a un movimiento musulmán separatista con las autoridades centrales del país asiático. Por esto, lo sucedido ha sido aplaudido sin retaceos por el presidente Benigno Aquino III y por todo el espectro político local, regional e internacional. La paz fue suscripta por las autoridades con los líderes del llamado Frente Moro Islámico de Liberación que operaba en el sur de Mindanao. Filipinas, recordemos, es un país predominantemente católico, pero con una presencia musulmana bien significativa en el sur del país. Como consecuencia de lo acordado, nacerá Bangsamoro, una nueva región con un gobierno con un fuerte grado de autonomía. Particularmente en todo lo que tiene que ver con la gestión de la distintiva identidad local. Para la zona, que hoy es una de las más pobres de todo Filipinas, la paz alcanzada podría ahora traer inversiones importantes y mejorar aceleradamente el nivel de vida de su población. Hablamos de un fuerte impulso a la minería de oro, níquel y cobre. De aumento de la producción de frutas y caucho. De pesca y turismo. De una variedad de alternativas que, entonces, podrían cambiar la cara de la región. Con rapidez. Lo que seguramente ayudaría a consolidar una paz que ha sido trabajosamente alcanzada. Porque, además, podría beneficiarse del acuerdo de libre comercio de Filipinas con Malasia e Indonesia, con el que se configurará un solo mercado en el 2015. Muy pronto, entonces. Cabe destacar la participación significativa que le cupo a Malasia en la negociación de paz y en la posterior consolidación del acuerdo de paz ya alcanzado. Por ello su primer ministro, Najib Razak, participó activamente de la ceremonia de suscripción de los acuerdos alcanzados y pronunció un discurso celebratorio. Merecidamente, por cierto. Para aplaudir, sin retaceos. También cabe señalar que, una vez más, en las negociaciones de paz fue decisiva la presencia diplomática, siempre profesional y positiva, de la Comunidad de San Egidio, entidad católica con sede en Roma que trabaja incansablemente en pro de la paz en todos los rincones del mundo en los que pueda colaborar. Ella fue liderada, en esta instancia, por el eficiente Alberto Quattrucci. La presencia de la institución católica aludida fue acompañada, en labor coordinada y paralela, por la de una agrupación islámica moderada, la indonesia Muhammadiyah, que apuntaló decisivamente la labor de quienes procuraron, todos juntos, alcanzar la bienvenida paz que acaba de firmarse para la castigada Mindanao. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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