Sismos en Vaca Muerta: la discusión ambiental sigue ausente

Desde 2015 se registran y seguirán hasta tanto se tomen las medidas necesarias. En el 2020 no hubo avances oficiales en la instalación de sismógrafos.




A pesar de la baja actividad que se regisró el año pasado, hubo 40 sismos en Vaca Muerta. (Foto: archivo)

A pesar de la baja actividad que se regisró el año pasado, hubo 40 sismos en Vaca Muerta. (Foto: archivo)

(*) por Javier Grosso y Daniel Zuñiga

Durante el 2020 se produjeron 42 sismos en vaca muerta, todos de baja profundidad y de magnitudes bajas a medias, y siempre en coincidencia con áreas hidrocarburíferas no convencionales en producción. Este año que pasó, además, nos dejó la muestra de que las consecuencias de los movimientos sísmicos en vaca muerta pueden tener incidencia en todo el Alto Valle de Río Negro y Neuquén. Los temblores en vaca muerta vienen registrándose desde 2015 y seguirán hasta tanto se tomen las medidas necesarias, que implican en primer lugar, plantear abiertamente la discusión ambiental.

El 2020 también dejó indicadores importantes respecto de los movimientos sísmicos. Por ejemplo, en un lapso de 6 días, desde el 1 hasta el 6 de junio se registraron 16 sismos (un enjambre sísmico), siempre en cercanías de Añelo, en todos los casos sismos superficiales y de magnitudes bajas a medias.

El día 6 de junio la empresa Shell suspendió temporalmente sus actividades de fractura en el área Bajada del Añelo, a causa de los movimientos sísmicos registrados en el sitio, tal como lo declaro la compañía. La suspensión fue preventiva ya que estos temblores podían poner en riesgo a los operarios, a los equipos de fracking y las demás instalaciones. Esta situación marcó la primera vez que una empresa detiene sus operaciones en vaca muerta debido a los sismos, y lo hace público.

En la última parte del año, la noche del sábado 27 de octubre encontró a gran parte del Alto Valle percibiendo los movimientos debido a un temblor de 4,4° en la escala de Richter.  Así, este año dejó en evidencia que las consecuencias de los movimientos sísmicos pueden ser regionales, afectando no solo a la población de las localidades “petroleras” sino también a todo el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

Lo que no hubo en este año fueron avances oficiales en la instalación de sismógrafos (que pareciera ser funcional al discurso que plantea que falta información para tomar decisiones). Tampoco se avanzó en la regulación provincial ante estos movimientos sísmicos: ¿sería prudente detener las operaciones (como lo hizo la operadora Shell) si ocurre un movimiento sísmico por encima de un nivel de intensidad determinado? La discusión ambiental sigue sin asomar en el horizonte de vaca muerta.

Esta herramienta podría funcionar como un “semáforo sísmico”, como se realizó por ejemplo en Inglaterra, en forma previa a la decisión oficial de detener el fracking en todo su territorio. A través de este “semáforo sísmico” las empresas debían detener sus operaciones durante 18 horas cada vez que la fractura hidráulica producía un sismo de intensidad mayor a 1,5° en escala Richter.

Mientras tanto, los grandes problemas ambientales continúan presentes. Los pozos sumideros siguen saturando las formaciones geológicas con los residuos líquidos provenientes de las perforaciones, y los sismos siguen haciendo temblar el suelo en esta parte de la Patagonia.

En este sentido, dado que uno de los desencadenantes de la actividad sísmica es la inyección subterránea de los residuos líquidos en pozos sumideros, sería adecuado promover directamente la reutilización de tales residuos por sobre la acumulación subterránea. Si bien la provincia de Neuquén exige en su normativa el tratamiento de estos residuos previo a su re-uso, la inyección a pozos sumideros es la práctica más habitual, siendo un volumen mínimo lo que es reutilizado.

Esta práctica de gestión ambiental redundaría en una disminución de la demanda de agua extraída principalmente del río Neuquén, y en una disminución de los residuos inyectados al subsuelo. De no orientarse a la reutilización, la acumulación subterránea de los volúmenes crecientes de residuos podría limitar el desarrollo de Vaca Muerta.

Si consideramos la evolución en la perforación de pozos no convencionales y el desarrollo masivo propuesto para los próximos años (en el Plan quinquenal de la provincia de Neuquén 2019-2023), será cada vez mayor la importancia de gestionar correctamente los impactos ambientales generados por esta actividad.

Promover proyectos de vinculación desde las secretarías provinciales, en su rol planificador, con el involucramiento de las universidades locales, podría resultar una vía de incentivo para la realización de planes de gestión que permitan la reutilización de los residuos líquidos, y la mitigación de los impactos ambientales.

Por otro lado, sigue siendo necesario completar la instalación de la red de sismógrafos que permita mejorar la calidad de la información en una zona tan sensible como vaca muerta. Se necesita también, una regulación provincial respecto de los sismos, que ordene las actividades de las compañías operadoras.

Vaca muerta es la segunda reserva de gas no convencional del mundo, y el aprovechamiento de esta riqueza del subsuelo, previniendo y minimizando los impactos, constituye el mayor desafío ambiental para el gobierno provincial y las localidades involucradas. Las decisiones que se tomen deben considerar las preocupaciones ambientales para lograr un desarrollo, no digamos sustentable, sino al menos equilibrado.

(*) Javier Grosso es Geógrafo y Docente de la Universidad Nacional del Comahue.

Daniel Zuñiga es licenciado en Saneamiento y Protección Ambiental, magister en Intervención Ambiental y docente de la Universidad Nacional del Comahue.


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