Cinco días a caballo para llegar a Ceferino: una peregrinación hecha de fe, promesas y tradición

Cada año, un grupo de jinetes parte desde distintos puntos del Alto Valle rumbo a Chimpay. Van al costado de la ruta 22 o por caminos rurales, comparten fogones y guitarreadas y llevan consigo historias personales de fe y agradecimiento. El último tramo lo hacen juntos, con cerca de un centenar de caballos entrando al pueblo donde nació su santo.

Por Lorena Vincenty

Gustavo Aragonés, durante una de las paradas del recorrido hacia Chimpay, prepara la montura antes de volver al camino. Hace más de 20 años que peregrina hacia el santuario de Ceferino. Fotos: Alejandro Carnevale.

El camino hacia Chimpay, para muchos, se hace a caballo y lleva cinco días. Los jinetes parten desde distintos puntos del Alto Valle y avanzan hacia el Valle Medio con un mismo destino: el parque de Ceferino Namuncurá. Algunos llevan una promesa, otros una tradición familiar y muchos la necesidad de llegar para agradecer.

Durante el recorrido se cruzan con otros peregrinos. Cuando cae la noche, los caballos descansan, se arma un fogón y aparecen las guitarras. Se comparte comida, se conversa sobre la jornada y los kilómetros que quedan por delante. La lluvia puede hacer más pesado el camino, pero la peregrinación continúa. Por eso, después de varios días de frío y agua, el sol se recibe como un regalo.

Gustavo Aragonés preparaba la montura durante una de las paradas. Aprovechó el descanso para tomar algo, comer y revisar que todo esté en condiciones antes de volver al camino hasta Cervantes. Ese día habían salido más tarde de lo previsto desde Fernández Oro. “Hoy salimos como a las 10, pero vamos bien. Sobre todo porque toca un día lindo, a pesar de los días que días atrás, había lluvia y frío”, explicaba.

Gustavo no viajaba solo. Parte de su familia lo acompañaba desde un vehículo mientras él avanzaba a caballo junto a su hijo Leo. “Van mis dos hijos, mi nuera, mi señora, con el vehículo y con Leo vamos a caballo”, cuenta.

Hace más de dos décadas que Gustavo encuentra una manera de volver a Chimpay. Hubo años de bicicleta, otros a caballo y hasta en moto. “Yo hace más de 20 años que hago esto, en bicicleta, a caballo, en vehículo, en moto. Es algo que tiene uno”, dice.

Agustina y Gaspar Carrasco recorren a caballo el camino hacia Chimpay, una tradición familiar que comenzó cuando eran chicos.

Cuando se le pregunta qué le pide a Ceferino, responde sin dudar. “Casi siempre agradecer más que pedir, qué más podemos pedir”, dice. Su vínculo con el beato comenzó cuando era muy chico, a partir de una historia que todavía guarda para sí.


Una sensación de fe


Ceferino Namuncurá nació en Chimpay, Río Negro, a fines del siglo XIX, en un contexto de profundas transformaciones sociales. Desde muy joven manifestó el deseo de estudiar y servir a su pueblo. Ingresó al colegio salesiano de Buenos Aires y más tarde continuó su formación en Italia, donde murió a los 18 años.

En 2007 fue beatificado por la Iglesia Católica. Con el paso de los años, su figura trascendió el ámbito estrictamente religioso y quedó ligada a valores como la solidaridad, la esperanza y la vocación de servicio. Cada año, miles de personas llegan hasta Chimpay para acercarse a su santuario.

Pero detrás de esa multitud hay historias particulares. Hijos que siguen el camino de sus padres, hermanos que se acompañan y jóvenes que comienzan a hacer solos una travesía que conocen desde chicos.

Agustina Carrasco es parte de una de esas familias. Ese día salió a las 9 desde Allen para encontrarse con su hermano, que había llegado desde Senillosa el día anterior. Ella no había podido partir con él porque tenía que trabajar. “Él vino de Senillosa ayer, pero yo, por el trabajo, no pude. Así que hoy me acerqué hasta Allen y desde ahí seguimos juntos”, cuenta.

En su familia, la relación con Ceferino comenzó hace años. Agustina recuerda que su papá realizó la peregrinación durante una década y que todo comenzó cuando ella era chica. “Mi papá empezó a creer en Ceferino por una historia que tiene que ver conmigo. Cuando era chica siempre íbamos para Challacó y yo le insistía para que pasáramos”, recuerda. En aquellos viajes dejaban pequeñas ofrendas.

Gaspar tiene su propia relación con el beato. Viene desde Neuquén y conoce la peregrinación desde los cinco años, cuando viajaba junto a su padre. Ahora la hace por su cuenta. “Siempre venía con mi papá, así que ahora ya me largué solo. Este es el tercer año que vengo solo”, cuenta.

Avanza a caballo junto a su hermana, mientras su padre los acompaña durante el recorrido. Para Gaspar, además, hay una razón personal que vuelve especial esta travesía. “Me ha cumplido, así que estoy muy agradecido y por eso viajo”, dice. Y antes de volver a montar agrega: “Yo me llamo Gaspar Ceferino, así que es algo que para mí vale mucho”.

Durante cinco días, el paisaje cambia y también cambia el cuerpo. Hay cansancio, madrugones, frío y largas horas sobre el caballo. Pero cada jornada termina alrededor del fuego, donde las historias de los peregrinos se mezclan con la música.

El último día tiene una escena propia. Antes de entrar a Chimpay, los jinetes se reúnen en la cruz y esperan a que llegue el resto. Cada uno avanza a su propio ritmo, por eso nadie parte hacia el pueblo hasta que están todos.

Cuando finalmente se reúnen, pueden ser alrededor de un centenar de caballos. La columna comienza a avanzar hacia Chimpay. Los cascos golpean el suelo a un ritmo lento y rompen el silencio del camino. Después de cinco días, el cansancio queda por un suspendido. Agustina conoce esa sensación. “Se siente felicidad”.


Programa de la Celebración a Ceferino


La 56° Peregrinación a Ceferino Namuncurá comenzará este viernes 28 y se extenderá hasta el domingo 30 de agosto, bajo el lema “Artesanos de humanización y paz”.

La propuesta invita a reflexionar sobre la construcción de una sociedad más humana, solidaria y comprometida con la paz. También se plantea como eje el mensaje “Con Ceferino y el Papa León, artesanos de humanización y paz”.

El viernes se realizará la apertura del monumento, el saludo al Beato y la bendición. También habrá una misa de bendición de niños y familias y la recepción de los peregrinos. Por la noche se llevará adelante una vigilia de oración por la humanización y la paz, bajo el lema “Instrumentos de tu paz”.

El sábado 29 será una de las jornadas centrales. Las actividades comenzarán a las 9 con la apertura del monumento y la bendición. A las 11 se celebrará la misa por la canonización de Ceferino y a las 15 se realizarán bautismos de niños.

Foto: Cecilia Maletti.

Durante la tarde habrá una misa en el monumento, actividades para jóvenes junto a María Auxiliadora, adoración eucarística y una celebración y reflexión del fuego a orillas del río.

Desde las 21, la juventud le cantará a la tierra con una propuesta que incluirá una sopa compartida en el Polideportivo. Ese mismo día se desarrollará además el espacio “Micrófono compartido”, destinado a reflexiones, testimonios e inquietudes, con temas como la conciencia y la dignidad humana frente a los desafíos de la inteligencia artificial y la problemática de las adicciones.

El domingo 30 comenzará a las 7 con la oración del amanecer junto a la Cruz del 5° Centenario, seguida de un desayuno comunitario. A las 8 se celebrará la misa del peregrino en el templo de Cristo, de la Tierra y la Vida. Una hora más tarde partirá la procesión desde la Cruz del 5° Centenario hacia el Parque Santuario.

La misa central tendrá lugar a las 11 en el Parque Santuario. Luego, a las 13, se realizará la bendición y el envío misionero de los jóvenes. La peregrinación finalizará a las 16 con la misa de despedida de los peregrinos. Durante las jornadas también habrá sacerdotes disponibles para quienes necesiten recibir el sacramento de la reconciliación.


Gustavo Aragonés, durante una de las paradas del recorrido hacia Chimpay, prepara la montura antes de volver al camino. Hace más de 20 años que peregrina hacia el santuario de Ceferino. Fotos: Alejandro Carnevale.

El camino hacia Chimpay, para muchos, se hace a caballo y lleva cinco días. Los jinetes parten desde distintos puntos del Alto Valle y avanzan hacia el Valle Medio con un mismo destino: el parque de Ceferino Namuncurá. Algunos llevan una promesa, otros una tradición familiar y muchos la necesidad de llegar para agradecer.

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