Con 18 años fabricó un mini satélite y lo lanzó desde el aeroclub de Allen: su norte es el Invap
Héctor Audisio, un estudiante del CET N° 8 se embarcó en un proyecto de ingeniería electrónica muy adelantado para su edad. Con ayuda de doce docentes de la región, lo construyó y ahora va por nuevos desafíos: al infinito y más allá.
Cuando tenía 11 años Héctor Audisio fabricó un torno; a los 18, construyó un mini satélite de manera autodidacta. ¿Qué hará en unos años más? “¿Un cohete a la Luna?”, se ríe e ironiza sobre sí mismo y sus ambiciosos proyectos.
El ingeniero en potencia tiene apenas 18 años y es estudiante del Centro de Educación Técnica (CET) N° 8. Este año cursará sexto de la orientación técnico electrónico y cada día del receso, disfruta de sus vacaciones planeando nuevos proyectos, entre componentes, módulos y placas.
La electrónica de comunicaciones sin dudas es su rama favorita. Lo descubrió en la escuela cuando se unió a un Club de Energías. En uno de los encuentros, Héctor conoció a Guido Raggi, un ingeniero de Invap, empresa argentina de tecnología estatal, quien fue parte del lanzamiento del Saocom. En esa oportunidad, se acercó a dar una charla en el colegio.
Ese día Héctor no dudó en aprovecharlo al máximo. “Empezamos a hablar de globos meteorológicos, de cómo se lanzaban, qué medían”. Casualmente este tema le interesaba mucho. “Son unos globos que van hasta la estratósfera, revientan y en ese trayecto que hacen desde la Tierra hasta la estratósfera toman datos del ambiente (…) es una suerte de satélite, pero que no queda en órbita”, explicó el chico.
Su cabeza no paró. Ante el interés, el ingeniero le prometió compartirle información sobre la tesis que había desarrollado y lo hizo. Héctor se puso a estudiar y se inspiró tanto que se embarcó en un proyecto personal: fabricar su propio mini satélite al que llamó “GeoSat”.
“La parte más complicada era la de transmitir datos a semejante distancia (…). Ahí estaba el desafío y comencé a indagar”, reveló el joven en una entrevista con Diario RÍO NEGRO. Desde diciembre de 2024, nada lo frenó en su misión.
No lo aprendió en el aula. Lo buscó en libros, consultó a especialistas. “Es re adelantado porque esto es más de sexto y estaba cursando quinto. Aprendí el manejo de dispositivos de medición diferentes a lo convencional”, admitió.
Con tenacidad, comenzó a estudiar y rodearse de profesionales en la materia que lo ayudaran a lograr su objetivo. Una red de 12 docentes lo acompañó en el armado del satélite desde distintas disciplinas. Brenda Piracés, Jose Luis Leiva, Pablo Corihuala, Alex Chandia, Flavia y Salvador Marilao, Sebastián Sánchez y Ariel Correas fueron los docentes del CET 8 que lo acompañaron en el desarrollo del GeoSat.
Orlando Audisio, padre de Héctor, fue el más fiel compañero en la aventura. “El único inversor que conseguimos fue mi papá”, detalló el estudiante. El hombre se pasó días enteros comprando los pequeños componentes para que su hijo experimentara durante todo el año pasado.
Además, su papá es docente en la Universidad Nacional del Comahue y conoce a ingenieros especializados a quienes contactó, como Marcelo Aráoz y Jorge Lassig, quienes prestaron colaboración.
Héctor Audisio: un chico con inquietudes, curioso y emprendedor
“Siempre fuimos de la educación pública”, resumió Orlando, su papá a este medio y contó que su hijo siempre fue un chico con “inquietudes raras”. Además de fabricarse el torno cuando era un nene, en la pandemia oía atentamente las clases virtuales que dictaba su padre. “Se ponía atrás mío a escuchar lo que yo daba, la parte de turbinas hidráulicas. Y él se fabricó una turbinita”, comentó.
“Un día fuimos a El Bolsón y se entusiasmó con una planta de lúpulo. La madre tiene una pequeña chacrita. Él tomó un pedazo, hizo una plantación de lúpulo y ahora fabrica cerveza”, relató el hombre, con orgullo.
La fabricación y el lanzamiento del mini satélite: un desafío
Lo primero que hizo Héctor fue aprender el manejo de la electrónica de la parte satelital. «No es la misma electrónica que se utiliza para automatizar una casa, para hacer un teléfono, un auto, o un satélite”, aclaró.
“Empezamos a hacer todo el desarrollo con profes de la escuela, programación de microcontroladores, los diseños, las pruebas”, comentó. Apenas tenía un rato libre, Héctor se iba a la facultad de Ingeniería con su papá y conversaba con los docentes.
Todo fue un desafío personal. El joven estudiante logró obtener un diseño apropiado en chapa de aluminio. “Empezamos con la parte de estructura a armar el mini satélite, el cuerpo, donde iba montado todo y ahí vamos colocando toda la electrónica”, comentó.
Su idea era -a través del dispositivo- tomar imágenes o videos y recolectar datos de temperatura, humedad y ambiente en áreas topográficas y enviar los datos a tierra. Pasaron once meses y lo terminó.
El minisatélite finalmente se lanzó el 10 de enero desde un avión en el Aeroclub de Allen y con la colaboración de paracaidistas. Lamentablemente, hubo problemas técnicos y la misión no se pudo concretar.
“No contábamos con que el avión iba a 130 kilómetros por hora y cuando lo lanzamos, era tanta la desaceleración que sufrió el satélite, que se terminó rompiendo”, admitió Héctor.
Sin embargo, lejos de ser una frustración para él estudiante, este suceso fue puro aprendizaje. Su trabajo demostró que es posible avanzar en esta escala. Apenas cuatro días después, el 14 de enero, ya estaba en su casa armando el próximo satélite con una impresora 3D.
Héctor Audisio y sus metas a futuro
El próximo lanzamiento será un “globo meteorológico” que pesará como máximo 70 gramos. “El globo queda suspendido solo en el aire y nosotros podemos hacer enlaces libremente con el satélite e intentar recibirlo lo más posible”, explicó.
Para su futuro, sabe que un banco en la Facultad de Ingeniería lo espera. “Después me podría especializar en la parte de comunicaciones y la parte de satélites”, asegura. “Me gustaría tener una experiencia laboral en INVAP”, sentenció el joven.
A pesar de ese anhelo, no se cierra a ser su propio jefe y armar a futuro su propio emprendimiento orientado a la fabricación de satélites, telecomunicaciones, transmisión y recepción de datos en tiempo real.
En la región, la UNCo tiene una trayectoria de décadas en el tema satélites. «Desde Comahue están armando un satélite, el Pehuensat, con componentes de celulares», adelantó el chico.
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