Burrata y mozzarella: cuál es la diferencia y por qué nunca deberías cocinarlas igual
Aunque suelen confundirse y comparten el mismo origen, la burrata y la mozzarella no son el mismo queso. De hecho, una de las diferencias más importantes está en su interior, su textura y hasta en la forma correcta de consumirlas.
La burrata nació casi por accidente hace más de un siglo y hoy es uno de los productos más valorados de la gastronomía italiana. Sin embargo, todavía hay quienes la cocinan como si fuera mozzarella y terminan arruinando justamente lo que la hace especial.
El origen de la burrata: una creación nacida para no desperdiciar nada
La historia se remonta a 1920, en la región de Puglia, al sur de Italia. Según la tradición, un quesero llamado Lorenzo Bianchino tenía sobrantes de mozzarella y crema al final de la jornada.
En lugar de descartarlos, decidió mezclarlos y envolverlos dentro de una bolsa hecha con la misma mozzarella. El resultado fue un queso completamente nuevo que bautizó como burrata, palabra derivada de burro (mantequilla en italiano), en referencia a la cremosidad de su interior.
Lo que comenzó como una solución para aprovechar ingredientes terminó convirtiéndose en uno de los grandes íconos de la cocina italiana.
La diferencia está en lo que hay adentro
A simple vista pueden parecer similares, pero la estructura de ambos quesos es muy diferente.
La mozzarella es firme y homogénea. Tiene una textura elástica y compacta que permite utilizarla en preparaciones calientes, pizzas, gratinados y recetas al horno.
La burrata, en cambio, tiene una capa exterior de mozzarella que esconde un relleno cremoso elaborado con stracciatella, una mezcla de hilos de queso deshilachados y crema fresca.
Al cortarla, el interior se derrama y aporta una textura suave, láctea y casi líquida que la distingue de cualquier otro queso.
Por qué la burrata no debe cocinarse
Uno de los errores más frecuentes es colocar la burrata directamente en el horno.
A diferencia de la mozzarella, la burrata no se gratina ni se cocina. El calor excesivo destruye la stracciatella, altera la textura y hace que pierda la cremosidad que la caracteriza.
Por eso los especialistas recomiendan servirla siempre fresca, sobre ensaladas, tomates, bruschettas o incluso sobre una pizza recién salida del horno. El calor residual del plato es suficiente para que se vuelva aún más cremosa sin perder sus propiedades.
También duran tiempos muy distintos
Otra diferencia importante tiene que ver con la conservación.
La mozzarella puede mantenerse en buen estado durante varios días si se almacena correctamente.
La burrata, en cambio, tiene una vida útil mucho más corta debido a su relleno cremoso. Lo ideal es consumirla el mismo día o dentro de las pocas horas posteriores a su compra para disfrutar plenamente de su sabor y textura.
Dos quesos con el mismo origen, pero completamente diferentes
Tanto la mozzarella como la burrata provienen de la leche de vaca y comparten parte de su elaboración. Sin embargo, tienen usos, texturas y características muy distintas.
La mozzarella nació para fundirse. La burrata, para romperse y derramarse sobre el plato.
Y ahora ya sabés por qué los italianos insisten tanto en que no son lo mismo.
Aunque suelen confundirse y comparten el mismo origen, la burrata y la mozzarella no son el mismo queso. De hecho, una de las diferencias más importantes está en su interior, su textura y hasta en la forma correcta de consumirlas.
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