De Río Negro al frente de batalla en Ucrania, Franco Sotto, el argentino que combate en la guerra

El joven de Río Negro lleva casi tres años combatiendo en Ucrania. Su historia forma parte de un informe que muestra cómo argentinos se alistan como voluntarios en la guerra.

Por Redacción

Franco Soto pelea hace tres años en el frente. Foto: captura de pantalla.

Mientras la guerra entre Rusia y Ucrania atraviesa su tercer año y parece lejana en el mapa, para Río Negro tiene un nombre propio, Franco Sotto. El joven que desde hace casi tres años vive a pocos kilómetros del frente de batalla y combate como voluntario en el ejército ucraniano.

Su historia aparece en el documental de TN «Morir en guerra ajena: la historia de los argentinos que combaten en Ucrania», que muestra cómo funciona el reclutamiento de extranjeros y cómo hombres comunes de distintas provincias del país terminaron involucrados en uno de los conflictos armados más grandes desde la Segunda Guerra Mundial.


«Ahora es una guerra más personal para mí»


En el documental, Franco Soto relató cómo cambiaron sus motivaciones con el paso del tiempo: «En un principio vine a ayudar porque cuando comenzó la guerra no me pareció justo y, como tenía experiencia militar, dije: ‘Bueno, voy a ayudar con lo que pueda aportar’. Ahora, estando tanto tiempo en la guerra, mis motivaciones cambiaron un poco. Ahora es una guerra más personal para mí».

Sotto contó que con los meses dejó de verlo como un conflicto lejano y comenzó a vivirlo en primera persona: «Uno ve lo que hacen los rusos, ve la destrucción en las ciudades, habla con los civiles. Hay pueblos donde antes vivíamos que volvieron a quedar bajo ocupación rusa. Hay amigos míos que fallecieron. Todo va sumando con el tiempo».

Soto también mostró la vivienda en la que reside actualmente y, con ironía, comentó: «No es la mejor casa, pero bajo las circunstancias en las que estamos es un penthouse prácticamente».

En la cocina, ante la pregunta del periodista sobre si tenía un mate, Sotto respondió que en ese momento no estaba a la vista, pero que sí tenía uno. También explicó que se habían mudado hacía poco y mostró el arma que utiliza, un AK-74 modificado que, según indicó, fue capturado a un soldado ruso. «Nuestra misión fue despejar una arbolada. El trabajo, más que nada, lo hacen los drones», describió sobre una de las operaciones.


Cómo llegan los argentinos a combatir en Ucrania


Según TN, el mecanismo de reclutamiento comenzó en febrero de 2022, cuando el Ministerio de Defensa de Ucrania empezó a recibir consultas de extranjeros interesados en sumarse al conflicto. Así nació la llamada Legión Extranjera. No existen cifras oficiales sobre cuántos argentinos integran actualmente el ejército ucraniano, pero se estima que al menos 50 combatientes ya se encuentran alistados.

El proceso incluye:

  • Contacto con un reclutador.
  • Explicación de condiciones y riesgos.
  • Entrevista presencial o por videollamada (para quienes viven en el interior).
  • Reunión grupal en un hotel de Buenos Aires dos días antes del viaje.
  • Desde allí parten hacia Ucrania. El pasaje y la estadía están cubiertos por el batallón que los incorpora. En el primer contingente de argentinos viajaron 14.

Muchos llegan con el pasaporte recién emitido. Algunos nunca habían salido del país ni subido a un avión.


Un viaje que parece turístico, pero termina en zona de guerra


El traslado desde el hotel al aeropuerto tiene un clima llamativo, música, charlas, bromas. Una escena que recuerda más a un viaje de vacaciones que a un traslado hacia un frente de batalla.

En los bolsos, apenas lo indispensable: muda de ropa interior, remeras, buzo, pantalón, zapatillas, nada más.

Al llegar a Ucrania, los voluntarios pasan por un período de capacitación antes de ir al frente. Se alojan en campamentos montados en pequeños pueblos abandonados por civiles.

Los argentinos suelen ubicarse en la llamada tercera línea del frente, a unos 50 kilómetros del combate. Más adelante están las «casas seguras», a 15 kilómetros, y finalmente la línea 0, donde se dan los enfrentamientos directos.

En esos campamentos, se escucha hablar español con distintos acentos latinoamericanos. Algunos lo hacen por convicción, otros por necesidad económica, otros por experiencia previa en fuerzas armadas o de seguridad, y otros por la expectativa de una oportunidad laboral futura.

Pero todos comparten la misma decisión: dejar su vida atrás para ir a pelear a miles de kilómetros, en una guerra que no es propia.


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