Durante 20 años estudió la vida detrás de la pesca en la Patagonia y ahora llevará la ciencia al corazón de la industria
María Soledad Schulze convirtió a la pesca en el eje de toda su carrera científica. Dedicó casi dos décadas a estudiar cómo el crecimiento de la pesca del langostino transformó el trabajo, la economía y la vida de las ciudades pesqueras de la Patagonia.
La socióloga María Soledad Schulze dedicó gran parte de su carrera a investigar el trabajo, las familias y los cambios sociales que transformó el auge del langostino en la Patagonia. Hoy inicia un nuevo desafío: producir conocimiento desde una cámara empresaria sin abandonar la mirada crítica con la que construyó toda su trayectoria.
Cuando Schulze empezó a estudiar Sociología en 2007, la carrera acababa de reabrirse en Mar del Plata después de haber permanecido cerrada desde la última dictadura militar. Ese mismo año, el puerto atravesaba uno de los conflictos laborales más intensos de su historia reciente. Las discusiones por los convenios colectivos, la precarización laboral y la crisis de la merluza marcaron el paisaje en el que comenzó a formarse como investigadora.
Aquella coincidencia terminó definiendo toda su carrera. Primero llegó una tesis sobre las condiciones laborales en las plantas de procesamiento de pescado. Después otra, ya en el doctorado, enfocada en las identidades y las relaciones de poder dentro de ese mismo universo. Sin proponérselo, empezó un camino que ya lleva casi dos décadas dedicado a comprender una actividad que suele medirse por toneladas exportadas, pero que ella aprendió a mirar desde otro lugar: el de las personas.
«La pesca no puede entenderse solamente desde los desembarques, las exportaciones o los permisos. Está sostenida por personas y por familias pesqueras», resume. Esa idea atraviesa todas sus investigaciones. Durante años recorrió puertos, entrevistó trabajadores, observó plantas de procesamiento y siguió de cerca las profundas transformaciones que produjo el boom del langostino en la Patagonia.
Mientras el recurso ganaba protagonismo internacional, ella estudiaba cómo ese fenómeno cambiaba mucho más que la economía. «La pesca organiza horarios, familias, barrios, consumos, conflictos y expectativas de futuro», explica.
Para Schulze, detrás de cada barco hay historias familiares, oficios heredados y conocimientos construidos durante generaciones. Cambiar de especie, modificar una forma de pesca o incorporar nuevas tecnologías también implica transformar rutinas, identidades y modos de vida.
Su mirada nunca quedó limitada a los números productivos. En sus investigaciones aparecen los marineros, las trabajadoras de las plantas, los estibadores, los técnicos, los sindicatos y también las mujeres que, aunque históricamente estuvieron presentes en la cadena pesquera, muchas veces quedaron invisibilizadas. Hoy reclama mejores indicadores para conocer cuántas trabajan, en qué condiciones y qué oportunidades reales tienen de acceder a puestos de decisión.
Paradójicamente, nunca imaginó que terminaría trabajando junto a una cámara empresaria. «Mis temas siempre estuvieron mucho más vinculados al mundo de los trabajadores. Incluso tenía ciertos prejuicios sobre la posibilidad de trabajar cerca del empresariado sin perder una mirada crítica», reconoce.
Sin embargo, los años de investigación fueron ampliando su perspectiva. Participó en diagnósticos sociolaborales, evaluaciones ambientales y distintos proyectos que la llevaron a dialogar con empresarios, organismos públicos y otros actores de la actividad.
Ese recorrido desembocó ahora en un nuevo desafío: incorporarse a la Cámara Argentina Patagónica de Industrias Pesqueras (CAPIP), a través del programa «Investigadora en Empresa», impulsado por el Conicet. Allí buscará construir algo que todavía escasea en el sector: información social.

Mientras abundan los datos sobre exportaciones, capturas o mercados, todavía falta conocer con precisión quiénes trabajan en la pesca, cuáles son sus trayectorias laborales, qué necesidades de capacitación tienen, cómo participan las mujeres o cuáles son las condiciones de empleo en los distintos eslabones de la cadena.
«No se trata solamente de producir datos, sino de ordenar información que permita mirar la cadena de valor de manera más integral», explica. Para ella, las ciencias sociales también pueden aportar al desarrollo productivo. «Una investigadora puede ayudar a interpretar procesos que no siempre aparecen en las estadísticas: cambios en la organización del trabajo, necesidades de capacitación, desigualdades laborales o transformaciones territoriales.»
Después de casi veinte años estudiando el mundo pesquero, hay algo que todavía la sorprende. «La pesca parece una actividad simple. Pero cuando una empieza a mirarla de cerca aparecen capas y capas de relaciones, saberes, conflictos, estrategias e historias familiares», dice. Quizá por eso sigue investigándola. Detrás de cada langostino que sale al mundo hay comunidades enteras cuya vida cotidiana gira alrededor del mar. Y entender esa dimensión humana, sostiene Schulze, también es hacer ciencia.
Un puente inédito para las ciencias sociales
María Soledad Schulze se convirtió en la primera investigadora de ciencias sociales del Conicet en incorporarse a una empresa mediante la modalidad «Investigadora en Empresa», a partir de un convenio firmado entre el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y la Cámara Argentina Patagónica de Industrias Pesqueras (CAPIP).
El acuerdo, suscripto en el Centro Nacional Patagónico (Cenpat), busca acercar la investigación académica a las necesidades concretas del sector productivo. Si bien esta modalidad suele utilizarse en disciplinas como física, química o biología, hasta ahora prácticamente no existían antecedentes desde las ciencias sociales.
Schulze dirige desde 2019 el Grupo de Estudios de Pesquerías del Litoral Atlántico (GEPLA) de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y es impulsora del Observatorio del Sistema Pesquero Argentino (OSPA). Desde esos espacios ya venía trabajando junto a la CAPIP en distintos proyectos de investigación.
Durante el próximo año desarrollará el proyecto «La actividad pesquera industrial en Argentina. Diagnósticos sociolaborales con foco en la cadena del langostino en Chubut (2006-2027)», cuyo objetivo es construir indicadores sobre la dimensión social del sector.
Entre otros aspectos, relevará los niveles educativos de trabajadores de plantas de procesamiento y marineros, las trayectorias laborales y las necesidades de capacitación. La información permitirá complementar los tradicionales datos productivos (capturas, exportaciones o mercados) con una mirada sobre las personas que sostienen la actividad, para generar diagnósticos que sirvan de base para el diseño de políticas y estrategias de mejora dentro de la industria.
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