El desafío de trabajar a la intemperie con frío extremo

Vendedores ambulantes, playeros, constructores, operadores de estacionamiento medido, son algunos de barilochenses que a diario padecen las bajas temperaturas en la calle. Sus secretos para sobrellevarlo y mejorar las condiciones.





Cuando las temperaturas descienden por debajo del cero, el hielo cubre las calles y el viento sopla fuerte para empeorar el cuadro, hay trabajadores que no cuentan con el resguardo de una oficina climatizada, tampoco pueden buscar cobijo en un galpón, o un vehículo, porque la intemperie es su ámbito natural.

Arropados con el mejor abrigo posible, tratan de dejar al descubierto solo los ojos y los dedos, cuando hace falta para escribir o manipular dinero. Así salen al ruedo en Bariloche, mentalizados para cumplir turnos de varias horas expuestos a la inclemencia y ganarse el ingreso que necesitan día a día ellos y sus familias.

El trabajo en la calle en esta época del año es una prueba cotidiana para muchos personas con oficios que demandan aguante y adaptación.

Miguel Velázquez es playero en la estación de servicio Axion de Gallardo y 9 de Julio, tiene 30 años en la actividad y reconoce que a la hora de prever la ropa de trabajo no se debe improvisar. “en días como estos me preparo con calza térmica abajo del pantalón. Camiseta térmica, cuellito, gorro, campera y doble media”, aseguró.

Miguel Velázquez, playero de una estación de servicio de Bariloche, asegura que la ropa abrigada es fundamental. Foto: Chino Leiva

Su turno laboral es de 8 a 18 y los días de helada fuerte las horas pasan lento, según admitió. Pero más duro todavía que el frío extremo es el viento. Todos los trucos son válidos para sobrellevar la exigencia. Velázquez dijo que “el invierno es bravo, pero se pasa” y cuando el cuerpo se entumece apelan a “un café o un chocolate” para retemplar el ánimo.

Entre quienes deben enfrentar situaciones parecidas están los vendedores ambulantes, que en estos días buscan empezar temprano y ampliar sus horarios para aprovechar al máximo la temporada turística. También les toca trajinar ese paño quienes ofrecen cambio de moneda en el centro de la ciudad.

Uno de ellos, con parada fija en una esquina de Mitre, se identificó sólo como “José”, dijo que empezó hace solo un par de meses y que está en la calle “de 9 a 21”, para que el trabajo le rinda. También confesó que el abrigo es clave y no contar con buena ropa es garantía de “pasarla mal”.

Vendedores de café y chocolate caliente, son un clásico de la calle Mitre. Foto: Chino Leiva

Un subgrupo aparte es el de los trabajadores de la construcción, quienes además de soportar las temperaturas gélidas cumplen tareas que demandan un importante esfuerzo físico, aunque advirtieron que estar en constante movimiento de algún modo les juega a favor.

Es un laburo que te deja sin ganas de nada, cuando llego a las 6 a casa me baño y me acuesto” dijo Brian Mora, un joven de 24 años que vive en el barrio El Pilar I y trabaja en un edificio en construcción ubicado en la céntrica esquina de Palacios y Elflein.

Aseguró que el frío es un desafío en sí mismo, pero también es cuestión de “costumbre”. La obra en la que trabaja está a cargo de una empresa grande, y los capataces tratan de programar la actividad en función del clima, ya que algunas son simples terminaciones y se pueden hacer bajo techo.

Los obreros de la construcción también sufren el clima con extremas condiciones de frío para realizar sus tareas. Foto: Chino Leiva

Pero para cuando no queda otra y hay que trabajar afuera, Brian cuenta con una buena campera, gorro grueso y medias de lana. Dijo que este invierno le resulta “re crudo” y cuando hay viento, en los pisos altos “se pone insoportable”. Cada tanto, los obreros buscan refugio en uno de los futuros departamentos, donde tienen un microondas y un calefactor para reponerse, facilitados por la empresa contratista.

Otro trabajador del mismo gremio, César Cárdenas, señaló que en los días fríos se arropa lo mejor posible y con sus compañeros tratan de realizar tareas que levanten las pulsaciones. En la construcción, ejemplos sobran. Mientras paleaba para cargar una y otra vez una carretilla, César dijo que “después de un rato entrás en calor y la helada ya no pega tanto”.

Por estos días cumple tareas en una obra ubicada en Palacios al 400 y reconoció que “en invierno es complicado de verdad” trabajar afuera. Siente que aun con guantes, gorro y ropa térmica “a veces no alcanza”. Si la hostilidad climática supera lo tolerable buscan concentrarse en “tareas de pintura e interior” y lo de afuera lo dejan “para otro día”.

Velázquez, uno de los históricos de comida callejera se mantiene todos los días frente a la intendencia de Parques. Foto: Chino Leiva


Operadores del estacionamiento, con protocolo propio


También han asumido la peripecia de trabajar largas horas en la calle los controladores del estacionamiento medido, a quienes les toca lidiar con la quietud obligada de las paradas fijas.
Son más de 130 en toda el área céntrica, están organizados en cooperativas y cuentan desde hace años con un “protocolo climático”, que les garantiza reemplazos periódicos en los días de temperatura polar.

Ramón Soto tiene 42 años y forma parte de la cooperativa Kata Wain Nehuen. Mientras cubría su turno en la calle Gallardo al 400, le explicó a este medio que el “protocolo” se aplica cuando la sensación térmica es inferior a cuatro grados bajo cero. En esos casos cuentan con compañeros de relevo, cada dos o tres horas, y pueden ir a la oficina de la cooperativa a tomar algo caliente y recuperarse en ambiente calefaccionado. En días de mucha lluvia el municipio ha decidido levantar el servicio.

Los operadores de estacionamiento medido tienen su propio «protocolo» para afrontar las malas condiciones climáticas. Foto: Chino Leiva

Según Ramón, trabajar en la calle es exigente, pero el mismo sistema de estacionamiento y las cooperativas buscan mejoras permanentes, les han dado camperas aptas y ellos mismos buscan intercambiar consejos para afrontar el frío de la mejor manera. Son obligadas las prendas térmicas, gorro y capucha, dos pares de medias y algunos “se ponen bolsas de plástico en los pies, para aislar más”.

Todos esos detalles son importantes, los planean cuando se levantan temprano para ir a trabajar y siempre es mejor prevenir. “Como decía mi abuela, hay que cambiar las chapas antes de que llueva”, recordó Ramón.

Según indicó, el viento representa un problema en sí mismo, no solo porque multiplica el frío, sino porque “hay que cuidar que no se vuele nada”, ya que su propio trabajo los obliga a manejar comprobantes y dinero en plena calle.

Los trabajadores de estaciones de servicios padecen el frío para cumplir su tarea pero tienen buena indumentaria. Foto: Chino Leiva

Otra operadora del estacionamiento medido, Tatiana Uribe, dijo que cada trabajador tiene en su cuadra algún resguardo identificado donde cubrirse un poco más. Es común verlos, en algún tiempo muerto, con las manos cerca de la salida de algún “tiro balanceado”. En su cooperativa, la del grupo Encuentro, el acuerdo que tienen es rotarse “una hora y una hora” en los días cuyas temperaturas imponen el funcionamiento del “protocolo climático”.


La calle y la gente, dos condicionantes


Hacerle frente a los rigores de la intemperie también es condición indispensable para la venta ambulante. Muchos ya conocen a Alejandra por su presencia repetida en el semáforo de Bustillo y ruta 82, donde vende chipá todas las mañanas desde las 9, con un corte al mediodía y un segundo turno a la tarde. Dijo que arrancar tan temprano no es fácil, especialmente cuando nieva y el termómetro marca varios grados bajo cero.

“En realidad trucos no hay, solo estar muy abrigada, tres capas de ropa, buen calzado, bufanda y gorro. Y aguantar”, reconoció. Las buenas ventas la llevan a admitir que “vale la pena” el sacrificio, aunque este invierno es “más duro que otros”.

Fernando, el cafetero más conocido del Centro Cívico de Bariloche, no falta ni siquiera con nieve. Foto: Chino Leiva

La larga detención del semáforo para quienes circulan en dirección sur/norte es su mejor aliado. Alli es cuando se arrima a los autos y no tarda en encontrar comprador. Tiempo atrás su parada fija era el semáforo del kilómetro 13, pero lo abandonó porque “muy seguido quedaba intermitente” y era muy difícil ofrecer chipá en esas condiciones, solo con un cartel al costado del camino.

Para Alejandra el trato con la gente es parte fundamental de su esforzado oficio. “Mucha gente me reconoce y me dice que soy una gran trabajadora” aseguró, como exponente y defensora de la venta callejera, que se multiplicó a partir de la pandemia.

Los feriantes resguardan con nylon sus artesanías para ofrecer a los turistas de Bariloche. Foto: Chino Leiva

También Ramón Soto, con su tablet de estacionamiento medido en mano, dijo que “es imposible trabajar en la calle sin llevarse bien con la gente, hay que buscarle la vuelta a todo”. Agregó que batallar contra el frío y el viento “no es para cualquiera” y a su entender “los jóvenes son los que más lo padecen, no están preparados”. A sus 42 años, siente que ése es su medio, al punto de que “alguna vez que se cortó el estacionamiento, por una gran nevada”, en lugar de perder el día acordaron con su cooperativa salir a ofrecerse para “palear nieve en las veredas”.

Brian Mora, obrero de la construcción, experimenta el trabajo duro y al aire libre como una desventura temporal y aspira a lograr algo mejor. Dijo que tiene el secundario terminado pero todo está difícil. “Por ahora no consigo laburo en otra cosa”, admitió.

También el despachante de combustible Miguel Velázquez, le busca otro ángulo a la pregunta por la inclemencia del invierno barilochense. “Es complicado en estos meses, pero pasa. Trabajar en la estación de servicio tiene sus pro y sus contras -reflexionó-. A favor podemos decir que está el contacto diario con el cliente, el reconocimiento que uno recibe, es lo mejor que nos pasa. Y también que cuando viene la primavera y el verano estar al aire libre es muy bueno, uno ve el cielo, se siente más libre”.

Luisina llega cada día desde el barrio Cooperativa 258 al centro de Bariloche para ofrecer sus sandwich de milanesa, con su lema «Coma con la mano». Foto: Chino Leiva

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