El guanaco y un mapa invisible: la «memoria cultural» que guía su migración por la Patagonia

Con la llegada del frío y la nieve, empieza el desplazamiento de los grandes hervíboros en medio de desafíos y amenazas crecientes. Novedosos estudios afirman que sus rutas surgen del aprendizaje colectivo y no de un instinto animal.  

El guanaco es uno de los mamíferos más altos de la fauna sudamericana. Fotos: Agustina Ojeda - Franco Bucci. Gentileza Rewilding Argentina.

Cuando las primeras nevadas comienzan a cubrir las mesetas de Santa Cruz, algo se mueve en silencio. Los guanacos dejan atrás los pastizales de verano y emprenden un viaje estacional hacia zonas más bajas, donde las condiciones climáticas son más favorables para atravesar el invierno.

Este movimiento, que se repite año tras año, es parte de un comportamiento migratorio habitual que no solo es vital para la supervivencia de estos animales, sino también para el equilibrio de todo el ecosistema patagónico.

«Las migraciones se caracterizan por movimientos estacionales de ida y vuelta que involucran a un gran número de individuos a la vez», explica Emiliano Donadio, biólogo y director científico de Fundación Rewilding Argentina.

En esa provincia sureña es común que estos desplazamientos ocurran entre marzo y junio, aunque dependen del clima.

Dos poblaciones de guanacos monitoreadas en Sudamérica


Las dos poblaciones estudiadas hasta el momento son las de Parque Patagonia y Monte León y son las únicas de Sudamérica monitoreadas en profundidad con tecnología satelital.

Más allá de la observación de estos recorridos, científicos comienzan a hacerse nuevas preguntas de investigación. Una de las más relevantes es por qué no todos los guanacos migran, incluso cuando habitan ambientes similares. Este interrogante aún está en estudio y su respuesta podría cambiar la forma de entender este comportamiento.

Fotos: Agustina Ojeda – Franco Bucci. Gentileza Rewilding Argentina.

La idea central de esta teoría es que las migraciones dependen de información aprendida socialmente, más que de un programa genético predeterminado”, explica Donadio.

En otras palabras, “el componente de aprendizaje es más importante que el instintivo”. Los guanacos no nacerían “sabiendo” migrar, sino que aprenderían las rutas y los tiempos observando a otros individuos: es una suerte de “memoria cultural”.

«Individuos jóvenes van aprendiendo sobre las migraciones a partir de lo que ven hacer a los individuos maduros con experiencia», señala Donadío consultado por Diario RÍO NEGRO.

Este enfoque, que ya cuenta con evidencias en grandes herbívoros de Norteamérica, introduce un concepto clave: la migración como parte de una cultura animal. En ese sentido, la continuidad de estos desplazamientos depende de que las nuevas generaciones puedan aprender de las anteriores.

«Son investigaciones que se han hecho en Estados Unidos (…) la idea es que la migración es aprehendida y que se transmite de generación en generación, por eso se habla de una cultura animal».

Emiliano Donadío, biólogo y director científico de Rewilding Argentina.

Una amenaza latente en las migraciones de guanacos: las barreras


Hace años, el biólogo patagónico advierte que hay una preocupación de fondo y es que ese proceso inevitable y natural, está en constante riesgo. Uno de los principales obstáculos son los alambrados que atraviesan la estepa y que ponen en peligro de enganche a los animales.

Fotos: Agustina Ojeda – Franco Bucci. Gentileza Rewilding Argentina.

En invierno, cuando la nieve dificulta los movimientos, estas barreras pueden volverse trampas mortales. “Particularmente en invierno, los alambrados pueden convertirse en una barrera letal para los guanacos”, advierte el investigador.

Muchos animales quedan atrapados o no logran avanzar hacia zonas seguras, lo que puede derivar en su muerte por frío o falta de alimento.

“Un estudio realizado por investigadores del Conicet en Río Negro mostró que al menos un 6,4% de la población muere enganchada en los alambrados. Si se extrapola a toda la Patagonia, esto implica miles de animales por año”, advierte.

Desde Rewilding Argentina insisten en que el problema no es menor. Estudios científicos estiman que un porcentaje significativo de la población muere cada año por quedar enganchada en estos cercos. Y las consecuencias van más allá de la pérdida individual porque no solo afectan su supervivencia, sino que ponen en riesgo la transmisión de esas rutas a nuevas generaciones.

“Cuando las migraciones se interrumpen, la memoria cultural que las sostiene no queda ‘en pausa’. Tiende a erosionarse y, con el tiempo, desaparecer”, explica Donadio. Sin esa transmisión de conocimientos, las rutas migratorias podrían perderse definitivamente.

Frente a este escenario, desde la ciencia proponen soluciones luego de años de estudio. Por ejemplo, mediante modificaciones en los alambrados —retirar la hebra superior o generar espacios de paso— se demostró que es posible reducir significativamente la mortalidad.

Mortalidad

6,4%
de la población de guanacos en Río Negro muere enganchada en los alambrados, según un estudio de Conicet.

Proteger las rutas de guanacos a tiempo: el impacto en el ambiente


Las consecuencias de este fenómeno se extienden al medio ambiente porque los movimientos cumplen funciones ecológicas fundamentales, como la dispersión de semillas y la redistribución de nutrientes.

Fotos: Agustina Ojeda – Franco Bucci. Gentileza Rewilding Argentina.

“Se pierde heterogeneidad ambiental”, resume el biólogo, lo que puede alterar el funcionamiento de toda la estepa. “Implica la pérdida de funciones ecológicas móviles, mecanismos que conectan ecosistemas en el espacio y en el tiempo”, refuerza.

Mientras tanto, el ciclo natural sigue su curso. A medida que el frío avanza, algunos grupos de guanacos empiezan a bajar desde las mesetas, guiados por rutas invisibles que combinan instinto, experiencia y aprendizaje.Los científicos advierten que este «mapa» podría desaparecer si no se lo protege a tiempo.


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