Los hinchas del Alto Valle revolucionan el Mundial: «Los pibes de barrio como yo no llegan hasta acá»

Un genetista de Allen que trabaja en EE.UU. y viaja con un Messi de crochet, una docente jubilada de Centenario que se animó a la aventura en solitario y una pareja de Roca que vive una experiencia única. Tres historias oriundas de Neuquén y Río Negro.

Maximiliano Ortiz se fue a vivir a Estados Unidos con el objetivo de ver el Mundial 2026. (Foto: Gentileza).

La pasión del Alto Valle copó el Mundial 2026. Maximiliano Ortiz de Allen, Lidia Romano de Centenario y Hernán Fiore de Roca cruzaron el continente para cumplir el sueño de sus vidas en Estados Unidos entre cábalas, ahorros y viajes en solitario. «Los pibes de barrio como yo no llegan hasta acá. Entrar al estadio y ver el camino recorrido… valió todo el esfuerzo», reflexionó Maximiliano, genetista graduado de la universidad pública. «Hay que vivirlo», comentó Lidia a sus 64 años. «Esto es espectacular», sumó Hernán.

El genetista que llevó la bandera de Allen al Mundial en Estados Unidos


Maximiliano Ortiz siempre había soñado con viajar a un Mundial. Es genetista y hace unos años le surgió la posibilidad de vivir en el exterior. Se debatía entre Europa y Estados Unidos, cuando recordó que en 2026 el Mundial se iba a jugar en el país norteamericano. Así, la decisión fue fácil: “Mi plan de cinco años funcionó a la perfección”, celebró.

Las cámaras lo captaron desde la tribuna del partido de Argentina contra Argelia en Kansas, junto a su bandera con la leyenda: «Allen, Río Negro». Ese momento no quedó capturado en su celular, aunque sí en su memoria. “En el partido puse el modo avión porque no quería vivir la experiencia a través del teléfono. Quería estar ahí, empaparme”, comentó.

La transmisión oficial captó la bandera de Maximiliano. (Foto: Gentileza).

Cuando desactivó el modo avión, le “explotó el teléfono”. Su familia y sus amigos lo habían visto por la tele y no paraban de felicitarlo. “Ahí sentí que no estaba solo. En esa tribuna estaban mi viejo, mi hermano y todo mi barrio metidos adentro de la bandera de Allen”, enfatizó.


Le hubiese encantado poder llevar a su familia para compartir la experiencia, pero “la academia da prestigio, no plata”. Maximiliano trabaja en la Universidad de Clemson, en Carolina del Sur. Desde allí vio el partido de Argentina contra Austria y también lo va a ver esta noche. Sí viajará a Miami con la ilusión de ver a la selección en los 16avos si “da el bolsillo”. Indicó que las entradas superan los 3.000 dólares y “el tarjetazo solo aguanta hasta casi los 1.000”.


“La FIFA había prometido precios accesibles y que solo la final iba a estar 1.600 dólares. No pasó nada de eso”, reprochó. Para el debut en Kansas tuvo que sacar la entrada con mucha anticipación, después de entrar en varios sorteos sin suerte, y terminó pagando 1.000 dólares con tarjeta, a lo que se suman vuelos, alojamiento y comida.


Maximiliano no viaja solo a los estadios. Lo acompaña un “mini Messi” tejido a crochet que se volvió cábala desde la Copa América. En aquel evento se hizo una amiga rosarina, fanática de Messi, con quien se volvió a encontrar por casualidad en el partido contra Argelia. “Ahora vamos a ir juntos a Miami y a Atlanta”, contó. A esa pequeña comunidad se le suman, partido a partido, otros latinoamericanos y algunos estadounidenses que se sorprenden con los cantos de la hinchada albiceleste.

Maxi lleva a su «mini Messi» a cada partido. (Foto: Gentileza).


En las calles se vive una fiesta. “El clima mundial se lo traemos nosotros”, aseguró Maximiliano y añadió: “Los gringos ya de por sí son fríos y, por ese lado, no había clima de Mundial. Es un país muy grande y no es su deporte principal, entonces el clima se lo damos todos los hinchas que venimos de alrededor del mundo con nuestras culturas, con nuestros cantos”. En las tribunas ve remeras argentinas mezcladas con banderas de México, Ecuador, Estados Unidos, Europa y África, casi todas con el mismo nombre en la espalda. “Hay muchísimo furor por Messi. Estadísticamente levantó el fútbol acá. Muchos creen hasta que tendría que jugar para Estados Unidos porque juega en Miami”, se rió.


El genetista observó una “pausa” frente a la creciente hostilidad antimigrante que se siente en Estados Unidos, promovida por el presidente Donald Trump. Aunque en Clemson Maximiliano se siente protegido dentro de “la burbuja multicultural” de la universidad, siempre que sale toma sus recaudos. “Sé que tengo que andar con el pasaporte, la visa y el permiso de trabajo encima”, describió. La recomendación se repite entre inmigrantes y turistas: papeles siempre a mano, incluso en tiempos de Mundial.


Para él, ver a Messi en vivo dentro de un estadio es la síntesis de un recorrido que empezó en el barrio Santa Catalina, en un monoblock de Allen, y siguió en las aulas de la universidad pública. “Yo soy licenciado en Genética por la Universidad Nacional de Misiones y doctor por la Universidad de Buenos Aires, donde me especialicé en ingeniería genética y bioinformática. Sin esas oportunidades no hubiese llegado a ningún lado”, enfatizó. Cada vez que algún estadounidense lo etiqueta como “tercermundista”, él responde con orgullo: “En mi país en desarrollo yo tuve salud gratis, educación gratis y un doctorado que no me costó un peso. Eso acá es privilegio de ricos”.


En diálogo desde Clemson, con ansias de viajar a Miami para ver a la Selección, se asombra de lo que está viviendo: “Si no fuera por la universidad pública, por las becas y por la ciencia argentina, yo no estaría en Estados Unidos, no sería doctor y, sobre todo, no estaría cumpliendo el sueño de ver un Mundial desde la tribuna”.

Lidia llegó al Mundial a los 64 años desde Centenario: «Hay que vivirlo»


Lidia Romano tiene 64 años, es docente jubilada, neuquina y vive en Centenario. Siempre miró fútbol por televisión, pero nunca había pisado una tribuna en un Mundial. Esta vez decidió que no se lo iba a perder. “Lo programé antes del sorteo, en noviembre de 2025”, contó. Armó todo con tiempo: le compró a un paquete a una empresa de Buenos Aires que incluía los traslados a los estadios y después resolvió por su cuenta los aéreos.

Lidia desde Estados Unidos. (Foto: Gentileza).


Su idea inicial incluía compañeros de viaje, aunque el plan cambió sobre la marcha. “Prefería venir en grupo, no pudo ser y bue… vine sola”, señaló. En Kansas se encontró con un grupo de hinchas en el primer partido de Argentina y también vio el segundo en Dallas. “Ver a la Selección en la cancha es una experiencia inolvidable, aparte lo que es la hinchada. Hay que vivirlo, es emocionante”, remarcó.


Afuera del estadio “todo es fiesta, cantos y más cantos, saltos y más saltos”. Las camisetas argentinas se multiplican y los hinchas de otros países buscan una casaca albiceleste para llevarse de recuerdo. “El mundo ama a Messi, es una locura. Ver a Messi es lo más. Quiero a la Argentina en la final”, se ilusionó. Ahora pelea por una entrada para el partido de la Selección de esta noche contra Jordania y luego viajará a Miami para los 16avos.

Lidia registra la fiesta del Mundial. (Foto: Gentileza).

«Esto es espectacular»: la experiencia de Hernan en el Mundial


Hernán e Ivana en el Mundial. (Foto: Gentileza).


Hernán Fiore también se encuentra viviendo su primer Mundial. Es de Roca, tiene 54 años, es dueño de una pizzería y viajó con su esposa, Ivana. “Vinimos a ver tres partidos, de los cuales nos queda uno”, explicó. Para organizar el viaje recurrió a una agencia local. “Compramos un paquete con entradas y hotel a Zeppelin, una agencia de viajes de Roca”, detalló.


La experiencia superó las expectativas que tenía antes de subir al avión. “Esto es espectacular, un clima excelente, la movida argentina es impresionante, una pasión única”, describió. En su caso, la cuenta regresiva ya empezó: el regreso está previsto para el 1 de julio. “Ojalá que llegue hasta la final, con Messi encendido como viene hasta ahora, ejemplo para los más jóvenes”, subrayó.

Así observaban el partido desde la tribuna. (Foto: Gentileza).

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