Quién es el científico de Conicet Patagonia que describió un nuevo dinosaurio en España y cómo lo logró

Desde un laboratorio en la Patagonia hasta un yacimiento en España, un científico del Conicet formó parte del equipo que describió una nueva especie de dinosaurio de 125 millones de años. El estudio suma evidencia para entender la evolución y distribución de estos animales en distintos continentes.

Por Natalia López

Paul-Emile Dieudonné, paleontólogo del CONICET en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN) y primer autor del trabajo. Foto gentileza.

No todos los dinosaurios fueron gigantes. Algunos medían apenas medio metro, corrían entre la vegetación y dejaban rastros tan frágiles que durante décadas podían pasar desapercibidos. Foskeia pelendonum fue uno de ellos: un pequeño herbívoro que vivió hace unos 125 millones de años en lo que hoy es el norte de España y que, tras más de diez años de investigación, terminó convirtiéndose en una nueva especie para la ciencia.

«Desde muy joven quise dedicarme a la paleontología de dinosaurios»: Paul-Emile Dieudonné


Detrás de ese hallazgo está Paul-Emile Dieudonné, paleontólogo del Conicet que hoy investiga desde la Patagonia, en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IPG, UNRN-Conicet), con sede en General Roca. Su recorrido personal y científico es tan internacional como la historia del fósil que estudió durante más de una década.

“Nací en Francia, tengo nacionalidad francesa y belga, y desde muy joven supe que quería dedicarme a la paleontología de dinosaurios”, cuenta. No era un camino sencillo: “En Francia, los proyectos de posgrado no se hacen sobre dinosaurios sino sobre mamíferos, y ese no era mi objetivo”.

A los 20 años decidió apostar a futuro y se fue a España mediante un programa de intercambio académico. Primero estudió Geología en el País Vasco y luego continuó su formación en Zaragoza. “Ir a España fue una apuesta pensando en el largo plazo”, resume. Más tarde regresó a Francia para completar un máster en Paleontología, con una idea clara: su carrera iba a estar ligada al estudio de dinosaurios.

2013, el inicio de un trabajo que no parecía prometedor


Ese rumbo se definió en 2013, cuando comenzó a trabajar con un material fósil pequeño y fragmentario conservado en el Museo de Salas de los Infantes, en la provincia de Burgos. El hallazgo había sido realizado años antes, pero su estudio recién empezaba a mostrar su potencial. “Era un material muy chico, muy incompleto, que al principio no parecía tan prometedor”, recuerda. Sin embargo, ese conjunto de huesos terminaría marcando su trayectoria científica.

El tamaño del animal planteaba una duda central: podía tratarse de un individuo juvenil de otra especie conocida. “Siempre existía la duda de si estábamos frente a un bebé”, explica. Además, muchos huesos estaban rotos y el esqueleto postcraneano no aportaba rasgos claros. Para describir una nueva especie, la paleontología exige identificar características únicas, y en este caso las pistas estaban casi todas concentradas en el cráneo.

Durante años, Dieudonné fue sumando evidencias. En 2016 publicó un trabajo clave que permitió definir un nuevo grupo de dinosaurios, los rhabdodontomorfos, que conectaban faunas de Europa y Australia durante el Cretácico Inferior. En 2020 analizó la dentición y comprobó que los dientes eran sorprendentemente afilados. En 2023 llegó el paso decisivo: el análisis histológico de los huesos.

“Los cortes histológicos permiten reconstruir el crecimiento del animal”, explica. A partir de láminas muy finas de hueso, el equipo pudo estudiar una serie de individuos, desde ejemplares muy jóvenes hasta uno subadulto. “Vimos que el crecimiento era muy rápido y que el animal probablemente tenía un metabolismo relativamente elevado”, señala. También observaron cambios en la postura: los más jóvenes caminaban en cuatro patas y, con el crecimiento, pasaban a una postura bípeda.

Un dato clave que permitió describir una nueva especie


El dato clave fue confirmar que el individuo más grande había alcanzado la madurez sexual. “Eso nos permitió descartar que estuviéramos describiendo una especie nueva a partir de la morfología de un bebé”, afirma. Recién entonces fue posible avanzar con la descripción formal de Foskeia pelendonum.

Para estudiar el cráneo, el equipo recurrió a tecnología de alta complejidad. Gracias a una beca internacional, pudieron realizar escaneos por microtomografía computada y reconstrucciones tridimensionales. “Es un trabajo largo y técnico, pero esencial cuando se trata de fósiles tan pequeños”, explica. El resultado fue revelador: un cráneo único dentro de los ornitópodos conocidos de ese tamaño.

El hallazgo no solo suma una nueva especie al árbol evolutivo, sino que también refuerza una hipótesis clave sobre la historia del planeta. Foskeia está emparentado con Muttaburrasaurus, un dinosaurio de gran tamaño hallado en Australia. “Esto confirma la existencia de un puente geográfico entre el hemisferio sur y el hemisferio norte a través del Tethys (actual mar Mediterráneo) durante el Cretácico Inferior”, explica el científico, una conexión favorecida por descensos temporales del nivel del mar.

En Argentina, los grandes descubrimientos de dinosaurios suelen asociarse a la Patagonia. Pero para Dieudonné, pensar que Europa está completamente explorada es un error. “Es más un preconcepto”, advierte. “Si uno compara la intensidad de búsqueda con los resultados, Europa sigue estando pobremente muestreada, en gran parte por falta de financiamiento”.

Además, recuerda un dato clave: solo alrededor del 1% de los dinosaurios que existieron llegaron a preservarse en la roca, y de ese porcentaje apenas se recupera una fracción mínima. “La mayoría son animales grandes. Los dinosaurios pequeños son mucho más difíciles de preservar y todavía tienen muchísimo para darnos”, concluye.


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