Un refugio, un abrazo y presencia: así entiende la paternidad Jorge «Turco» Manrique

"Siempre voy a estar acá para vos", le dijo su padre cuando abandonó su ciudad natal para irse a estudiar. La frase marcó la relación de este barilochense con sus hijas.

Jorge, junto a Julieta y Micaela. Foto: gentileza

«La paternidad se ejerce desde la presencia, no desde la perfección. Es una construcción diaria. Un aprender constante, equivocarse, pedir perdón cuando hace falta y estar disponible en cualquier momento«. Así define el barilochense Jorge «Turco» Manrique a la paternidad. O al menos, su paternidad con Julieta, de 22 años, y Micaela, de 26 años.

Pequeños momentos, charlas constantes, miradas de orgullo, abrazos inesperados, un café, un mate, un desayuno por la mañana, una caminata o una maratón de series. Ya sea acompañar a la distancia en algún examen universitario, o concurrir a alguna presentación de comedia musical, las actividades de sus hijas. Estar permanentemente.

«Los hijos no necesitan héroes a su lado, simplemente necesitan testigos de sus logros, sus errores, sus decisiones. Testigos de su propia vida. Uno está ahí para verlos crecer, aprender, caer, levantarse. Todo eso lo vieron en mí aunque siempre tuve el objetivo de mirar para adelante. Mi frase de cabecera es que, tarde o temprano, la fruta no cae muy lejos del árbol», evalúa Jorge «Turco» Manrique, de Bariloche.

Nació en Dean Funes, en el noroeste de Córdoba y desde hace 34 años vive en Bariloche donde es camarógrafo de un canal de televisión y realiza documentales. Se define como alguien que nació en el seno de «una familia muy sencilla, con padres muy presentes en una época donde quizás no existía mucho el diálogo de los padres hacia los hijos«. Sin embargo, considera, jamás faltó amor en su familia.

«Me fui de casa muy joven a estudiar y nunca voy a olvidar el impulso de mi viejo cuando me dijo: ‘Si vos salís por esa puerta, pase lo que pase, si yo estoy vivo, siempre voy a estar acá para vos’. Esa frase me quedó para toda la vida», comenta.

No terminó la carrera de ingeniería en Sistemas porque decidió radicarse en el sur del país. No se arrepiente. El haber trabajado como operador de una radio en Córdoba le permitió abrirse camino en discotecas y con el segmento del turismo estudiantil en la ciudad cordillerana. «Siempre me gustó registrar imágenes, documentar y de una manera autodidacta, me autopercibo como realizador audiovisual y actualmente es lo que hago», expresa risueño.

El sueño de ser padre

Soñó con ser padre antes de los 30, aunque con 26, no tenía siquiera «novia estable». «Por esas cosas de la vida se cruzó en mi vida una rosarina y a los 29 años, tuve la suerte de ser papá. Cuando me enteré de que Caro estaba embarazada, me senté en el cordón de la vereda y me juré que a ese ser que venía en camino nunca le iba a faltar amor. Y se multiplicó por dos cuando nació Juli«, cuenta.

Micaela hoy tiene 26 años. Foto: gentileza

Allá por 2007, Jorge se vio atravesado por la separación de su pareja, un accidente automovilístico, la inundación de una vivienda y la pérdida de su trabajo a raíz de la erupción del volcán Cordón Caulle Puyehue en 2011. «Cuando me separé, Mica tenía 7 años y Juli, 3. En ese momento, no teníamos suficiente diálogo con la mamá para resolver las cosas de otra manera. Un día le dije a la abogada que las leyes no me iban a decir qué día yo podía ver a mis hijas y que ellas iban a verme cuando tuvieran ganas. Eligieron quedarse con papá y eso -perdón por mi observación de varón-, me hizo sentir orgulloso. Supe que estaba haciendo las cosas bien«, confiesa.

Julieta, de 22 años. Foto: gentileza

Siete años después, restableció el diálogo con la madre de sus hijas y mejoró el vínculo al punto que el hijo más pequeño de la mujer lo llama a «papá Yu» (por Julieta, su hermana). «Nos llevamos de maravilla. Somos una familia ensamblada al 100%, almorzamos juntos, compartimos fiestas y los crecimientos de nuestros hijos. Hay amor genuino y una mentalidad sana«, dice.

Hoy, Julieta Manrique está a un paso de recibirse como contadora pública en Buenos Aires. En tanto, Micaela ser inscribió en la carrera de Comunicación en Rosario, pero durante la pandemia decidió regresar a Bariloche y desarrollar su veta artística. Desde chica tomaba clases de comedia musical y hasta había dado clases. Tiempo atrás, abrió su propia escuela en la ciudad.

Con los años entendí que ser papá no es ser un guía de la vida para mis hijas, sino caminar al lado de ellas mientras van descubriendo su propia vida»,

Jorge «Turco» Manrique, 56 años.

Un refugio

¿Qué significa ser padre? Este barilochense lo entiende como «un refugio, un abrazo, un lugar emocional y seguro al que sé que mis hijas siempre van a poder volver y consultar para cobijarse o para regresar«.

Educar no es retener, plantea, sino preparar a los hijos «para que vuelen solos». En este sentido, considera que al vivir «en tiempos tan vertiginosos, corriendo atrás del tiempo, un día te das cuenta que tus hijos crecieron«. «No sabés en qué momento pasaron esos años. En el mientras tanto, uno estuvo ocupado, tratando de resolver sus propios problemas. Por eso, creo que estar presente y acompañar es el mejor regalo que le podemos dar a los hijos. El tiempo es inexorable, no regresa y los abrazos que no se dieron en su momento o los que quedaron pendientes no se recuperan más», señala.

Si tuviera que decirle algo a los papás jóvenes, les diría que no se desesperen por darle todo a sus hijos. No es por ahí: denle tiempo, escúchenlos, acompáñenlos, abrácenlos, equivoquénse y pidan perdón si hace falta»,

Jorge «Turco» Manrique, 56 años.

Insiste en que no hay un guión respecto a cómo ser papá, ni un modelo a seguir. Lo único que quiero es que el día de mañana, mis hijas me recuerden por cómo las hice sentir. La verdadera herencia es la huella emocional», concluye.



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