El museo de Bariloche que pone el foco en los viajeros

Francisco Ponzinibbio ideó este espacio en el interior de una réplica del histórico hotel San Carlos. Exhibe una colección de cámaras fotográficas, imágenes y objetos que formaban parte de los viajes de personas comunes.

Cuando Francisco comenzó a indagar en la historia familiar, a reencontrarse con viejas fotografías en sepia, artículos de viaje, cuadernos, máquinas fotográficas, no pensó que esa punta del ovillo que empezó a desmadejar años atrás se convertiría en el Museo de los Viajeros que hoy alberga la réplica de un antiguo hotel de Bariloche.

Desde la sala amplia de la planta superior del coqueto edificio, que recrea lo que fue el viejo Hotel San Carlos donde su tatarabuelo Melitón Zabala se alojó en 1915, con unas 11.000 tejuelas que simulan las originales de alerce, se puede ver el paso del Tren Patagónico. El sonido de la bocina, que se expande por los efectos del intenso viento que sopla afuera, le imprime una nostalgia particular al museo que reúne artículos de viajeros que recorrieron rincones inhóspitos décadas atrás y muchos que llegaron y se vincularon con Bariloche, formando parte de la historia de gente común que forjó la identidad de la ciudad y del país.

La historia no la hicieron solo los próceres, la fueron formando personas comunes”, dice convencido Francisco Ponzinibbio, el creador del Museo de los Viajeros que reúne una colección impresionante de máquinas fotográficas de todas las épocas y elementos que llevaban los viajeros para sus aventuras.

La colección de cámaras fotográficas que datan de 100 años, forman parte del atractivo principal del museo. Foto: Chino Leiva

En la sala principal del museo, en la planta baja del edificio, se exhiben fotografías en sepia de los antepasados de Francisco -entre los que hay condes, diplomáticos, inmigrantes, fabricantes de licores y caramelos- y una línea de tiempo vincula la historia de Bariloche con los hitos del mundo y con el avance de la fotografía.

El objetivo final es guardar las historias de gente que en algún momento viajó. Queremos que esas historias de gente común no se pierdan”, dijo Francisco que cuenta con una aplicación desarrollada especialmente para el museo, para vincular objetos exhibidos con historias individuales que se van conectando entre sí por algún punto en común. Pero el trabajo es arduo y se necesita tiempo y dedicación.

El museo tiene un observador de fotos estereoscópicas para viajar en el tiempo de la fotografía. Foto: Chino Leiva

Mientras tanto, Francisco y su esposa, Carolina Renolfi, alimentan a diario este sueño que se convirtió en un museo privado de puertas abiertas a grupos, escuelas y personas interesadas en conocer cómo eran los viajes de antaño, que emplazaron en el terreno contiguo a su casa y a su fábrica de conservas y dulces, en la zona este de Bariloche, entre las vías del ferrocarril y el lago Nahuel Huapi.


El origen de todo


Francisco es ingeniero agrónomo y en 1996 comenzó a gestar su emprendimiento de verduras frescas y congeladas, que luego derivó en conservas y mermeladas, con las marcas Valle Verde y Don Melitón. El crecimiento de la fábrica fue paulatino, pero ante un bajón de la comercialización en 2012, comenzó a pensar en contar un local propio para la venta.

El museo está emplazado en una réplica del antiguo hotel San Carlos, que estaba en el centro de Bariloche. Foto: Chino Leiva

“Empezamos a buscar qué hacer y dijimos por qué no ver algo diferente y surgió la idea de reconstruir alguna de las casas antiguas de Bariloche”, recordó el creador del museo que se puso en contacto con su amigo Federico Silin, a cargo del Archivo Visual Patagónico y amplio conocedor de la historia de Bariloche.

Lo que siguió se fue dando casi naturalmente. “Teníamos varias casas en mente y de repente apareció el hotel San Carlos y atando cabos, estábamos investigando por otro lado el tema de mi tatarabuelo (Melitón Zabala) y su viaje en 1915, coincidió que en ese momento había solo dos hoteles, el Perito Moreno y el San Carlos, donde se alojó”.

Una vez elegida la construcción que se iba a replicar, en 2013 Francisco se puso manos a la obra con el personal de la fábrica para recrear el hotel San Carlos (que hasta la década de 1980 estuvo en un terreno interno en Moreno y Villegas, en pleno centro) en base a las imágenes del exterior de fotografías antiguas que conserva Silin en su archivo.

La colección de cámaras fotográficas parte de 1870 y llegan hasta la última cámara mecánica manual de Nikon. Foto: Chino Leiva

“La idea era que el edificio sirva para muchas cosas, que sea funcional y lo más versátil posible”, señaló Francisco que readaptó la premisa original. “Se construyó como local y después fuimos reuniendo cosas de nuestras familias y lo fuimos llevando para el lado de mostrar las cosas, teníamos mucha cosas de gente que aportaba a medida que conocía la idea y ahí empezamos a pensar en hacer el museo y cuál sería el objetivo, concluimos que tanto mis antepasados como los de Carolina son inmigrantes, este era un lugar donde no había gente prácticamente, son casi toda gente que vino viajando de alguna manera y así lo llamamos Museo de los Viajeros por lo que viajan de vacaciones, los que vienen paseando, los que vienen a quedarse, los que se escaparon de algún lado, los que vinieron por hambre y demás, son toda gente que viajó”.


La colección, cámaras fotográficas y objetos históricos



El Museo de los Viajeros tiene una basta colección de cámaras fotográficas e imágenes de la propia historia familiar, incluso una de las cámaras perteneció al tatarabuelo Melitón. También hay artículos heredados, donaciones, cámaras a préstamo y grandes lotes de fotografías históricas que Francisco adquirió como parte de su hobby.

Francisco Ponzinibbio le dio forma al Museo de los Viajeros con su colección particular. Foto: Chino Leiva

Así hay fotos estereoscópicas sobre vidrio, imágenes del primer aniversario de la Primera Guerra Mundial, en 1919, una foto de 1909 del monumento al General José de San Martín a punto de ser descubierto en Boulogne Sur Mer, Francia, donde murió el libertador y muchas tomas de Bariloche a partir de la década del ’30 que muestra entre otras cosas, la construcción del hotel Llao Llao con los troncos apilados en la bahía de lo que hoy es Puerto Pañuelo; la original iglesia Inmaculada del centro de la ciudad, el hito fronterizo de Puerto Blest y un ciprés histórico que se encontraba en la calle Moreno.

Al pie de las fotografías y las cámaras se marcan tres líneas de tiempo con la historia de Bariloche, la evolución de la fotografía y los hitos mundiales.

La historia de las cámaras fotográficas se puede encontrar en el Museo de los Viajeros, en Bariloche. Foto: Chino Leiva

En otro sector del salón, se describe cómo se gestaba un viaje en las primeras décadas del 1900, con un escritorio antiguo del 1600 sobre el que posa un mapa, una guía de viaje, y también hay una maleta de cartón, que se utilizaba en aquellos largos viajes en barco, y vestimenta de etiqueta que los viajeros llevaban para los eventos.

A pesar de tanta historia en un mismo lugar, rica en anécdotas, Francisco cuenta con gracia que entre los niños de escuelas que visitan el museo la mayor atracción está en una cámara que es similar a la que usa Harry Potter y también una polaroid que asocian al ícono de Instagram.

El Museo de los Viajeros está en la calle Modesta Victoria 3566. Para visitarlo se debe coordinar previamente museodelosviajeros@gmail.com.

La réplica del hotel San Carlos tienen 11.000 tejuelas similares a las originales, que eran de ciprés. está en la zona este de Bariloche. Foto: Chino Leiva

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