Temporal y planificación en las ciudades del Alto Valle

El fuerte temporal que esta semana azotó al Alto Valle reveló la escasa preparación de la mayoría de las ciudades para las intensas lluvias de otoño que, según los científicos, podrían ser cada vez más frecuentes en la región, lo que obligará a las autoridades a redoblar esfuerzos por mejorar la planificación e infraestructura existente.

El fenómeno meteorológico ocurrido en el norte de la Patagonia el lunes y martes hizo que en apenas 48 horas se acumularan más de 100 milímetros de precipitaciones en varios puntos de la zona comprendida entre la confluencia neuquina y la ciudad de Roca, en Río Negro.

Sin bien estas son situaciones excepcionales que no pueden controlarse, la falta de infraestructura, la pobreza y el caótico desarrollo de las ciudades no son fenómenos naturales

A pesar de que el temporal se desarrolló según el modelo previsto horas antes por los servicios meteorológicos, generó importantes daños y múltiples trastornos por el anegamiento de calles, viviendas particulares, edificios públicos y el corte de dos rutas nacionales: la 151 entre Barda del Medio y Catriel y la 23 por un nuevo desborde del arroyo Nahuel Niyeu.

Calles que parecían ríos, techos llovidos, familias evacuadas, cortes de luz por la caída de rayos o postes y cuadrillas intentando limpiar de urgencia alcantarillas o reforzar defensas, fueron postales difundidas por vecinos en las redes. Las imágenes de los empleados de los hospitales neuquinos Castro Rendón y Bouquet Roldán intentando evacuar el agua que ingresaba a los edificios fueron bien gráficas de la crisis de la salud.

En Neuquén, el Arroyo Durán volvió a ser insuficiente para recibir toda el agua caída y afectó especialmente al barrio Villa María. Sólo entre Roca y Cipolletti las autoridades debieron asistir a unas 800 personas, mientras que entre Neuquén y Plottier se registraron más de 200 pedidos de ayuda por la emergencia. En Cipolletti se debió evacuar a unas 15 familias por la destrucción de sus hogares. Varios días después, cientos de pobladores siguen afectados por socavones y anegamientos de calles y viviendas y muchas escuelas permanecen cerradas por los desperfectos.

Si bien lo repentino e intenso de las lluvias (cayó en un día lo que suele precipitar en un mes) puede justificar la emergencia, la infraestructura de nuestras ciudades sigue en deuda. Algunas de las obras pluviales realizadas no funcionaron como debieran, otras están sin terminar y muchas siguen en proyecto. Como siempre, quienes más sufrieron las consecuencias fueron los habitantes de las zonas más pobres, en tomas a la vera de cursos de agua o en zonas inundables.

El desordenado y poco planificado crecimiento de nuestras ciudades, ubicadas históricamente en las zonas bajas del Valle, ha generado la ocupación caótica de espacios rurales y terrenos de barda no aptos para el asentamiento humano, dado que están en zonas de habituales desprendimientos y crecidas ocasionados por las lluvias intensas y de corta duración. El aumento de construcciones ha impactado fuertemente en la escorrentía y volvió insuficientes las obras de defensa en varias ciudades. Las urbanizaciones han avanzado sobre la zona de chacras, obturando en ocasiones desagües y acequias. La multiplicación de asentamientos irregulares sin planificación de sus calles y distribución de viviendas precarias, también revela su peor costado en estas ocasiones.

Como señaló un reciente informe del INTA, los fenómenos intensos de lluvia y granizo están siendo cada vez más habituales en otoño. Algo no muy diferente de lo que ocurre en el resto del planeta, donde debido al cambio climático se registran más fenómenos extremos de sequías, vientos o inundaciones.

Sin bien estas son situaciones excepcionales que no pueden controlarse, la falta de infraestructura, la pobreza y el caótico desarrollo de las ciudades no son fenómenos naturales. Se hace urgente una planificación urbana que contemple la dinámica hídrica de la zona, realice una adecuación de las obras existentes en los sectores más vulnerables, y se coordine un manejo integral de la cuenca para el desarrollo sustentable de nuestras comunidades.


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