Titanic
Roca
Era de noche en el Atlántico norte. El Titanic navegaba orgulloso por el ancho mar. Pero, pasada la medianoche, rozó un pesado y afilado iceberg. El enorme y peligroso bloque de hielo, arrastrado por las corrientes marinas por años, abrió una larga brecha en el costado del Titanic, bajo la línea de flotación, y el agua empezó a entrar en el navío innaufragable.
El capitán, todavía confiado, mandó cerrar algunas compuerta en el interior del barco para confinar el agua en ese sector. Mientras, los pasajeros terminaban de cenar y bailaban valses en los comedores de las distintas clases.
El capitán y la tripulación infravaloraron el daño y los pasajeros no fueron alertados. No intuyeron la magnitud del peligro y siguieron bailando y conversando, disfrutando de su buena vida. Ellos se comportaban así, naturalmente, sin percatarse, inconscientes, dormidos, mareados, divertidos por la música de todos los días del viaje.
Nadie en el mundo esperaba eso. Pero la tragedia sucedió. Titanic se hundió y hubo muchas víctimas, más de las inevitables, porque todos sobrevaloraban inconscientemente la potencia y la seguridad de la nave. En realidad, navegaban en la inconsciencia.
Un sentido de la realidad falso los embaucó. Un impostor tramposo les hizo creer una fábula.
Moraleja: Argentina, sienta cabeza.
Alberto Félix Suertegaray
DNI 14.169.481