Todas las pruebas del asesinato de Espeche
Se determinó que la mujer lo atacó con gas pimienta.
ROCA.- En más de 40 carillas fundamentaron los jueces la condena de prisión perpetua que impusieron el jueves pasado a la cuidadora de ancianos Noemí Peralta por el brutal asesinato del jubilado Edmundo Espeche. Consideraron “altamente probable” que el móvil del crimen haya sido el robo, porque “Espeche tenía dinero y Peralta, necesidades económicas” y dieron por acreditada la agravante de la alevosía en que la víctima tenía 87 años, padecía Parkinson y presentaba un estado físico “deficitario” a causa de esa enfermedad. Y que esas circunstancias fueron “aprovechadas” por la autora, al igual que “la relación de confianza que la unía a su víctima”. “Mató a traición doble, por su minusvalía e inutilizándolo con gas pimienta”, sostuvo el fallo de los jueces María Evelina García Balduini (voto rector), Oscar Gatti y Gastón Martín. Uno de los testimonios que más peso tuvieron en la sentencia fue el de Alejandra, una amiga de la acusada que escuchó de la propia Peralta la confesión del asesinato. “Contó que no había cómplice, que le tiró aerosol y lo lastimó con el cuchillo (…) y que no estaba arrepentida, que le clavó el cuchillo varias veces para que estuviera bien muerto”. Esa mujer también relató en el juicio que “cuando fue el hecho Peralta no tenía trabajo y tenía cuentas por pagar con las tarjetas”. Y arrojó un indicio más: que “en la semana del hecho Peralta me fue a pagar 50 pesos que me debía”. “Lo único que me salvaría es casarme con alguien con plata”, solía decirle Peralta a esa amiga, a quien también le anticipó que “le iba a pedir un préstamo a Espeche o le iba a pedir más plata” por los servicios sexuales que le brindaba. Otro que escuchó la confesión fue el yerno de Peralta, un policía de apellido Giménez quien de inmediato se lo transmitió a su oficial a cargo. Recordó que esa dramática conversación alrededor de la mesa de la cocina fue a la mañana siguiente del allanamiento en el que la Policía había secuestrado las zapatillas cuyas suelas habían quedado marcadas en la sangre del piso de la habitación de Espeche. Ese día también secuestraron una camisa, sábanas, perfumes y hasta un adorno que la mujer había sustraído de la casa del jubilado. Ante su hija, su yerno y luego su marido, la mujer confesó “que lo había matado ella porque el viejito se había querido propasar”. Tan segura estaba ese día de que sería detenida que “había preparado todos sus bolsos porque sabía que la iban a ir a buscar”, declaró el yerno. Pero antes de confesar ante su familia, Peralta llamó por teléfono al fiscal Ricardo Romero y le dijo que “habiéndolo pensado bien decidió ponerse a su disposición y que le diría la verdad”, dice la sentencia. Esa conversación quedó grabada y según dice el fallo, también refleja “la conmoción familiar por lo sucedido”. Entre las demás evidencias valoradas por los jueces surge de la sentencia una llamada telefónica desde la casa de Espeche al número de Peralta, “probablemente para concretar un encuentro sexual esa noche”, consideró la cámara. También hubo un llamado anónimo que la comprometió ante los investigadores, resultados positivos de algunos rastros papiloscópicos y hasta imágenes –aunque no concluyentes, por la poca relevancia que se les dio en la sentencia– de una cámara de seguridad ubicada cerca del edificio de la víctima. “Es indudable que Peralta puso en marcha con su accionar innumerables condiciones a los fines de dar muerte a Espeche. La primera de ellas fue la posesión del gas pimienta que luego usara para inutilizar a la víctima y, de ese modo, por demás propicio para lograr su objetivo, finalmente asestarle las 49 puñaladas para darle muerte”, concluye el fallo. (Redacción Central)
Los jueces de la Cámara Segunda que condenaron a Peralta consideraron “altamente probable” que el móvil del crimen haya sido el robo.
Caso Edmundo Espeche