Todo comenzó con una protesta para denunciar la precarización laboral
CRIMEN DEL MILITANTE DEL PO
Una bala en el pecho terminó con la vida de Mariano Ferreyra en la mañana del 20 de octubre de 2010, cuando el militante del Partido Obrero había ido junto a compañeros de su fuerza política a intentar cortar las vías para reclamar por la incorporación a planta permanente de empleados tercerizados de la línea Roca.
Cerca de las 9.30, los manifestantes comenzaron a reunirse en el local que el PO tiene en Avellaneda, en la calle Lebensohn al 500, mientras un grupo de empleados ferroviarios empezó a llegar a los andenes y los miraban desde un terraplén.
Los manifestantes estuvieron discutiendo y decidieron intentar cortar las vías, pero equivocaron el camino, chocaron con una arteria sin salida y tomaron por la calle Bosch, mientras eran escoltados por agentes de la Policía Bonaerense y vigilados por los ferroviarios.
A pocos metros de haber cruzado el puente Bosch que une Avellaneda con Barracas, una parte de los manifestantes quiso subir a las vías y les tiraron piedras desde el terraplén.
Los integrantes del PO y los tercerizados se replegaron a unos 200 metros, por la calle Luján, donde mantuvieron una asamblea para decidir qué harían; durante el tiempo que tardaron, más ferroviarios fueron llegando y también agentes de la comisaría 30 de la Policía Federal.
No está claro qué detonó la decisión, pero en determinado momento un grupo de los ferroviarios descendió del terraplén y se abalanzó sobre los manifestantes, bajo la mirada pasiva de los policías y mientras se evitaba que una periodista y un camarógrafo de C5N registraran la embestida.
Todos comenzaron a correr para escapar y alguien notó que Mariano se tomaba el pecho y caía al piso, en la esquina de Perdriel y Luján.
“Pasaron por entre medio de los patrulleros. Vi mirando la escena caminando marcha atrás. Asombrado. Se formó un cordón de entre 20 ó 30 trabajadores para frenar a esta gente y que pudieran irse las mujeres y los chicos. Pero de pronto hubo un silencio y lo único que se escuchaban eran vidrios rotos, palos y por ahí algún grito. Escuché explosiones y vi gente forcejeando”, contó en el juicio oral el abogado laboralista Gustavo Mendieta.
“Ahí lo veo a Mariano que se acerca a una esquina agarrándose el pecho. Pensé que estaba cansado, agotado de correr. Se apoyó en una pared y quedó recostado. Unas mujeres le daban aire y me acerqué. No creí que fuera nada grave. Las mujeres me dijeron que tenía un ataque de nervios, así que yo le decía ‘tranquilo que ya nos vamos’. Me dijeron que era un ataque de epilepsia, pero le revisé la lengua y estaba sobre los dientes. Vi un agujerito en la remera, chiquito como el agujero que deja una birome BIC. Le levanté la remera y vi el agujero de bala que no sangraba”, afirmó.
María Villalba, una de las mujeres que estaba ahí, también contó: “Mariano tenía una pierna arrollada, otra estaba estirada, se había hecho pis, traté de bajarle la cabeza, pero él no hablaba. Tenía los ojos abiertos, grandes, y no tenía fuerza”.
Llamaron al 911 pidiendo una ambulancia y ayuda policial pero no llegaba. Por el lugar pasaba una ambulancia para otro lado y fue interceptada por los trabajadores tercerizados que cargaron allí Elsa Rodríguez, herida en la movilización, y también a Mariano, quien falleció momentos después.
DyN