Todos procesados por crimen del sereno en Viedma
Son dos varones de 21 años y una chica de 17. Les imputaron “homicidio en ocasión de robo”. Los primeros quedaron detenidos. Los delataron sus acusaciones mutuas al ser detenidos.
JUDICIALES
VIEDMA (AV).- Por “homicidio en ocasión de robo” fueron procesados dos jóvenes de 21 años y una chica de 17, presuntos coautores del reciente asesinato de Ángel Ceferino Ríos, de unos 30 años, empleado de un lavadero de autos de esta capital.
El juez penal de Viedma Guillermo Bustamante ordenó además la prisión preventiva para los dos varones, cuyos apellidos son Pérez y Juárez, así como la externación de la joven, quien quedó bajo la responsabilidad de su madre previa imposición de algunas reglas de conducta que deberá cumplir para poder permanecer en libertad.
La fría mañana del 26 de junio pasado a Ángel Ríos le quedaban unos minutos para retirarse del lavadero de autos ubicado en la intersección de Hipólito Buchar y Tierra del Fuego, en inmediaciones del barrio Guido y de un conocido hipermercado. Había trabajado toda la noche y esperaba su relevo a las seis.
Según reconstruyó la Justicia sobre la base de los testimonios recibidos y pericias realizadas, cerca de las 5:50 de aquella madrugada los dos varones habrían intentado robar la recaudación del lavadero al que habían arribado a bordo de un Ford Ka blanco, luego de merodear por el lugar. Habrían estacionado en las inmediaciones y descendido los dos, uno de ellos con un arma de fuego tipo carabina. En tanto que la menor de edad habría quedado al volante. En el comercio habrían abordado a la víctima, quien alcanzó a gritar “zafá de acá”, en un intento por frenar el asalto. En ese momento uno de los asaltantes, presuntamente Pérez, habría abierto la puerta del sector de compras de fichas y le habría disparado a Ríos a corta distancia.
Si bien los tres se mantuvieron en silencio ante el juez, Bustamante tomó en cuenta las manifestaciones y conductas espontáneas de los imputados al ser detenidos, momentos después del hecho.
Lo primero que ubicó la Policía en la calle Neuquén al 300 del barrio Santa Clara, a pocas cuadras del lavadero, fue el auto que aún tenía el motor caliente. Al advertir la presencia de los uniformados alrededor del Ka uno de los jóvenes preguntó qué pasaba, identificándose como el propietario pero advirtiendo que se lo había prestado al otro muchacho que vive en el barrio Don Bosco y aclarando que no había hecho nada. Eso bastó para su detención. Poco después se entregó en el mismo domicilio que el anterior el otro joven, aclarando que no tenía “nada que ver” y que sólo había acompañado al primero, que fue “el que se mandó la cagada”. Bustamante consideró válidas como prueba esas manifestaciones porque fueron espontáneas y no surgieron de preguntas policiales.
Posteriormente la chica también fue demorada y trasladada a un centro de menores.
El juez también tuvo en cuenta para resolver la requisa realizada en el auto, donde se halló un arma de fuego que habría sido la utilizada y una caja con municiones.
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