«Tradiciones chilenas» que sentaron raíces en Roca

Miguel y Olga son un matrimonio chileno que hace más de 30 años representan a su colectividad, en Roca. El fin de semana se celebró el 18 de septiembre y cuentan su historia de inmigrantes.





Los ecos de libertad que resonaron de un lado y al otro de la Cordillera de los Andes en 1810, no crearon las mismas oportunidades para todos. Al menos no fue el caso de Miguel Parra y su esposa Olga Castillo, quienes debieron transitar un duro caminar hasta encontrar donde echar raíces en busca de una mejor vida.

Miguel y Olga llegaron desde Chile a fines de los 80, cuando el país transandino atravesaba la recta final de la dictadura de Augusto Pinochet y uno de los momentos de mayor dificultad económica. Hoy más de 30 años después trabajan en un reconocido local céntrico y son los mayores representantes en la ciudad de la colectividad.

En 2002 crearon el grupo “Tradiciones Chilenas”, que se dedica a difundir las costumbres al ritmo del baile folclórico. En el camino lograron con sus esfuerzos revalorizar la cueca y despojarla del halo de descontaron y desborde. Con sus giros y sus tradicionales trajes de huasos recorrieron el Valle, Buenos Aires, Mar del Plata y otras zonas del país.

“Te nace el patriotismo. Si sos patriota en tu tierra, imaginate estando afuera”, mencionó Parra en referencia a su necesidad de hacer visibles sus más sentidas costumbres.

El hombre llegó al país interesado por los aires de bonanza que respiraba la Argentina de finales de siglo. Fue llamado por una panadería roquense para desempeñarse como maestro panadero, especializado en la producción de las denominadas “esponjitas”. Lamentablemente la ilusión inicial duró poco.

Pese al cierre repentino de su flamante puesto de trabajo decidió quedarse en tierras norpatagónicas. La sentencia fue economía pura, pero también se debió al cariño y empatía de los argentinos. “Me gustó la gente y su trato. Cuando uno esta afuera tenés otra imagen de Argentina. Allá sentías que te miran por arriba y acá te das cuenta que la gente es solidaria, amigable”, enfatizó.

La rivalidad de nuestro país con el vecino transandino despertó históricamente comentarios de los más diversos, con fuertes componentes xenófobos. Incluso en los momentos de mayor tensión fronteriza la pareja nunca sufrió comentarios peyorativos por su origen. Aunque quizás el mayor escollo se da por el tema Malvinas.

“No fue el pueblo chileno, fue el dictador Augusto Pinochet Ugarte, con apellido y nombre. Eso me da pena porque nosotros somos vecinos”, reconoció Parra. El sentimiento es tajante, los pueblos de esta parte del cono sur son hermanos. Y los responsables de enermistarlos, según Miguel, fueron los gobiernos dictatoriales de aquella época.

P- ¿Cómo fue tu vida en el Chile de la dictadura?

R- Yo soy de Concepción y el mayor de siete hermanos. Desde chiquito trabajé porque no teníamos para comer. Mi papá era pescador artesanal y salíamos con mi mamá a vender el pescado. Durante la dictadura no te dejaban vender, te requisaban, le echaban lavandina al pescado para que no vendieras. Fue una vida muy sacrificada. Vivíamos cerca del mar y en invierno estábamos a pie pelado buscando carbón natural, porque en Chile no hay gas ni leña.

“Me tendrían que echar para irme porque nos queremos nacionalizar. Amo mi país, pero paseas cinco días y te querés volver. Extrañas la gente de acá”, destacó Olga. La mujer que llegó con 18 años recién cumplidos, tiene un lazo de especial aprecio a esta tierra. Algo que la motivó a iniciar los trámites de nacionalización.

El matrimonio se conoció en las tan típicas ramadas. Ambos conocían el bello y romántico arte de la cueca, lo que les permitió diferenciarse del resto. “La gente no sabía bailar, creían que era puro salto y mover el pañuelo. Lo asociaban a la borrachera y la pelea”, comentó la pareja.

El amor y sus costumbres hicieron de la pareja los máximos referentes zonales de la colectividad, algo que trasmitieron a su descendencia. Eso llevó en 2014 a que Iván, uno de sus hijos, se consagrara como campeón mundial de cueca. El premio fue otorgado por la Confederación de folklor chileno en el exterior (CofoChilex).

“Cómo no te vas a enamorar de un país como este”, recalcó Olga. Ella junto a su esposo son agradecidos por las oportunidades que le brindó el país, aunque no es excusa para continuar engalanando a la región con el ritmo de la danza y la costumbre.


18 de septiembre: el gran festejo nacional


La emotividad y la añoranza cobran especial sensibilidad en las fechas patrias, momento en que el pueblo renueva su identidad. Eso es lo que ocurre cada 18 de septiembre para el pueblo chileno.

Ese día hace 211 años, nuestro vecino aún perteneciente a los dominios del imperio español – al igual que buena parte de América del Sur-, comenzó su proceso de soberanía.

Cuando el reloj marcó las 9 de la mañana, más de 400 hombres y mujeres de la alta sociedad trasandina se convirtieron en testigos del primer Cabildo abierto de Santiago. Al igual que en Argentina, los aires de independencia que se respiraban por aquel entonces no dejaron indiferentes a nadie.

La futura República de Chile instauró en aquel hecho a su primer gobierno autónomo. Y aunque los participes le juraron lealtad al encarcelado rey Fernando VII, se lo consideró como el primer gesto de soberanía de Chile y el inicio de un proceso emancipatorio que duró hasta el 12 de febrero 1918, cuando el general Bernardo O’Higgins firmó la independencia.


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